| Angustia
Son
dos las razones del pesimismo en el que está viviendo la sociedad española en
estos momentos o, por decirlo con mayor precisión, la angustia que la atenaza.
En primer lugar, la situación social y económica ha llegado a un punto
en que las reacciones del mercado internacional son ya independientes de las medidas
económicas que a estas alturas pueda tomar el Gobierno. Ni un solo experto -independiente
de los compromisos con el Gobierno- es capaz de establecer una relación de causalidad
entre posibles medidas del Gobierno y una respuesta positiva del mercado internacional.
El Gobierno de Zapatero ha llegado al punto de ser realmente incapaz de controlar
la situación, sean cuales fueren sus decisiones a estas alturas. En una palabra,
Zapatero ha llegado a una real incapacidad para controlar la situación. Hasta
tal punto hemos llegado a perder toda credibilidad como nación. Davos habría sido
la escenificación de esa pérdida de prestigio. De lo que el propio Zapatero llama
"marca España".
En segundo lugar, la negrura de la situación no habría
llegado a tal punto si se entreviera una salida política, si el estado de ánimo
de los españoles no hubiera llegado a tener los ribetes de desesperanza que se
manifiesta en las encuestas y en los medios de comunicación, si tuviera confianza
en la capacidad del partido de la oposición dirigido por su líder actual. La realidad
es que la mayoría de la sociedad española parece no confiar de modo suficiente
en el recambio. ¿No resulta llamativo que un líder como Rosa Diez, testimonial
desde el punto de vista de la representación parlamentaria, esté consiguiendo
más adhesiones en las encuestas que Mariano Rajoy?
Cuando el futuro está
en manos del azar o depende de hechos que se escapan al control del Gobierno y
la sociedad no puede asirse a la seguridad que proporciona la alternancia en el
poder, hay que definirlo como angustioso. Este es el término.
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