| LA ENTREVISTA
DE ESTHER ESTEBAN / CELESTINO CORBACHO "Con manifestaciones
o sin ellas, el Gobierno no va a retirar la propuesta sobre pensiones" Nunca
pensó que su nombre iría unido al drama que viven más de cuatro millones de personas,
ni que su ministerio estaría a diario en el ojo del huracán. Celestino Corbacho
ha aprendido a hacer de la necesidad virtud, pone sus esperanzas en la reforma
laboral y fija el segundo semestre como el final de la pesadilla ESTHER
ESTEBAN La entrevista se celebra en su despacho del Ministerio de Trabajo
sólo unas horas antes de que el Consejo de Ministros dé vía libre a la reforma
laboral. Por eso advierte de que no podemos entrar en ese tema y propone hacer
una actualización telefónica tras el anuncio de la medida. El ministro cumple
lo prometido y la conversación se produce el sábado, a última hora de la tarde,
en el único rato que se ha tomado de descanso en todo el fin de semana. Es un
hombre de palabra, un político curtido a pie de calle, con un discurso directo
sin florituras, que sólo cambia su tono afable y se pone muy serio cuando se le
pregunta a bocajarro si no piensa tirar la toalla cada vez que la vicepresidenta
económica le desautoriza: "Si constatara que me desautorizan, presentaría mi dimisión
inmediata".
Pregunta.- Finalmente, el Gobierno ha dado marcha atrás
aceptando una reforma laboral, pero muchos dicen que la montaña parió un ratón
y que no han cogido el toro por los cuernos. ¿Es así? Respuesta.-
El Gobierno ha planteado propuestas abiertas. Nuestro objetivo era identificar
las materias que necesitamos abordar para conseguir un mercado laboral moderno
y acorde con los países de nuestro entorno, y trasladar esas líneas de trabajo
a la mesa, que es donde se van a concretar. Esta misma semana iniciaremos las
reuniones del Diálogo Social. P.- ¿Qué objetivos tiene esta reforma laboral?
R.- Ésta no será una reforma light, sino de gran calado. Y pretende,
ante todo, disminuir la gran temporalidad de nuestro mercado laboral, es decir,
reducir la dualidad entre trabajadores fijos y temporales. También es fundamental
favorecer la contratación de jóvenes. Asimismo, debemos reforzar los Servicios
Públicos de Empleo y mejorar la intermediación, revisar la política de bonificaciones,
promover la negociación colectiva y la flexibilidad interna en las empresas, y
mejorar el control del absentismo laboral. Se plantea también fomentar el uso
de la reducción de jornada, entre otras líneas de actuación. P.- Usted
dice que esta crisis no se arreglará con una sola reforma. ¿Tienen alguna otra
en cartera? R.- Habrá que hacer más reformas, sobre todo en el modelo
económico. Esta crisis tiene componentes que tienen que ver con la contracción
del consumo, los créditos y otros factores. Por eso es fundamental cambiar nuestro
modelo. P.- ¿Habrá un contrato para jóvenes con 33 días de indemnización?
Porque eso ya existe, ¿no? R. - La propuesta del Gobierno no incluye
ningún tipo de contrato nuevo para los jóvenes, lo cual no significa que no haya
que hacer un ambicioso programa para incentivar la contratación de ese sector.
P.- Eso significa que se bajará el coste del despido: ¿sí o no?
R.- No. No se abaratará el despido porque es falso que abaratarlo cree puestos
de trabajo. Nuestro mercado laboral precisa mejoras, algunas profundas, pero el
principal problema no son los costes de despido, es su dualidad. Sólo un ejemplo,
en el pasado mes de enero se firmaron un 1.500.000 contratos y apenas el 9% eran
fijos. Por eso, creemos que el mercado de trabajo precisa de instrumentos para
reducir la temporalidad, y así se ha planteado para que en la mesa del Diálogo
Social se debata en ese sentido P.- ¿El contrato alemán es aplicable
en nuestro país? R.- No se puede calcar el denominado modelo alemán a
nuestro mercado laboral, pero si es cierto que podemos adaptarlo. En el caso de
los ERE, ese modelo alemán tiene como virtud que no incide en las plantillas,
sino en las horas de trabajo. La producción se ajusta igual, pero no implica que
un grupo de trabajadores quede en desempleo, sino que un grupo algo mayor reduce
su jornada. P.- El PP dice que el Gobierno ha puesto deberes a los agentes
sociales para eludir sus responsabilidades. ¿Al final la reforma laboral está
en el tejado de los agentes sociales o será el Gobierno quien decida? R.-
Las muestras de responsabilidad de los interlocutores sociales durante esta crisis
me permiten pensar que habrá acuerdo, y que las reformas que se apliquen serán
fruto de la coincidencia. No contemplo, hoy por hoy, un escenario de discrepancia
en la reforma laboral. P.- ¿Cuándo prevén que entrará en vigor? ¿Hay
plazos? Porque admita que el horno no está para bollos… R.- No hay fecha.
Pero es cierto que no puede prolongarse indefinidamente. Todos deberíamos hacer
un esfuerzo para que antes de tres meses hayamos conseguido un acuerdo sobre la
reforma laboral. P.- ¿Habrá ventajas para las empresas que aporten más
estabilidad a sus empleados? R.- Éste es el tema central. Debemos buscar
fórmulas que permitan hacer atractiva fiscalmente la contratación estable.
P.- Ministro, ¿voy a cobrar pensión? ¿Y cuántos años tendré que trabajar para
cobrarla? R.- Usted cobrará pensión, y tendrá que cotizar 35 años para
cobrar el máximo y 15 años para que le hagan el cálculo. P.- Vamos, que
en ningún caso el Gobierno piensa alargar hasta los 25 años el cómputo, aunque
le pasaran esa propuesta a Bruselas… R.- La única propuesta que hay es
la que está en el documento que el Gobierno ha enviado al Pacto de Toledo, y ahí
no se habla para nada de que tenga que haber un cómputo de 25 años. Sí se dice
que ese tema, como muchos otros de la Seguridad Social, deberá ser objeto de debate
en el Pacto de Toledo. Actualmente tenemos 15 años de cálculo y, salvo que el
Pacto de Toledo decida cambiar esa materia, el Gobierno no hará ninguna propuesta
concreta. P.- Si no se modifica el sistema de pensiones, ¿correrían peligro?,
¿o el debate puede aplazarse unos años? P.- Al debate de las pensiones
no nos podemos sustraer. Se puede aplazar, pero no obviar. Ya en octubre de 2008
dije en un informe que las pensiones tenían una magnífica salud, que estaban garantizadas
hasta 2025 y con el fondo de reserva se llegaba perfectamente al año 2030. Es
evidente que cuando llegue ese momento habrá un problema serio si no tomamos medidas
ya. P.- Pero crear incertidumbre sobre las pensiones es lo que nos faltaba
en una situación límite como la que tenemos por la crisis… R.- El debate
de las pensiones se ha contaminado porque no se tiene que hacer en función de
la crisis económica, sino que es un debate demográfico. Tenemos que partir de
la base de que en el año 2030 toda la población activa deberá estar trabajando;
no podemos pensar que habrá un 20% de paro. Pero incluso trabajando todos habría
tanta gente jubilada que los ingresos son insuficientes. P.- ¿Y la solución
sólo pasa por alargar hasta los 67 años la edad de jubilación? ¿Nos tenemos que
preparar para eso nos guste o no? R.- Lo que no podemos es obviar que
el tema de la edad de jubilación es un debate que hay que hacer en España. El
Gobierno ha sido valiente al plantear elevar la edad de jubilación de los 65 a
los 67 años. Luego se podrá discutir cuándo se implanta la medida, si se aplica
de forma universal o no, pero el Gobierno no puede eludir este tema. Sería una
irresponsabilidad eludirlo, aunque la medida sea impopular. De todas formas, este
asunto requiere menos ruido y más debate, menos críticas y más propuestas.
P.- Hasta anteayer, incluso las empresas públicas realizaban prejubilaciones
escandalosas, y ahora el Gobierno apuesta por todo lo contrario. ¡Menudo bandazo!
R.- Desde que llegué, dije que había que combatir la cultura de las prejubilaciones,
que deben ser la excepción, no la regla. Dije que cuando una persona llega a los
50 o 52 años no se le puede apartar como a un mueble porque ya no sirve. Además,
un país que basa su futuro en la generación entre los 30 y los 50 años es un país
que está más cerca del fracaso que del éxito. Hay que acabar con la cultura de
la jubilación anticipada. Sería una contradicción hablar de que vamos a ampliar
la edad de jubilación y paralelamente promover las jubilaciones anticipadas en
cada vez más sitios. P.- Vamos, que el Gobierno no se va a dejar torcer
el brazo por los sindicatos, aunque estos ya han anunciado manifestaciones masivas…
R.- El Gobierno ha enviado una propuesta sobre pensiones al Congreso
de los Diputados y no la va a retirar. Con manifestaciones o sin ellas. No hay
mayor recorte social que, cuando una persona llegue a la jubilación en el año
2025, sólo pueda cobrar la mitad por lo que ha cotizado porque no hay dinero para
pagarle más. Ése es el mayor recorte social. P.- Pues el líder de CCOO
dice que ustedes son "una pandilla de aficionados" y que sus planteamientos suponen
un serio obstáculo para el diálogo social. R.- Creo que ése es un comentario
poco afortunado. Este debate se tiene que serenar. Los ciudadanos tienen que saber
que hasta el año 2030 las pensiones no corren riesgo, y eso nos tiene que dar
a todos sosiego. Todos, Gobierno, oposición y sindicatos, tenemos que estar a
la altura de las circunstancias en un tema tan esencial. P.- ¿Es sostenible
un país con ocho millones de pensionistas, cuatro y pico de parados, tres millones
de funcionarios y sólo 14,5 millones de trabajadores en activo? R.- Claro
que España es sostenible. Es verdad que las cifras del paro son altísimas, pero
este país es fuerte, y aunque la crisis no va a ser neutra y tardaremos años en
recuperarnos, la pesadilla de la destrucción de empleo puede terminar en el segundo
semestre. Tenemos que volver a la cultura del trabajo y el esfuerzo, y así saldremos
adelante. P.- Sea como fuere, la opinión pública tiene la sensación de
que el Gobierno es un barco a la deriva que vive de la improvisación. R.-
El Gobierno no es un barco a la deriva, en absoluto, y ya hay signos evidentes
de que lo peor ya ha pasado. Tenemos la fuerza, la energía y el compromiso para
seguir manejando el timón, y así lo haremos. P.- Según el PP, son un
barco sin rumbo, incapaces de afrontar esta situación de emergencia nacional y
piden elecciones ya… R.- El PP sabe que las elecciones no las ganará
nunca por ser alternativa de Gobierno, y por eso aprovecha cualquier circunstancia
para intentar erosionar y deteriorar nuestra imagen. Su estrategia de cuanto peor,
mejor, se les va a volver en contra. En vez de ayudar, miran a su interés partidista,
y por eso no remontan en las encuestas. P.- Malos tiempos cuando la bolsa
se hunde y España no sale de la recesión, ¿no? Hasta Almunia nos equipara ya a
países como Grecia y eso mina la confianza de los mercados internacionales.
R.- Por un lado, hace ya mucho tiempo que las bolsas no reflejan la economía
real, y esta misma semana hemos tenido una muestra clara de ello, el mismo día
en que una de las mayores entidades financieras del mundo, con sede en España,
anunciaba sus beneficios, los mercados españoles caían. Respecto al comisario
Almunia, creo que debería incorporar a sus reflexiones teóricas el conocimiento
de la realidad española que tiene. De esta forma serían más ajustadas y precisas.
P.- ¿Qué le parece el decretazo de José Blanco con los controladores?
Dicen que es un precedente gravísimo que vulnera los derechos de los trabajadores
y ellos amenazan con nuevas huelgas… R.- Estoy plenamente de acuerdo
con el ministro de Fomento. No es tolerable que una empresa pública pague sueldos
millonarios a sus empleados mientras el Gobierno pide austeridad al resto de los
españoles. Los informes jurídicos que tiene el Ministerio avalan la legalidad
de la medida. P.- ¿Cuántas veces ha tenido usted la tentación de tirar
la toalla cuando la vicepresidenta económica le desautoriza? R.- El día
que tuviera la certificación real de que alguien me desautoriza o me ignora presentaría
mi dimisión inmediata de forma irrevocable. Hasta ahora siempre me he sentido
apoyado por quien me nombró, y a los avatares del día a día no les doy importancia.
P.- Si hubiera una crisis de Gobierno tras la presidencia europea, usted
no cree que saldría del mismo. R.- Es el presidente quien decide si debe
hacer o no una remodelación. De todas formas, yo tardé dos horas en hacer la maleta
y venirme a Madrid, y tardaré 20 minutos en volver a Cataluña si ya no se me necesita.
Estaré aquí el tiempo que el presidente estime oportuno.
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