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El fin del mundo tendrá que esperar
POR ANNA GRAU. NUEVA YORK.
Casi desde el principio ha habido miedos y suspicacias con
el Gran Colisionador de Hadrones (LHC por sus siglas en inglés,
esta vez) más propios de la época de Galileo. Lo cual quizás
no sea tan raro si se considera que estamos hablando de una
revolución científica comparable.
Hablamos del acelerador y colisionador de partículas más grande
jamás concebido, localizado en Suiza, con un túnel de 27 km
de circunferencia, donde por primera vez colisionaran hadrones
(protones) en lugar de electrones y positrones. Está previsto
que estos protones se aceleren hasta 7 Teraelectronvoltios,
energía que se doblará en el momento de la colisión. Quien
no sepa qué es exactamente un Teraelectronvoltio (un trillón
de electronvoltios) que no se preocupe: puede ser hasta mareante
intentar tener toda esa energía en la cabeza.
Ya hubo en el 2003 un primer informe del CERN para garantizar
la bondad y la seguridad del monstruo, además de su utilidad.
Si todo sale bien el LHC puede llevar la comprensión empírica
del universo más lejos que nunca. Rellenar los huecos de la
teoría de la relatividad especial, detectar si existe o no
la llamada "partícula de Dios" que explica cómo se cargan
de masa todas las demás, esclarecer de qué está hecho el 95%
de la materia, etc.
Un informe de 96 páginas
Lo que da miedo es que algo salga mal y que el castigo divino
sea terrible, mucho peor que el diluvio universal o que el
feo asunto de Sodoma y Gomorra. El atávico temor a desencadenar
fuerzas que no se puedan controlar ha vuelto a activarse con
fuerza ahora que ya sólo faltan meses para la entrada en acción
del acelerador. De ahí que el CERN haya intentado curarse
en salud sacando un nuevo informe.
Esta vez son 96 macizas páginas, coordinadas por científicos
del CERN y de la Universidad de Santa Barbara, en California,
poniendo especial énfasis en el mayor "coco" invocado por
los temerosos del acelerador: que en su seno se forme un agujero
negro capaz de tragarse la Tierra.
Agujeros negros
El informe del CERN considera casi imposible que se formen,
pero, de ser así, asegura que serían microscópicos, con lo
cual les faltaría fuerza gravitacional para atraer materia.
Según las teorías de Stephen Hawking, los agujeros negros
pierden masa a medida que emiten energía, con lo cual si no
tienen materia que atraer se evaporan en seguida.
Ciertamente no todo el mundo considera probadas al cien por
cien las teorías de Hawking. Pero en el CERN no se cansan
de insistir en que gran parte de la aprensión que inspira
el acelerador nace de la ignorancia de que las energías que
maneja pueden parecer muchas para una máquina pero son irrelevantes
para el universo. La vieja Tierra (y Júpiter, y la Luna, y
todo lo que se mueve allá fuera) está acostumbrada a soportar
de oficio radiaciones cósmicas mucho mayores.
En el informe llegan a comparar la energía de dos haces de
protones colisionando dentro del LHC con un tren de 400 toneladas
viajando a 150 km por hora. Pero insisten en que la energía
realmente liberada durante la colisión es mucho más pequeña,
equivalente a la de catorce mosquitos en pleno vuelo. La cifra
sube bastante si lo que colisionan son núcleos de plomo -otra
gran aventura pendiente-, pero aún así, no pasa de mil mosquitos.
Visto así, parece poca cosa para destruir un planeta.
Pero hay otros peligros que conjurar. El informe descarta
incluso con buen humor la posibilidad de ser engullidos por
un "strangelet", un pedazo de materia exótica o extraña supermasiva,
quarks en teoría más patibularios que los normales. Los científicos
descartan que estas partículas, de existir realmente, tengan
la sangre fría electromagnética de combinarse con la materia
ordinaria.
Máxima potencia en 2009
Asimismo el informe descarta la formación de monopolos magnéticos
(partículas con un único polo, positivo o negativo, previstas
por la teoría de la relatividad) que presuntamente podrían
llevar a la desintegración del protón, una reacción nuclear
nada halagüeña, de ser posible. Otro fantasma a alejar de
la mente es que el LCH genere un vacío cuántico en cuyo interior
está claro que no podríamos existir, ni nosotros ni nadie.
El LCH ya se está enfriando. Empezará este verano a acelerar
y colisionar hadrones aún por debajo de su capacidad, con
la idea de alcanzar su máxima potencia la próxima primavera.
Si entonces aún estamos aquí para contarlo, será que los pacientes
irónicos del CERN tenían razón.
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