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AGENDA DE LIBROS
ACTUALIZADO LOS MIÉRCOLES
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por
Antonio Cabañas
50 años
| "Los
libros deben ser leídos tan deliberada y reservadamente como fueron escritos"
Henry
David Thoreau |
Quiere
esta página ser testigo de lo que nos presentan los suplementos literarios de
los periódicos de mayor relevancia en el ámbito nacional,
El País, ABC, El Mundo y La
Vanguardia, y que el lector tenga una cita con lo más fresco del mercado
y con las perlas que contengan los aludidos suplementos. En el apartado Mesilla
de Noche se incluye el libro que en su día se escondió a mi juicio o atención,
o no gozó del interés de los suplementos literarios.
| | | | BABELIA
(EL PAÍS)
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| | Denis
Jonson. Árbol de humo. Mondadori.
25, 90 €
Esta
novela que ahora nos llega, 'Árbol de humo', fue la ganadora del National
Book Award del 2007. En Babelia, Marcos Giralt Torrente nos presentaba a su autor:
"un escritor casi secreto, de culto, conocido por unos pocos miles de lectores
entusiastas que, además de pacientes, pues Johnson es uno de esos escasos novelistas
que no dejan que la destructiva demanda de la industria editorial altere sus meticulosos
procesos creativos, no tenían, por lo demás, excesivos datos a los que anclar
su mitomanía. Se sabía que había nacido en 1949 en Munich (Alemania), algo raro
si se tiene en cuenta que toda su narrativa, al igual que su poesía, es medular,
ontológicamente norteamericana; se sabía que no vivía en una gran ciudad,
como Los Ángeles, Nueva York o Chicago, sino en la América profunda, tal vez Nuevo
México, tal vez Idaho, y se sabía que, como sus compatriotas Thomas Pynchon y
Cormac McCarthy, había heredado de J. D. Salinger su alergia a los fastos públicos
así como a superponer sobre la realidad de su obra literaria su propia imagen
de autor. No abundan los retratos fotográficos suyos ni son demasiadas tampoco
las entrevistas que ha concedido desde que a principios de los ochenta publicara
su primera novela. No consta que la concesión del premio literario más importante
de EE UU haya alterado dichos hábitos, ya que al parecer ni siquiera acudió a
recogerlo, aunque, eso sí, envió una nota de agradecimiento en la que excusaba
su ausencia por encontrarse en Irak, adonde había ido a documentarse para un reportaje,
es de suponer que nada complaciente con la realidad inducida de ese país destrozado".
No es lo primero que de Jonson se traduce y publica en España. En 1986,
Anagrama editó 'Ángeles derrotados', su primera novela (1983), en la que,
huyendo 'del hogar' con sus dos hijas pequeñas, una mujer sube a un autobús hacia
ningún sitio, en el viaje conoce al ex convicto Bill Houston, sus vidas quedan
unidas, y el destino resulta ser el sórdido mundo de la droga en el hogar de Bill,
en Arizona, relato salpicado de poesía en medio del horror. En 2003 Mondadori
publicó otras dos novelas: 'Hijo de Jesús' (Debolsillo, 7 €), once magníficas
historias por las que transitan otros tantos personajes marginales "perdidos en
la supuesta tierra de las oportunidades". 'El nombre del mundo', viaje
circular "al fondo de la noche de un profesor universitario tras perder a su mujer
y a su hija", así la sintetiza Marcos Giralt y pasa después a centrarse en la
presente novela: "este Árbol de humo, de más de 600 páginas, que, si hacemos
caso de la información promocional, Johnson empezó nada menos que en 1982 y fue
incrementando por temporadas hasta que acabó de darle forma en un intenso tour
de force entre el otoño de 2006 y comienzos de 2007. No estamos, pues, ante
una obra facturada con premura para conectar con el gusto en boga entre las elites
mayoritarias (¿contradicción? No tanto). Estamos ante un libro desmesurado por
su ambición y desmesurado por el riesgo asumido. ¿Qué otra cosa puede decirse
de una novela que pretende arrojar luz sobre un asunto de trascendencia histórica
tan tratado como la Guerra de Vietnam, y hacerlo sin ninguna concesión estilística,
argumental ni ideológica? La senda elegida por Johnson tiene poco que ver con
cualquier idea preconcebida. No hace una obra pacifista, que se limite a execrar
la guerra y el intervencionismo imperialista de su país; no hace, por supuesto,
una obra patriótica que intente salvar ese desastre que fue Vietnam; ni hace tampoco
un neutro retrato de costumbres de la vida de quienes allí lucharon. Johnson está
más interesado en el destino individual que en el colectivo y su envite tiene
más que ver con las preocupaciones presentes en su obra anterior que con un alegato
político. Utiliza la guerra (una guerra, como ésa, nada heroica) a la manera de
un escenario extremo donde plasmar su visión del hombre. En la medida en la que
dicha visión sirve para entender lo inexplicable, el despropósito, por ejemplo,
de mentes en principio bien amuebladas que contribuyeron a la infamia, o los excesos
cometidos por soldados antes inocentes reconvertidos en criminales, Árbol de
humo es también una obra acerca de la Guerra de Vietnam. Pero lo primordial,
repetimos, es la idea del hombre que trasciende de ella. No es que Johnson no
se pronuncie acerca de lo concreto que propició aquella insensata aventura. Simplemente
la crítica está ya implícita en el mismo planteamiento argumental". Len, en la
reseña de Giralt, 'Guerra
sin ley', el largo párrafo final en que analiza a los personajes.
Comienza la novela el día de 1963 en que el presidente John F. Kennedy es
asesinado:
Habían
matado al presidente Kennedy a las tres de la madrugada de la noche anterior.
El marinero Houston y los otros dos reclutas estaban durmiendo mientras las primeras
informaciones daban la vuelta al mundo. Había un pequeño local nocturno en la
isla, un bar de copas ruinoso con enormes ventiladores giratorios y una máquina
de millón; los dos marines que regentaban el bar pasaron a despertarlos y les
contaron lo que le había pasado al presidente. Los dos marines se sentaron con
los tres marineros en el barracón de acero para reclutas de paso, mirando cómo
el aparato de aire acondicionado goteaba dentro de una lata de café y bebiendo
cerveza. La emisora de la cadena de las Fuerzas Armadas de la bahía de Subic se
pasó la noche entera funcionando, emitiendo boletines sobre aquel asesinato inconmensurable.
Ahora ya era media mañana, y el marinero en prácticas William Houston
Jr. empezó a sentirse sobrio otra vez mientras merodeaba por la selva de la Isla
Grande con un rifle del calibre 22 prestado en las manos. Se suponía que había
jabalíes salvajes deambulando por las instalaciones militares de aquella isla,
que era lo único de las Filipinas que él había visto hasta aquel momento. No sabía
qué pensar de aquel país. Lo único que quería era ir de caza por la selva. Se
suponía que por allí había jabalíes salvajes.
Caminó con cautela, pensando
en serpientes y tratando de no hacer ruido porque si había jabalíes quería oírlos
antes de que cargaran contra él. Era consciente de estar magníficamente tenso.
Por todos lados lo rodeaban los diez mil sonidos de la selva, así como los chillidos
de las gaviotas y de la espuma lejana, y si se quedaba quieto del todo y escuchaba
un momento, también podía oír la risita sofocada del pulso en el calor de su carne
y el crujido del sudor en sus oídos. Si se quedaba inmóvil únicamente otro par
de segundos, los bichos lo encontraban y se ponían a berrear alrededor de su cabeza...
La
acción concluirá en 1983. Con su habitual maestría, Robert Saladrigas nos va a
explicar tal colofón: "En mayor o menor medida, todos los oficiantes principales
o anónimos sucumben a la tragedia: religiosos, militares de ambos bandos, espías,
agentes dobles, prostitutas, civiles humillados y masacrados, mujeres, niños,
hombres, todos barridos por el apocalipsis. El relato enfocado desde las diferentes
ópticas de los personajes resulta estremecedor, en ocasiones insoportable, como
la tortura atroz infligida por un marine a un prisionero del Vietcong, a cuyo
inimaginable sufrimiento pone un piadoso fin el coronel. La última sección de
la novela se sitúa en 1983. La elección de la fecha no es aleatoria. 1983 fue
declarado por el presidente Reagan "año de la Biblia"; al mismo tiempo se instruyó
un protocolo para prohibir el uso del NAPALM sobre las poblaciones civiles que,
significativamente, EE.UU. no firmó. De manera que en este año se nos desvela
la suerte final de los personajes cruciales…" No quiero cerrar este comentario
sin ofrecerles el párrafo inicial de la reseña de nuestro admirado Saladrigas:
"No sabría decir cuándo fue la última vez que me sucedió: terminar un libro, en
este caso una meganovela, y, al cerrarlo tras largas horas hipnotizado por la
brutal tensión de sus páginas, notar que estoy profundamente aturdido. No se sale
indemne de una obra como Árbol de humo". |
| | | ABCD
(ABC)
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Robert Hass. Tiempo
y materiales. Bartleby. 13 €
Si en
el National Book Award del 2007 'Árbol de humo' fue la ganadora en el apartado
de ficción, 'Tiempo y materiales' de Robert Hass ganó el de poesía, y además
-como figura en la faja de la edición de Bartleby- ha obtenido el Pulitzer del
2008. El traductor, Jaime Priede, afirma en el prólogo que este poemario
"integra la diversidad temática explorada por Hass en anteriores libros: el arte,
la naturaleza y las relaciones humanas. Una poesía cuya fuerza reside en el tratamiento
de la imagen, capaz de generar un ámbito de asociaciones inauditas en las que
casi siempre participa un elemento del mundo natural". Y prosigo por
el prólogo de Jaime Priede. Hass, nacido en San Francisco en 1941, coincide en
su ciudad con los poetas beat que resultarán determinantes para su poesía.
En Ginsberg "percibe una excitación inusitada que no había identificado con la
poesía", en Kenneth Rexroth atisba por primera vez una conexión activa entre la
poesía y su propio mundo, y en Gary Zinder "ve reflejada esa afición casi innata
al mundo natural, la aguda observación de sus matices, la exploración del sustrato
imaginario de las culturas nativas norteamericanas y la permeabilidad a las culturas
orientales". Son precisamente los principios budistas ("la educación en el respeto
por lo vivo", "el concepto de interpenetración de todos los seres en un universo
en el que nada puede existir por separado") la base de "su firme antibelicismo
y su oposición a las políticas expansionistas o de carácter vengativo, como se
manifiesta abiertamente en composiciones como 'Un poema', 'La guerra de Busch'
o 'Visita a la DMZ en Panmunjom' incluidos en Tiempos y materiales".
Veamos
las primeras líneas del último de estos poemas.
La
imaginación no está muy bien dotada para las cifras largas. Más de dos millones
y medio de personas murieron durante la Guerra de Corea. Se supone que debería
llevar más tiempo destruir tantas vidas. Quinientos mil soldados chinos murieron
en el frente o a causa de las enfermedades. También un millón de coreanos
del sur, civiles AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAla
mayor parte. Un millón cien mil coreanos del norte. No son términos Precisos,
pero si concretamos te puede entrar el sueño…
También
el pionero de la ecología y el padre del regreso a la naturaleza, nuestro admirado
Thoreau, está en la base de esta poesía: "La lectura de Walden parece determinante
para afianzar la orientación de un contexto referencial como el de Hass, captado
desde la necesidad de repensar nuestras relaciones con los animales, los bosques
y la piedra". Entresaco algunos versos de 'El estado del planeta': Octubre
en el planeta y el siglo se acaba. La lluvia fustiga el parabrisas. A través
del cristal borrosas Ráfagas de una tormenta procedente del Pacífico logran
que se aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaatambalee
Un enorme cedro del Himalaya. Un ciruelo japonés a su lado Libera una
cascada vertical de hojas color Piel de cobre, si tuviera piel l cobre.
Y bajo él, su modo de moverse tan elegante y elástico Como el de los jóvenes
de cualquier especie de la tierra, una estudiante, presa del viento, mantiene
un tira y afloja con el cruce de peatones, aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaael
pelo suelto. […] Humus: avanza rápido. Ríos: estancados y contaminados.
Bacalao: pesca casi agotada. Abadejo: pesca casi agotada. Los salmones
del Pacífico se abren camino contra los diques de Yokohama hasta Kamchatka,
hasta Seattle, Pórtland, removiendo Las escalas para peces, chocando con
las turbinas, el furor de la reproducción Más arcano aún que el de los
seres humanos, pero vetado Por los ingeniosos planes que los humanos han
ideado Para cultivar más maíz y expropiar. La mayoría de las primitivas
arboledas han desaparecido, aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaSagradas
para Kuan Yin…
El
último pilar en el ideario de nuestro poeta, que Jaime Priede señala en el prólogo
es "el análisis casi naturalista de las relaciones humanas. Hass disecciona un
instante y capta el sentido profundo de un gesto o una reacción en poemas como
'Interiores domésticos', 'Luego, el tiempo' o 'Deriva y vapor'. Unos versos de
'Interiores domésticos': Una
casa de madera vieja, blanda, gris, lustrada por la sal, Ventanas sobre dunas
de hierba, una paya. Su mujer está arriba trabajando en l estudio Cuando
suena l timbre. Un hombre joven a la puerta, Un testigo de Jehová, tiene
una manzana de Adán Tan protuberante que casi coquetea Con la deformidad.
El hombre, que intenta no mirarle fijamente, Tiene la triste y temerosa premonición
De que su mujer necesita ayudad, y entonces un poderoso sentimiento
De que no tiene mujer, de que nunca la ha tenido. El hombre joven, los ojos
contraídos por la concentración, Está hablando sobre lo que él llama "el
primer despertar". […]
Jaime
Siles dice en su reseña de ABCD que la técnica de Hass se parece a la cubista
"en que descompone el objeto en diferentes planos. Pero se diferencia de ella
en que incorpora a las imágenes un compromiso ético, más que político, con la
realidad. Y eso es lo que lo distingue: que su escritura es estética y ética la
vez; que no renuncia al verdadero "orden de las cosas" ni a su consiguiente formalización
moral. Lo que hace que la suya sea un ejemplo de poesía cívica en clave ecológica".
Además de señalarle como un minucioso retratista de interiores domésticos y "sábanas
revueltas" exalta su manera de "contraponer la "mímica de la luz" al pobre lenguaje
de los signos (…) en la que la rapidez de lo percibido oscurece o anula la posibilidad
de establecer una relación lógica entre las construcciones", y nos propone como
ejemplo el poema 'Etimología': Su
cuerpo en el fuego Mímica de la luz que confiere a la medianoche La
filosofía. Se supone que están muertos ahora. ¿No es "muertos ahora"
una expresión extraña? Fuera se oyen las lechuzas Y el viento que susurra
en los árboles Se adueña de sus oídos, exhalado En cuadrillas exploradoras
de la sensación bajo sus espinas dorsales. Si dices que se convierte
en lenguaje o no existe, ¿Quién ha tocado a quién? ¿En qué movimiento
de estrellas? Pobre lenguaje, pobre teoría Del lenguaje. Los fragmentos
de calavera En el museo Egipcio parecían mapas de los laberintos del
Desfiladero erosionado por el viento desde donde, Si permaneces n el borde
Amarillo de una catarata seca, escuchas El eco resonante de los gritos
de las golondrinas de mar Pescando en la plata labrada de los rápidos.
¿Y qué decir de su humedad? Los anglosajones Tenían un nombre para so. Lo
llamaban sutileza. Eran navegantes. Era la misma palabra Que utilizaban
para la mirada de la luna sobre el mar.
Daniel
Handler. Adverbios. Tusquets. 18 €
Rodrigo
Fresán nos descubría a Daniel Handler (San Francisco, 1975) que "es más y mejor
conocido bajo el alias de Lemony Snicket: recluso autor de la muy exitosa serie
de trece aventuras gótico-juveniles en las que, bajo el título general de Una
serie de catastróficas desdichas, asistimos una y otra vez a los folletinescos
tormentos, peligros y persecuciones experimentados por un irrompible trío de huerfanitos".
Quien tenga hijos en edad escolar seguro que ha visto la película titulada precisamente
Lemony Snicket, que trata de las desdichas de los tres hermanos Baudelaire
perseguidos por el incombustible conde Olaf, ese malvado traicionero y codicioso.
Una de estas aventuras, El hospital hostil, se puede conseguir estos meses
en el Círculo de Lectores, una delicia: …este
libro narra una etapa especialmente desdichada de la penosa vida de Violet, Klaus
y Sunny Baudelaire, así que si estáis en vuestro sano juicio, será mejor que lo
cerréis inmediatamente, os lo llevéis a una montaña bien alta y lo arrojéis desde
la cima STOP. No existe razón humana que os obligue a leer una palabra más sobre
las desgracias, traiciones y penalidades que aguardan a los tres pequeños Baudelaire,
al igual que no existe razón humana que os obligue a salir a la calle y arrojaros
a las ruedas de un autobús STOP…
Fresán
nos ilustra: Handler es autor también de "dos novelas adultas pero juguetonas
-la sátira escolar con guiños a Nabokov que es The Basic Eight (1998) y
la demencial saga familiar con golem en el sótano e incesto en los dormitorios
Watch Your Mouth (2000)- a las que ahora se une Adverbios (2006)".
Advierte Fresán que "nos enfrentamos a diecisiete variaciones sobre el
caer en el amor (…) y el posterior levantarse… El título que las reúne alude directamente
a los títulos que las separa y las relaciona -'Obviamente', 'Brevemente', 'Claramente'
son algunos de ellos- presentándolas como sucesivos momentos clave de la experiencia
romántica en los que son los adverbios los que modifican una determinada acción".
Veamos algunos comienzos, para que aprecien los diferentes tonos utilizados
por Handler. El del primer texto, titulado 'Inmediatamente' (un relato
que pueden continuar leyendo aquí:
El
amor estaba en el aire, y los dos lo atravesamos de camino hacia la esquina. Lo
inspiramos, sobre todo yo: el aire también venía cargado de olores y pájaros,
pero era l amor, estoy seguro, lo que bajaba dando tumbos hasta mis pulmones,
vecinos y confidentes del corazón. Andrea era alta y gruñona. Yo, algo más bajo
que ella. Andrea fumaba cigarrillos. Yo trabajaba en una tienda que vendía cosas.
Durante todo el tiempo que duró nuestro amor, siempre nos acercábamos caminando
hasta la misma esquina, calle Treinta y siete con cómo se llama…, Tercera Avenida,
de Nueva York, porque allí era más fácil encontrar taxi. aaaaa-Estarás
nervioso -dijo Andrea, a unas dos caladas de camino. aaaaa-Sí
-contesté-. Lo estoy. Es la primera vez que asisto a la lectura de un testamento…
El
segundo texto, 'Obviamente', comienza: La
película era un flipe de la hostia, expresión apropiada en este caso ya que esa
noche se proyectaba Kickass: la película y en ella se repartían hostias a mansalva.
Continúa
Fresán: "en Adverbios Handler hace muchas cosas, de modos muy diferentes,
pero con talento parejo. (…) algunos momentos son tristes, algunos son muy graciosos,
algunos epifánicos, algunos banales, algunos son realistas, algunos son fantásticos;
pero lo que aquí destaca y vale es la astucia y la inteligencia de Handler. Ese
modo en que administra una muy propia voz autorial irrumpiendo en 'Realmente'
o en los momentos más inesperados para diseccionar -con modales elípticos entre
sádicos y masoquistas y una perturbadora habilidad para decir lo justo y esconder
lo exacto- lo que le ocurre a hombres y mujeres flechados o apuñalados por Cupido".
En 'Erróneamente' Handler advierte: "En este libro sólo hay gente
joven porque tampoco yo soy demasiado viejo. No sé cómo se vivirá el amor con
el peso del tiempo a cuestas, ni si los más duros desengaños amorosos de hecho
se superan o, si como sospecho, uno se desengaña de por vida, fatalmente".
Termina así Fresán su reseña: "lo que se oye en algunos tramos de Adverbios
es como el eco de otro escritor ermitaño: J. D. Salinger. Y me refiero aquí no
al Salinger de Seymor: una introducción sino al Salinger de Justo antes
de la guerra con los esquimales o de El hombre que ríe. No creo que
pueda haber mejor comparación o elogio. Comprobadlo entrando en la librería más
cercana y leed allí, de pie pero rendido, el breve 'Brevemente' o -tal vez lo
mejor de todo el libro- el profundo 'Profundamente'. Después, id dando saltitos
hasta la caja y comprad Adverbios. Rápidamente. Esto es lo que
empezarían a leer si abriendo al azar apareciesen en la página 157, en el texto
'Claramente': En
este capítulo se cuenta una historia de amor cuyos protagonistas han olvidado.
Si les preguntarais por ella, a cualquiera de los que aún viven, serían capaces
de rememorarla, pero no por entero. Cada uno de ellos traería a su memoria unos
cuantos detalles, distintos entre sí, pero las personas que aparecen en esta historia
ya no se ven. Se han desvanecido incluso de sus sueños respectivos. Vague por
donde vague su mente, la de quienes aún viven, sus caminos no se cruzan. Los cuatro
se han abandonado mutuamente y por completo.
Por
cierto, ¿hay alguno de ustedes que aún no haya leído los Nueve cuentos
de Salinger? (editados por Edhasa, o Alianza en formato de bolsillo)
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| | | CULTURAS
(LA VANGUARDIA)
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W.
G. Sebald. Los anillos de Saturno. Anagrama.
19'50 €
Yo
pensaba que Anagrama acabaría sacando a la venta las redacciones escolares de
Sebald, pero lo que acaba de hacer me llena de felicidad: reeditar 'Los anillos
de Saturno', pues la edición que en el 2000 sacó Debate se agotó rápidamente.
Como argumento de la novela vale el que aparece en las tapas del libro:
Un escritor emprende un viaje a pie por el condado de Suffolk, en la costa este
de Inglaterra, para llenar el vacío que se ha apoderado de su interior al haber
concluido un trabajo importante. A la vista de paisajes solitarios y pequeñas
poblaciones se topa con vestigios de un pasado que le remite a la totalidad del
mundo, enmarcado en multitud de épocas, espacios y personajes diferentes. Sebald
funde magistralmente la autobiografía con la descripción y redacción de historia
e historias, anécdotas, conjeturas y recuerdos a caballo entre la realidad y la
ficción. En su viaje le acompañan varios personajes a los que les concede la palabra:
Thomas Browne, Chateaubriand, Swinburne, Joseph Conrad, Borges... Winfried
Georg Sebald, nació en 1944 en Wertach (que en sus novelas se identifica como
W), en 1965 se trasladó primero a Suiza y después a Inglaterra, a Norwich, donde
ejerció como profesor de literatura alemana, hasta su muerte el 16 de diciembre
del 2001, en que al sufrir un infarto al volante de su coche se estrelló contra
un camión. En vida publicó cuatro novelas: 'Vértigo' en 1990 (libro que
ya presentamos en la Agenda hace varios años), en 1996 'Los emigrados',
y en el 2000 la que hoy nos ocupa, 'Los anillos de Saturno', las tres editadas
por Debate de la mano de Constantino Bértolo (a quien le interese este asunto
lea La
canonización de Sebald en España). La última, 'Austerlitz', la
historia de ese hombre que deambula por Europa en busca de sus raíces arrancadas,
desaparecidas y exterminadas en un campo de concentración, la sacó Anagrama.
Sebald publicó su primera obra a los 46 años. Rechazado por varias editoriales
alemanas su manuscrito de Vértigo tuvo la suerte de caer en las manos del
poeta e intelectual Hans Magnus Ennzensberger: "no podía creer lo que leía. Era
una maravilla que alguien pudiese escribir así, era alemán, sin duda, pero un
alemán diferente, fuera del tiempo... y quise más. Y lo publiqué en la colección
La otra biblioteca y así lo di a conocer en Alemania". Sin embargo a Sebald
le llegó el reconocimiento cuando su segunda novela, 'Los emigrados' se tradujo
al inglés. Finalmente Susan Sontag escribió un breve ensayo en The Times
titulado 'W.G.
Sebald: El viajero y su lamento' , en él, la intelectual que durante tantos
años fue nuestro principal referente, se pregunta: "¿Es todavía posible la grandeza
literaria? Ante la decadencia implacable de la ambición literaria, la convergente
ascensión del desgano, la verborrea y la crueldad insensible como asuntos normativos
de la ficción, ¿qué sería en la actualidad un proyecto literario centrado en la
nobleza? La obra de W. G. Sebald es una de las pocas respuestas disponibles a
los lectores del idioma inglés". Seducida por la voz de Sebald, Sontag escribe:
"Su lenguaje era maravilloso: delicado, denso, inmerso en la materia de las cosas
(…). En los libros de W. G. Sebald, un narrador que lleva el nombre de W. G. Sebald
-según se nos recuerda en forma ocasional- viaja para rendir cuenta de la evidencia
de una moral en la naturaleza, retrocede ante las devastaciones de la modernidad,
medita en torno a los secretos de vidas oscuras. En alguna jornada de investigación,
lanzado por algún recuerdo o noticia de un mundo perdido sin remedio, él recuerda,
invoca, alucina, lamenta". Como muestra, Sontag copia el principio de
uno de los relatos de Vértigo:
En
octubre de 1980 viajé de Inglaterra, en donde para entonces yo había vivido durante
casi 25 años, en un distrito que estaba casi siempre bajo cielos grises, rumbo
a Viena, con la esperanza de que un cambio de lugar me ayudaría a superar una
etapa de mi vida particularmente difícil. Sin embargo, en Viena descubrí que los
días me resultaban demasiado largos, ahora que no estaban ocupados por mi acostumbrada
rutina de escribir y hacer trabajos de jardinería, y literalmente no sabía a dónde
dirigirme. Salía temprano cada mañana y caminaba sin rumbo ni objetivo por las
calles de la ciudad antigua...
Y
el principio de Los anillos de Saturno: En
agosto de 1992, cuando la canícula se acercaba a su fin, salí a caminar por el
distrito de Suffolk, con la esperanza de disipar el vacío que se apodera de mí
cada vez que concluyo un trabajo importante.
Para
Sontag, esta novela "es en su integridad el recuento de este viaje a pie realizado
con el propósito de disipar el vacío. Pero si el viaje tradicional nos acercaba
a la naturaleza, aquí mide los grados de la devastación; el principio del libro
nos dice que el narrador estuvo tan abatido al descubrir "las huellas de la destrucción"
que un año después de comenzar su viaje debió ingresar a un hospital de Norwich
"en un estado de inmovilidad casi total". Los viajes bajo el signo de Saturno,
divisa de la melancolía, son el tema de los tres libros escritos por Sebald en
la primera mitad de los noventa. Su punto primordial es la destrucción: de la
naturaleza (el lamento por los árboles que destruyó un mal holandés que atacó
a los olmos, y por los que destruyó el huracán de 1987 en la penúltima sección
de Los anillos de Saturno); la destrucción de las ciudades; de los estilos
de vida. Los emigrados relata un viaje a Deauville en 1991, en busca tal
vez de "algún residuo del pasado" para confirmar que este "lugar de veraneo alguna
vez legendario, como cualquier otro lugar que uno visita ahora en cualquier país
o continente, estaba agotado, arruinado sin remedio por el tráfico, las tiendas
y boutiques, el instinto insaciable de la destrucción". Y el cuarto relato
de Vértigo, con el regreso a casa en W. -que el narrador dice no haber
revisitado desde su infancia- es una extensa recherche du temps perdu".
La melancolía, un tema recurrente en Sebald, en los extractos de varias
entrevistas que se le realizaron entre 1991 y 2001 uno de los entrevistadores
-entre quienes al principio se nos dice que está Cynthia Ozick- le plantea: "Se
dice que los melancólicos tienen una actitud espiritual muy cómoda". Sebald responde:
"Eso sería resignación. La resignación es la más hermosa de todas las naciones,
como decía el austriaco Nestroy. La melancolía no es cómoda, porque es en el fondo
una compulsión al trabajo. Un melancólico trabaja siempre. Yo, que no me resigno,
no puedo salir de vacaciones". Es este mito del Sebald melancólico el
que ha querido desmontar Álvaro Colomer en su comentario en 'Culturas', que titula
Riendo con W. G. Sebald , y se pregunta: "¿La personalidad del autor
de Los emigrantes y Austerlitz era tan melancólica como se piensa?", ofrece entonces
Colomer una imagen de Sebald completamente diferente a la que hasta ahora nos
han entregado los medios, y merece la pena conocer al escritor tal como era, no
se lo pierdan. Acaba Colomer su artículo con el siguiente párrafo: "Tal vez sea
hora de desmitificar la imagen de un Sebald melancólico para destacar la de ese
otro Sebald lo suficientemente cachondo como para bautizar a su segundo perro
como Moritz, en una clara alusión a aquellos dos niños que, como nuestros Zipi
y Zape, divirtieron a los pequeños alemanes de principios del siglo XX. Esos niños
se llamaban Max y Moritz, igual que Sebald y su perro". |
| | | EL
CULTURAL (EL MUNDO)
| | |
Manuel Vilas. España. (DVD.
14 €) & Calor. (Visor. 8 €)ç
Hace
más o menos un año que descubrí a Manuel Vilas, pero cada cosa que sale de su
cabeza me confirma que es uno de los mayores talentos que tenemos en las letras
españolas, y tal y como escribe parece que él lo sabe. En el suplemento
de El Mundo, Francisco
Díaz de Castro reseña 'Calor' con palabras muy elogiosas: "Pocos poetas
son capaces de enganchar al lector desde la primera línea de un libro de poemas,
y son menos aún los que consiguen que emoción y conciencia caminen juntos en alta
tensión a lo largo de todas sus páginas. Manuel Vilas (Barbastro, 1962) es uno
de ellos, y Calor uno de los libros principales del pasado año poético".
Francisco Díaz de Castro, entiende la poesía de Vilas como una combativa reafirmación:
"una toma de postura que pasa revista, con gran variedad de tonos, a cuestiones
que a todos implican: el machismo ('Amor mío'), las drogas ('Cocaína'), el sida,
la guerra de Irak ('Walk on the wild side'), etc. Literatura, música, ciudades,
personajes de la historia contemporánea se acumulan en el fluir de unos textos
cuya voz principal muta constantemente de identidad y de registros: la parodia
burlesca a cerca del guilleniano 'Aire nuestro', que da título a un poema sobre
el calentamiento global; el alucinado y esperpéntico recorrido nocturno por la
realidad contemporánea española del poema inicial 'La lluvia' o del irónicamente
titulado 'Fraternidad', que va cargando de carácter político la lectura del conjunto;
la sátira, en fin, del logrado antipoema navideño 'El árbol de la vida', de referencia
obligada: "Ninguna revolución a la vista. Ninguna clase social tratando de salir
de la mugre. Esta mugre inmensa […] Este aburrimiento universal". Todo ello entremezclado
con textos que son conmovedores de otra manera y que adensan esta renovada poesía
de compromiso crítico desde el intimismo de un personaje que se llama como el
autor: la tremenda elegía fúnebre que es 'El crematorio', el homenaje al tiempo
perdido que condensa la despedida de su viejo automóvil ('HU-4091-L'), los siniestros
recuerdos del servicio militar ('1985'), etc.". Leamos algunos versos
de 'Lluvia', poema en el que se hace un repaso a la historia reciente de España
a partir de la retransmisión televisiva de la boda de los Príncipes:
Vimos
el Rolls del año 53 con las ruedas blancas (mil kilómetros en cincuenta años)
en las teles de los bares del barrio del Actur de Zaragoza. Sostenía en
mi mano una copa de vino blanco fría y ya hacía calor en España, los hoteles
del Mediterráneo estaban de limpieza general, habitaciones abiertas con camareras
esmeradas, esperando la llegada de setecientos mil ingleses, un millón
de alemanes, cuatrocientos mil franceses, cien mil suizos y cien mil belgas.
Estábamos con un vino blanco en la mano y los cuellos levantados hacia
el televisor.
No vino Isabel II de Inglaterra: Isabel II sólo aceptaría
ir a la boda del Rey de Francia y, como en Francia no hay Rey, Isabel II se
queda en palacio para siempre, reclinada sobre el mundo. Son los súbditos
de Isabel II los que aman el sol de España y la cerveza barata, los que
exhiben la bandera británica en las terrazas frente al mar de sus habitaciones
manchadas.
Crepusculares casas reales venidas de los rincones más
oxidados de la historia el 22 de mayo de 2004 surgieron en las televisiones
de España, países nórdicos, lejanos y prósperos, fríos, alejados de este
corazón inacabable. Rouco Varela cantando la misa. No vino el presidente
de la República Francesa. Los arzobispos, bicolores, felices. El nombre
de Dios dicho en voz alta muchas veces. La terca obsesión en nombrar a Dios,
nombrarlo como quien nombra el poder, el dinero, la resurrección, la guillotina,
la cárcel, la esclavitud.
El emperador del mundo se quedó en América,
ajeno a los ritos menores de sus provincias. Los enormes paraguas azules.
Levantarse a las seis de la mañana para que te maquillen, te depilen,
te hagan la manicura, qué felicidad tan grande. Los grandes desayunos,
los cubiertos de plata, el vino y las colonias bárbaras. Las duchas gigantescas,
las suites, los bombones suizos, las zapatillas de oro, los eslips de platino,
el zumo de naranja con naranjas atroces. El lujo y el servicio, siempre
gente abriéndote la puertas. La sonrisa permanente. Los profesionales
de la sonrisa permanente, esa sonrisa representa el trabajo más inhóspito
de la historia. ¿Sonreír? ¿Por qué?
Y Umbral, y Gala, y Bosé, y A.,
y J., y Ayala, y M.M. entrando en la Almudena, recompensados, elegidos, a
la diestra colocados, los jefes de la inteligencia española, de la subida
española, de la gran crecida. La gran subida, la gran ascensión. Y los
ciento noventa quemados vivos tuvieron su homenaje, el absurdo pueblo mutilado,
el goyesco pueblo elemental y monárquico, el Rolls pasó ante ellos. […]
A
mi juicio, el mejor análisis de 'Calor' lo ha realizado Eduardo
Moga en 'Letras libres', gracias a su reseña conocerán por ejemplo que
Vilas protagoniza con su propio nombre algunos de los poemas, por ejemplo en el
titulado 'Mazda 6', sustituyendo como víctima de ETA a Miguel Ángel Blanco: "Manuel
Vilas salió una mañana de su casa./ Le esperaban en un instituto de la ciudad
de Zaragoza. Iba a una charla/ con alumnos, que habían leído sus poemas", al igual
que hace en su novela 'España' (DVD, 2008), en el fragmento titulado 'Póker':
"El otro terrorista, o terrorista B, empezó a hablar: "Mira Manuel, en el fondo
has tenido suerte: vas a ver el sacrificio en tu propia carne, y tu muerte no
servirá de nada, porque al final pactarán…" Francisco Díaz de Castro
nos informa que desde hace tiempo "Vilas viene insistiendo en el carácter unitario
de toda su escritura y, sin duda, es la experimentación en este hibridismo la
que le proporciona la plasticidad técnica y la libertad expresiva que exige su
propuesta. Los distintos niveles del discurso funden contundentemente lirismo
y narratividad en paralelo a su novela 'España'. Y este es el libro que
quiero que lean, el que no deben ustedes perderse, considérenlo novela como sostiene
y explica el propio Vilas, o conjunto de relatos como afirma la mayoría de la
crítica, lo importante es que disfruten con la aguda inteligencia de Vilas y que
se desternillen de risa con sus sarcasmos. Es citable párrafo a párrafo... Un
mejillón cebra es lo más simple del mundo: una cáscara y un músculo, y a funcionar,
eso es todo. Y funciona. Pronto invadirá la literatura. Ya veo a futuros Gregorios
Samsas convertidos en mejillones cebras. Ya veo a las cucarachas convertidas en
pequeñas mariposas domésticas, e inofensivas si se las compara con el mejillón
cebra.
En
la estupenda entrevista
de Jordi Corominas a Manuel Vilas "Creo que todo es política. Nadie
se atreve a moverse demasiado. Todo está controlado. He intentado salir del cerco
político con lo que escribo, salir de lo que se supone que debe de escribir un
escritor en España que quiera ser leído. Los escritores tienen miedo. No saben
lo que quieren. Les gustaría tener el prestigio de Joyce o de Kafka, pero sin
renunciar a vender millones de ejemplares. Todo el mundo tiene miedo". En
Ya nadie ama a Jesucristo había una visión de la historia de España original y
diabólica, a la vez que una fábula llena de sorpresas, como por ejemplo el hecho
de que uno de los personajes principales fuese Juan Carlos I, convertido en la
novela en un rey cultísimo, políglota, especializado en la literatura alemana,
dedicado a la erudición literaria y a la filología y también a la ciencia. Juan
Carlos I organizaba en Madrid el mayor Congreso conocido sobre la obra y la figura
de Franz Kafka: "una pasión real", así rezaba el título del Congreso, que reunió
por espacio de quince días a toda la intelectualidad mundial…
Degusten
el estupendo análisis que de la novela hace Rosa Benéitez Andrés, titulado Autorretrato:
"España" Manuel Vilas , y les dejo un par más de pinceladas. Las primeras
líneas de 'Breve Historia del Tiempo': Dice
que es un hombre del futuro. Es lo primero que me dice. No precisa el año, pero
yo le digo que no le creo, a no ser que precise el año. Decide entonces precisar
el año, dice que viene del año 3896. El mundo forma una sola nación, me dice,
y ha desaparecido el hambre y la guerra, el bien es una necesidad generalizada.
Dice que ya no hay campos, que todo es una ciudad global, que el mundo es una
sola ciudad, y que la gente vive sobre el mar…
Y
unas extraídas del titulado 'María' (Cáp. 9, 'Los nuevos marianistas españoles'):
Era
una mujer joven, muy hermosa, muy rubia, de sonrisa radiante, pero a la vez con
un tono melancólico en sus ojos. A Paul le pareció que tenía un parecido insólito
con la cantante mexicana Paulina Rubio, de quien era fan en secreto, pues no estaba
bien visto que un filósofo y profesor de filosofía como él tuviera gustos de esa
clase. Pero Paul veía en la joven filósofa española la mirada y la cara de Paulina
Rubio, e incluso oía la voz de Paulina Rubio. Además, hacía poco que había asistido
-en secreto- a una gala de Paulina Rubio en París… |
| | | MESILLA
DE NOCHE | | |
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Sei Shônagon. El libro
de la almohada. Adriana Hidalgo. 19 €

Ya su título nos dice que este libro no puede faltar en sus mesillas de noche.
El libro de la almohada, escrito por Sei Shônagon hace 1000 años, en Japón,
en el período Heian (794-1192), un periodo en que el dominio de la familia Fujiwara
propició en sus reinos una cima cultural. Un libro que continúa sin perder su
frescura, como si acabase de ser escrito en aquellas lejanas islas. La
autora nació alrededor del 960. Sei Shônagon era el nombre que se le dio durante
su servicio en la Corte a lo largo de la década de 990 (década en la que fue escrito
el libro), pues "Shônagon" era un rango imperial, el nombre genérico que designa
a cualquier ayudante de menor rango de la emperatriz, rango al que se le agregó
el "Sei", que se refiere al nombre de su padre, para distinguirla de otros "shonagons".
Dice la profesora Amalia Sato, la traductora: "Sin absoluta certeza, se dice que
nació en 966 y que era hija de Motosuke, estudioso y poeta de cierta reputación.
Se da por seguro que sirvió a la emperatriz hasta la muerte de ésta, pero las
noticias posteriores son sólo conjeturas: que continuó atendiendo a la hija de
Sadako, Shûshi (997-1049), o a su prima Akiko. Casi todas las versiones coinciden
en que murió anciana y en la pobreza". Los libros de almohada fueron
al parecer un género propio de la literatura japonesa, "en el que los cortesanos
recogían sus impresiones en una suerte de diarios que luego guardaban en el interior
de las almohadas de madera", y debían su nombre a esa especie de mueble, hueco,
que se colocaba en la cabecera del tatami, y en el que se guardaban papeles personales,
y elementos de escritura: pinceles, tintero... Durante la época Heian, mientras
los hombres escribían en kanji, caracteres de la dinastía Tang de China (como
muy bien explica Miguel Sardegna en Sei
Shônagon: algunos trazos antes de dormir, "el chino era para los japoneses
el equivalente del latín para los hombres del Renacimiento"), las mujeres escribían
en hiragana, ideogramas japoneses derivados del kanji. El conocimiento de los
caracteres chinos (kanjis) era patrimonio de los varones, y les estaba vedado
a las mujeres. Y sin embargo, de esta época sólo han llegado a nuestros días dos
obras en prosa, y las dos elaboradas por mujeres. Amalia Sato, argentina de ascendientes
japoneses, autora de la primera traducción completa al castellano, nos lo explica
en el prólogo:
"Dueñas de un nuevo sistema de expresión, las mujeres se convirtieron en las verdaderas
protagonistas de la literatura. El resultado lo constituyen dos extraordinarias
obras en prosa: la primera novela japonesa, Genji Monogatari (Romance de Genji),
cuya autora es Murasaki Shikibu, y Makura no Sôshi (El libro de la almohada) de
Sei Shônagon. Ambas escritoras son las figuras más destacadas de un gineceo literario
que no habría de repetirse. Corresponde entonces rectificar el epíteto de milenaria
que suele aplicarse a la cultura japonesa: no es milenaria sino tardía en lo que
se refiere a una literatura propia (su primera antología poética data del siglo
VIII) y de un carácter muy peculiar, ya que las obras maestras iniciales de su
narrativa están escritas por mujeres. La literatura de Heian circulaba en ámbitos
predominantemente femeninos, con un público que gustaba de los diarios y memorias,
del intercambio de poemas y los acertijos literarios" Una de las cosas
que más llaman la atención de El libro de la Almohada, son sus listas. Como por
ejemplo 'Cosas que no pueden compararse':
Cuando
una ha dejado de amar a alguien, siente que el otro se ha transformado en una
persona distinta, aun cuando no haya cambiado. En un jardín muy verde hay cuervos
dormidos. Más tarde, hacia la medianoche, los cuervos de uno de los árboles de
pronto se despiertan con gran agitación y empiezan a batir sus alas. Su inquietud
se extiende a los otros árboles, y de inmediato todas las aves están sobresaltadas,
graznando alarmadas. ¡Cuán diferentes de los mismos cuervos durante el día!
La
siguiente selección pertenece a las listas de cosas que reprueba en categoría
de odiosas, inapropiadas o sórdidas: He
cometido la locura de invitar a un hombre a pasar la noche en un lugar poco conveniente
y comienza a roncar. El hombre que amamos está borracho y se la pasa diciendo
las mismas cosas. Una mujer que ha perdido ya su juventud, está embarazada y camina
jadeando. También es reprobable ver a una mujer de cierta edad con un marido joven,
y más inapropiado si se pone celosa porque él ha ido a visitar a alguien.
Hay
listas de: Cosas sin mérito ("Una persona fea de mal carácter…"), Cosas
encantadoras ("El rostro de un niño dibujado en un melón. Huevos de pato.
También sus nidos. La flor de clavel silvestre…"), Cosas presuntuosas ("Un
niño sin nada especial y que es consentido por la gente. Toser…"), Cosas embarazosas
("El hombre que amamos está borracho y se pasa repitiendo las mismas cosas...")
Pero son también muchas y muy deliciosas las historias que nos cuenta
Shônagon. Un ejemplo, con el título 'La gata que vivía en Palacio' nos
relata la desgracia que le aconteció a un perro, Okinamaro, desterrado por el
Emperador a la Isla de los Perros, por haber perseguido a Dama Myôbu, la gata
de Palacio, pero el perro escapa de allí y regresa a la tarde, lo que le vale
una paliza mortal por parte de los mayordomos que después arrojan su cuerpo fuera
de la cerca de Palacio. Una pena recorre a las damas pues estaban acostumbradas
a su compañía. A la noche aparece un perro "de aspecto deplorable: temblaba y
su cuerpo estaba terriblemente hinchado". ¿Será Okinamaro? Hasta la Emperatriz
participa en las pesquisas, pero no, no podía ser Okinamaro, pues no contestaba
a las llamadas y rechazó la comida, y además "¿no golpearon a Okinamaro hasta
matarlo?". A la mañana siguiente, cuando ese perro hinchado y repulsivo "se deslizó
furtivamente y se agazapó cerca de uno de los pilares", Sei Shônagon exclama en
voz alta: ¡Pobre Okinamaro! ¡Qué triste pensar que pueda estar muerto! ¡Lo que
habrá sufrido! Entonces el perro comenzó a agitarse y temblar, y hasta manaban
lágrimas de sus ojos: La
noche anterior no había querido traicionarse a sí mismo y se había negado a responder
a nuestra llamada. Estábamos inmensamente conmovidas y complacidas. "Bien, bien,
Okinamaro", dije, dejando el espejo. El perro se estiró sobre el piso y aulló
quedamente, con lo cual la Emperatriz se alegró muchísimo. Todas las damas lo
rodearon (…). Cuando la Emperatriz explicaba lo que había sucedido, todas hablaban
y reían excitadas. […] El Canciller, Tadataka, fue informado, y vino corriendo
desde la Sala de la Gran Mesa. "¿es cierto? Por favor, déjenme verlo". Mandé a
una criada con esta respuesta: "Me temo que después de todo no se trata del mismo
perro". Tadataka me contestó: "Diga lo que diga, tarde o temprano tendré ocasión
de verlo. No podrás ocultármelo indefinidamente".
Pronto Okinamaro recibió
el perdón real y regresó a su anterior condición. Incluso hoy en día, cuando recuerdo
cómo lloriqueaba y temblaba cuando respondía a nuestra simpatía, me conmueve la
extraña y emotiva escena y cada vez que alguien habla de esto me dan ganas de
llorar.
En
esta página Web hay unos cuantos textos de Shônagon, elija uno de los títulos
y comience
a leer El manuscrito original de Sei Shônagon se perdió antes
de que acabara la era Heian, y -nos informa Amalia Sato- "lo que tenemos son copias
de copias y versiones de versiones" pues los originales "eran papeles manuscritos
de la corte que circulaban en un material muy precario". En castellano, hasta
que apareció su traducción, sólo se disponía de una selección firmada por
el matrimonio Kodama-Borges (Kodama ha declarado que era tal la admiración que
Borges sentía por esta obra que decidió 'traducírsela', y la intervención del
genial escritor, suponemos, fue de adaptador de estilo). Yo me inclino por la
versión de Amalia Sato pues me parece la más sutil. Pero a continuación les ofrezco
unas mínimas pinceladas de las traducciones que hay disponibles para que ustedes
juzguen. Así comienza la de Amalia Sato: En
primavera, el amanecer. Cuando al insinuarse la luz sobre las colinas, los contornos
se tiñen de un pálido rojo y purpúreos jirones de nubes flotan sobre las cimas.
En verano, las noches. No sólo las de luna brillante sino también las oscuras,
cuando las luciérnagas revolotean, y aun las de lluvia, tan bellas. En otoño,
el atardecer. Cuando el sol resplandeciente se hunde cerca de la ladera de las
colinas y los cuervos el cielo en grupos de tres o cuatro o de a dos, de vuelta
a sus nidos; o las garzas en bandada se dispersan en el cielo distante. Cuando
se oculta el sol, el corazón se conmueve con el sonido del viento y el zumbido
de los insectos. En invierno, las mañanas. Por cierto bellas cuando ha caído
nieve durante la noche, pero espléndidas también cuando el suelo está blanco por
la escarcha…
Así
la que realizaron Borges y María Kodama (Alianza Editorial, 6,75 €): En
la primavera es el alba. Cuando la luz se desliza sobre las cumbres, sus perfiles
se tiñen de rosado y hebras de neblina de púrpura se extienden sobre ellos.
En el estío, lo más bello son las noches, no sólo cuando hay luna sino también
en la oscuridad, cuando las luciérnagas vuelan de un lado a otro y hasta cuando
llueve, ¡qué hermoso es todo! En el otoño, lo más bello son las tardes, cuando
el sol resplandeciente se hunde cerca del filo de las cumbres y los grajos vuelven
volando a sus nidos en bandadas de tres, de cuatro y de dos. Aún más encantadora
es una línea de gansos salvajes como manchas en el cielo lejano. Cuando el sol
se ha puesto, el corazón se conmueve con el rumor del viento y con el zumbido
de los insectos. En el invierno, lo más bello es la alborada. Es muy bello,
por cierto, cuando durante la noche ha nevado; pero es espléndido también cuando
la tierra está blanca de escarcha...
Y
hay una tercera versión, de 1997, de Iván Pinto, Oswaldo Gavidia y Hiroko Izumi,
editada por la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), esta versión se
puede leer
entera en la Web. En
primavera, la alborada es lo más hermoso. Al deslizarse la luz por sobre las colinas,
sus contornos se tiñen rojizos y puñados de nubes purpúreas le siguen el rastro
encima de ellas. En verano, las noches. No sólo cuando brilla la luna sino
también en las noches cerradas, cuando las luciérnagas revolotean de un lado a
otro; e incluso si llueve, ¡qué hermoso es! En otoño, los atardeceres; cuando
el esplendente sol se hunde al filo de los montes y los cuervos vuelan de regreso
a sus nidos: en tríos, cuartetos, duetos; y es más encantador aún si una bandada
de ocas silvestres se distingue en lontananza, cual manchitas en el azul.
En invierno, las mañanas temprano. Es bello en verdad cuando la nieve ha caído
durante la madrugada; pero espléndido así mismo cuando la tierra está blanca de
escarcha…
El
Libro de la Almohada de Sei Shônagon fue la obra en que se inspiró Peter Greenaway
para su película The Pillow Book.
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Para escribir al autor nanocabanas@yahoo.es
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