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Vicky
Cristina Barcelona, de Woody Allen
Hay que tener cuidado con lo que se desea porque puede cumplirse.
Con cuarenta largometrajes como director a sus espaldas,
Woody Allen ha alcanzado un estatus privilegiado en el mundillo
cinematográfico. La crítica lo idolatra, un nutrido grupo
de espectadores espera sus películas como agua de mayo,
las instituciones culturales le halagan con las más altas
distinciones, los estudiosos desmenuzan su filmografía en
busca de sentido… y, a pesar de todo ello, sigue haciendo
largometrajes con total libertad. Cada año, el cineasta
de 73 años estrena un nuevo filme protagonizado por actores
de prestigio. Vicky Cristina Barcelona es el que
toca este año.
Dos guapas turistas estadounidenses (Scarlett Johansson
y Rebecca Hall) llegan a Barcelona para pasar el verano.
La aparición de un seductor pintor (Javier Bardem) provoca
el caos sentimental del trío. Para contribuir aún más a
los vaivenes amorosos aparece en escena María Elena (Penélope
Cruz), la conflictiva exnovia del artista. Esta premisa
sirve a Allen para construir una comedia sobre la irracionalidad,
valga la redundancia, de racionalizar los sentimientos.
Sin embargo, bajo su apariencia amable, Vicky Cristina
Barcelona esconde pesimistas reflexiones sobre la incapacidad
de ser feliz o el vértigo de la libertad.
El trabajo de los cuatro actores protagonistas certifica
que Allen sabe sacar el máximo partido a los actores. Bardem
y Cruz destacan sobremanera. Las discusiones en inglés y
en español entre ambos resultan magníficas. Eso sí, los
espectadores que opten por la versión doblada no disfrutarán
estos devaneos bilingües y probablemente no entiendan alguna
secuencia. Hay que recordar, además, que los dos actores
españoles han sido doblados por otras voces. Es lo que tiene
la globalización.
Vicky Cristina Barcelona posee una desequilibrada
estructura argumental. A pesar de ello, los geniales diálogos,
repletos de chispa, llevan al espectador en volandas hacia
la conclusión. El principal problema de este filme es su
director. Que la vida es injusta es un hecho. La crítica
y los cinéfilos esperan de los genios que estén siempre
a gran altura. De ahí que esta película no se analice en
su justa medida. Lo que para otro cineasta seria un gran
logro artístico, para el neoyorquino es el pan nuestro de
cada día. El mejor halago que se puede decir de Vicky
Cristina Barcelona es que está a la altura de su realizador.
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