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La munición en manos del BCE
Hace falta valor, y tener las cosas muy claras, para lanzar
un mensaje como el que envió ayer Jean-Claude Trichet a los
mercados. El presidente del BCE sugirió, en la rueda de prensa
posterior a la decisión de mantener los tipos en el 4%, que
no descarta una pequeña subida del precio del dinero en la
reunión del mes de julio en caso de que persistan las tensiones
inflacionistas. 'No es una decisión segura', dijo, 'pero es
posible.
A buen seguro habrá economistas, estrategas y analistas que
se habrán echado las manos a la cabeza, más que nada porque,
según está la situación económica a nivel global, lo que se
esperaba, de haber un movimiento de tipos en Europa, era una
bajada.
Pero el caso es que la inflación se ha convertido en un problema
serio y, hoy más que nunca, el BCE ha esgrimido los argumentos
que han apoyado su decisión de mantener los tipos en los últimos
meses: que su cometido es controlar la evolución de los precios,
no incentivar el crecimiento económico.
Ahora mismo Trichet tiene munición para contraatacar a los
críticos, que no son pocos. Para empezar, el último dato de
Eurostat arroja un crecimiento interanual en la Europa comunitaria
del 2,2%, con Alemania, motor del crecimiento regional, creciendo
a tasas del 1,5%. Pero, además, el encarecimiento de alimentos
y combustibles ha hecho de la subida de precios un caballo
difícil de domar. El IPC preliminar de la zona euro se situó
en mayo en el 3,6%, 1,6 puntos por encima del objetivo del
2% de la institución.
Trichet cuenta además con el apoyo de la reserva Federal de
Estados Unidos. Su presidente, Ben Bernanke, esta semana ha
mandado un mensaje similar: ha descartado nuevas rebajas de
tipos a corto plazo con el argumento de que los niveles actuales
(del 2%) parecen adecuados para garantizar crecimiento moderado
y estabilidad de precios. Y si quedan descartadas rebajas
de tipos en EE UU, no cabe duda de que el margen de actuación
del BCE se amplía notablemente.
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