AGENDA DE PRENSA - 8 de febrero de 2010
 
  EL MUNDO


LA ENTREVISTA DE ESTHER ESTEBAN / CELESTINO CORBACHO
"Con manifestaciones o sin ellas, el Gobierno no va a retirar la propuesta sobre pensiones"

Nunca pensó que su nombre iría unido al drama que viven más de cuatro millones de personas, ni que su ministerio estaría a diario en el ojo del huracán. Celestino Corbacho ha aprendido a hacer de la necesidad virtud, pone sus esperanzas en la reforma laboral y fija el segundo semestre como el final de la pesadilla

ESTHER ESTEBAN

La entrevista se celebra en su despacho del Ministerio de Trabajo sólo unas horas antes de que el Consejo de Ministros dé vía libre a la reforma laboral. Por eso advierte de que no podemos entrar en ese tema y propone hacer una actualización telefónica tras el anuncio de la medida. El ministro cumple lo prometido y la conversación se produce el sábado, a última hora de la tarde, en el único rato que se ha tomado de descanso en todo el fin de semana. Es un hombre de palabra, un político curtido a pie de calle, con un discurso directo sin florituras, que sólo cambia su tono afable y se pone muy serio cuando se le pregunta a bocajarro si no piensa tirar la toalla cada vez que la vicepresidenta económica le desautoriza: "Si constatara que me desautorizan, presentaría mi dimisión inmediata".

Pregunta.- Finalmente, el Gobierno ha dado marcha atrás aceptando una reforma laboral, pero muchos dicen que la montaña parió un ratón y que no han cogido el toro por los cuernos. ¿Es así?

Respuesta.- El Gobierno ha planteado propuestas abiertas. Nuestro objetivo era identificar las materias que necesitamos abordar para conseguir un mercado laboral moderno y acorde con los países de nuestro entorno, y trasladar esas líneas de trabajo a la mesa, que es donde se van a concretar. Esta misma semana iniciaremos las reuniones del Diálogo Social.

P.- ¿Qué objetivos tiene esta reforma laboral?

R.- Ésta no será una reforma light, sino de gran calado. Y pretende, ante todo, disminuir la gran temporalidad de nuestro mercado laboral, es decir, reducir la dualidad entre trabajadores fijos y temporales. También es fundamental favorecer la contratación de jóvenes. Asimismo, debemos reforzar los Servicios Públicos de Empleo y mejorar la intermediación, revisar la política de bonificaciones, promover la negociación colectiva y la flexibilidad interna en las empresas, y mejorar el control del absentismo laboral. Se plantea también fomentar el uso de la reducción de jornada, entre otras líneas de actuación.

P.- Usted dice que esta crisis no se arreglará con una sola reforma. ¿Tienen alguna otra en cartera?

R.- Habrá que hacer más reformas, sobre todo en el modelo económico. Esta crisis tiene componentes que tienen que ver con la contracción del consumo, los créditos y otros factores. Por eso es fundamental cambiar nuestro modelo.

P.- ¿Habrá un contrato para jóvenes con 33 días de indemnización? Porque eso ya existe, ¿no?

R. - La propuesta del Gobierno no incluye ningún tipo de contrato nuevo para los jóvenes, lo cual no significa que no haya que hacer un ambicioso programa para incentivar la contratación de ese sector.

P.- Eso significa que se bajará el coste del despido: ¿sí o no?

R.- No. No se abaratará el despido porque es falso que abaratarlo cree puestos de trabajo. Nuestro mercado laboral precisa mejoras, algunas profundas, pero el principal problema no son los costes de despido, es su dualidad. Sólo un ejemplo, en el pasado mes de enero se firmaron un 1.500.000 contratos y apenas el 9% eran fijos. Por eso, creemos que el mercado de trabajo precisa de instrumentos para reducir la temporalidad, y así se ha planteado para que en la mesa del Diálogo Social se debata en ese sentido

P.- ¿El contrato alemán es aplicable en nuestro país?

R.- No se puede calcar el denominado modelo alemán a nuestro mercado laboral, pero si es cierto que podemos adaptarlo. En el caso de los ERE, ese modelo alemán tiene como virtud que no incide en las plantillas, sino en las horas de trabajo. La producción se ajusta igual, pero no implica que un grupo de trabajadores quede en desempleo, sino que un grupo algo mayor reduce su jornada.

P.- El PP dice que el Gobierno ha puesto deberes a los agentes sociales para eludir sus responsabilidades. ¿Al final la reforma laboral está en el tejado de los agentes sociales o será el Gobierno quien decida?

R.- Las muestras de responsabilidad de los interlocutores sociales durante esta crisis me permiten pensar que habrá acuerdo, y que las reformas que se apliquen serán fruto de la coincidencia. No contemplo, hoy por hoy, un escenario de discrepancia en la reforma laboral.

P.- ¿Cuándo prevén que entrará en vigor? ¿Hay plazos? Porque admita que el horno no está para bollos…

R.- No hay fecha. Pero es cierto que no puede prolongarse indefinidamente. Todos deberíamos hacer un esfuerzo para que antes de tres meses hayamos conseguido un acuerdo sobre la reforma laboral.

P.- ¿Habrá ventajas para las empresas que aporten más estabilidad a sus empleados?

R.- Éste es el tema central. Debemos buscar fórmulas que permitan hacer atractiva fiscalmente la contratación estable.

P.- Ministro, ¿voy a cobrar pensión? ¿Y cuántos años tendré que trabajar para cobrarla?

R.- Usted cobrará pensión, y tendrá que cotizar 35 años para cobrar el máximo y 15 años para que le hagan el cálculo.

P.- Vamos, que en ningún caso el Gobierno piensa alargar hasta los 25 años el cómputo, aunque le pasaran esa propuesta a Bruselas…

R.- La única propuesta que hay es la que está en el documento que el Gobierno ha enviado al Pacto de Toledo, y ahí no se habla para nada de que tenga que haber un cómputo de 25 años. Sí se dice que ese tema, como muchos otros de la Seguridad Social, deberá ser objeto de debate en el Pacto de Toledo. Actualmente tenemos 15 años de cálculo y, salvo que el Pacto de Toledo decida cambiar esa materia, el Gobierno no hará ninguna propuesta concreta.

P.- Si no se modifica el sistema de pensiones, ¿correrían peligro?, ¿o el debate puede aplazarse unos años?

P.- Al debate de las pensiones no nos podemos sustraer. Se puede aplazar, pero no obviar. Ya en octubre de 2008 dije en un informe que las pensiones tenían una magnífica salud, que estaban garantizadas hasta 2025 y con el fondo de reserva se llegaba perfectamente al año 2030. Es evidente que cuando llegue ese momento habrá un problema serio si no tomamos medidas ya.

P.- Pero crear incertidumbre sobre las pensiones es lo que nos faltaba en una situación límite como la que tenemos por la crisis…

R.- El debate de las pensiones se ha contaminado porque no se tiene que hacer en función de la crisis económica, sino que es un debate demográfico. Tenemos que partir de la base de que en el año 2030 toda la población activa deberá estar trabajando; no podemos pensar que habrá un 20% de paro. Pero incluso trabajando todos habría tanta gente jubilada que los ingresos son insuficientes.

P.- ¿Y la solución sólo pasa por alargar hasta los 67 años la edad de jubilación? ¿Nos tenemos que preparar para eso nos guste o no?

R.- Lo que no podemos es obviar que el tema de la edad de jubilación es un debate que hay que hacer en España. El Gobierno ha sido valiente al plantear elevar la edad de jubilación de los 65 a los 67 años. Luego se podrá discutir cuándo se implanta la medida, si se aplica de forma universal o no, pero el Gobierno no puede eludir este tema. Sería una irresponsabilidad eludirlo, aunque la medida sea impopular. De todas formas, este asunto requiere menos ruido y más debate, menos críticas y más propuestas.

P.- Hasta anteayer, incluso las empresas públicas realizaban prejubilaciones escandalosas, y ahora el Gobierno apuesta por todo lo contrario. ¡Menudo bandazo!

R.- Desde que llegué, dije que había que combatir la cultura de las prejubilaciones, que deben ser la excepción, no la regla. Dije que cuando una persona llega a los 50 o 52 años no se le puede apartar como a un mueble porque ya no sirve. Además, un país que basa su futuro en la generación entre los 30 y los 50 años es un país que está más cerca del fracaso que del éxito. Hay que acabar con la cultura de la jubilación anticipada. Sería una contradicción hablar de que vamos a ampliar la edad de jubilación y paralelamente promover las jubilaciones anticipadas en cada vez más sitios.

P.- Vamos, que el Gobierno no se va a dejar torcer el brazo por los sindicatos, aunque estos ya han anunciado manifestaciones masivas…

R.- El Gobierno ha enviado una propuesta sobre pensiones al Congreso de los Diputados y no la va a retirar. Con manifestaciones o sin ellas. No hay mayor recorte social que, cuando una persona llegue a la jubilación en el año 2025, sólo pueda cobrar la mitad por lo que ha cotizado porque no hay dinero para pagarle más. Ése es el mayor recorte social.

P.- Pues el líder de CCOO dice que ustedes son "una pandilla de aficionados" y que sus planteamientos suponen un serio obstáculo para el diálogo social.

R.- Creo que ése es un comentario poco afortunado. Este debate se tiene que serenar. Los ciudadanos tienen que saber que hasta el año 2030 las pensiones no corren riesgo, y eso nos tiene que dar a todos sosiego. Todos, Gobierno, oposición y sindicatos, tenemos que estar a la altura de las circunstancias en un tema tan esencial.

P.- ¿Es sostenible un país con ocho millones de pensionistas, cuatro y pico de parados, tres millones de funcionarios y sólo 14,5 millones de trabajadores en activo?

R.- Claro que España es sostenible. Es verdad que las cifras del paro son altísimas, pero este país es fuerte, y aunque la crisis no va a ser neutra y tardaremos años en recuperarnos, la pesadilla de la destrucción de empleo puede terminar en el segundo semestre. Tenemos que volver a la cultura del trabajo y el esfuerzo, y así saldremos adelante.

P.- Sea como fuere, la opinión pública tiene la sensación de que el Gobierno es un barco a la deriva que vive de la improvisación.

R.- El Gobierno no es un barco a la deriva, en absoluto, y ya hay signos evidentes de que lo peor ya ha pasado. Tenemos la fuerza, la energía y el compromiso para seguir manejando el timón, y así lo haremos.

P.- Según el PP, son un barco sin rumbo, incapaces de afrontar esta situación de emergencia nacional y piden elecciones ya…

R.- El PP sabe que las elecciones no las ganará nunca por ser alternativa de Gobierno, y por eso aprovecha cualquier circunstancia para intentar erosionar y deteriorar nuestra imagen. Su estrategia de cuanto peor, mejor, se les va a volver en contra. En vez de ayudar, miran a su interés partidista, y por eso no remontan en las encuestas.

P.- Malos tiempos cuando la bolsa se hunde y España no sale de la recesión, ¿no? Hasta Almunia nos equipara ya a países como Grecia y eso mina la confianza de los mercados internacionales.

R.- Por un lado, hace ya mucho tiempo que las bolsas no reflejan la economía real, y esta misma semana hemos tenido una muestra clara de ello, el mismo día en que una de las mayores entidades financieras del mundo, con sede en España, anunciaba sus beneficios, los mercados españoles caían. Respecto al comisario Almunia, creo que debería incorporar a sus reflexiones teóricas el conocimiento de la realidad española que tiene. De esta forma serían más ajustadas y precisas.

P.- ¿Qué le parece el decretazo de José Blanco con los controladores? Dicen que es un precedente gravísimo que vulnera los derechos de los trabajadores y ellos amenazan con nuevas huelgas…

R.- Estoy plenamente de acuerdo con el ministro de Fomento. No es tolerable que una empresa pública pague sueldos millonarios a sus empleados mientras el Gobierno pide austeridad al resto de los españoles. Los informes jurídicos que tiene el Ministerio avalan la legalidad de la medida.

P.- ¿Cuántas veces ha tenido usted la tentación de tirar la toalla cuando la vicepresidenta económica le desautoriza?

R.- El día que tuviera la certificación real de que alguien me desautoriza o me ignora presentaría mi dimisión inmediata de forma irrevocable. Hasta ahora siempre me he sentido apoyado por quien me nombró, y a los avatares del día a día no les doy importancia.

P.- Si hubiera una crisis de Gobierno tras la presidencia europea, usted no cree que saldría del mismo.

R.- Es el presidente quien decide si debe hacer o no una remodelación. De todas formas, yo tardé dos horas en hacer la maleta y venirme a Madrid, y tardaré 20 minutos en volver a Cataluña si ya no se me necesita. Estaré aquí el tiempo que el presidente estime oportuno.