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APUNTES ECONOMICOS
¿Qué hacer con la economía española?
Luis de Guindos
Ya casi nadie lo niega. La economía española se encuentra
en un momento complejo, seguramente el más difícil desde la
crisis de 1993. Los datos de desaceleración profunda son cada
vez más claros y, muy probablemente, en el segundo trimestre
el crecimiento respecto al primero estará muy cerca de cero,
en el mejor de los casos. Resulta complicado encontrar una
fase bajista del ciclo tan rápida e intensa como la que estamos
viviendo actualmente.Sin embargo, esto no es lo más preocupante.
Lo más preocupante es que a pesar de la intensidad y dureza
del ajuste los desequilibrios de la economía española no sólo
no se reducen, sino que incluso se amplían. Hemos visto como
el déficit exterior excedía del 11% del PIB y a la inflación
moverse hacia el 5%. Esto lo que en última instancia pone
de manifiesto es que el ajuste está por realizar y que van
a ser necesarias dosis de caída de demanda mucho más intensas
que las actuales para reducir los desequilibrios.
Además, la subida del precio del petróleo agrava todos los
problemas que ya tenía la economía española. Por un lado,
genera un impacto inflacionista, y por otro amplía la brecha
exterior. No obstante, lo más preocupante es que dicha alza
a través del deterioro de la relación real de intercambio
supone una transferencia de renta hacia los países exportadores
que profundiza las tendencias depresivas en la economía, y
nos empobrece, obligando a un ajuste más intenso del previsto.
¿Qué hacemos en estas circunstancias con la economía española?
Lo primero es no equivocarnos con el diagnóstico de la situación.Si
pensamos que lo que nos está pasando actualmente es un mero
bache coyuntural que va a durar tres o cuatro trimestres para
rebotar a mediados del año que viene y volver a crecer a partir
de entonces a cifras próximas a nuestro potencial -esto es,
del 3%- entonces puede que estemos volviendo a errar con el
diagnóstico de la situación. Porque los problemas actuales
de la economía española puede que nos lleven tras un aterrizaje
brusco, que suponga pasar de crecer a ritmos próximos al 4%
a un entorno no muy lejano de la contracción, a una situación
en la que estemos un período de tiempo dilatado con tasas
de crecimiento muy moderadas y claramente por debajo del potencial.
Se trataría de una situación similar a la que están padeciendo
Portugal o Italia desde hace más de un lustro.
Este segundo escenario tiene implicaciones totalmente distintas
para áreas tan relevantes como las finanzas públicas o para
nuestro sector financiero, y exige medidas de política económica
muy diferentes a las que se contemplan en el escenario de
mero bache coyuntural. La lógica detrás del escenario de ajuste
brusco y período dilatado de bajo crecimiento es que una vez
corregido parte del desequilibrio exterior e incluso la sobrevaloración
de los activos inmobiliarios, el rebote de la economía española
debería provenir de un tirón de la exportación de bienes y
servicios que en ausencia de devaluación parece hoy por hoy
bastante improbable.Necesitaremos para ello de una desinflación
competitiva al estilo alemán, que puede llegar a tomar, para
ser significativa, varios años de crecimiento de precios y
salarios por debajo de la media de nuestros socios a fin de
facilitar una mejora sustancial de nuestra competitividad.
Por ello, si aceptamos que el segundo escenario es el más
probable, el objetivo fundamental de la política económica
debería ser dotar a la economía española de la suficiente
flexibilidad para minimizar la duración del período de desinflación
competitiva y los costes sociales del mismo. En este segundo
escenario, la presión sobre las cuentas públicas va a ser
muy notable. Con crecimientos bajos del PIB y aumentos del
desempleo, los estabilizadores automáticos llevarán, incluso
sin decisiones discrecionales de gasto, a un deterioro notable
de los saldos presupuestarios, que ya podrían situarse de
forma agregada en déficit en este mismo ejercicio. Por tanto,
tendremos que ser especialmente cuidadosos en el control del
gasto público corriente, especialmente si queremos llevar
a cabo un programa más ambicioso de gasto en infraestructuras
y una rebaja del impuesto de sociedades que resulta prioritaria
en la recuperación de la competitividad de nuestra economía.
La presión sobre las cuentas públicas va a ser especialmente
intensa en el caso de los ayuntamientos y de las comunidades
autónomas, ya que sus ingresos son muy sensibles al sector
inmobiliario, cuya caída está siendo muy profunda. Por ello,
el contexto de la negociación del nuevo modelo de financiación
autonómica no va ser favorable y resultará difícilmente compatible
con las exigencias de los estatutos de autonomía aprobados
en la anterior legislatura. Otro ámbito de tensión será sin
duda la Seguridad Social ante el deterioro del mercado laboral,
por lo que la renovación del Pacto de Toledo debería ser una
prioridad para garantizar la viabilidad futura del sistema
público de pensiones tras los años de bonanza que anestesiaron
el necesario esfuerzo de reforma.
Sin embargo, si existe algo especialmente peligroso para la
economía española en estos momentos es la traslación de las
tensiones inflacionistas a salarios de forma pasiva vía las
cláusulas de actualización de los convenios colectivos. En
un contexto como el que vamos a vivir en el futuro próximo
dicha práctica puede agravar notablemente el proceso de destrucción
de empleo y de aumento del paro que se nos viene encima, retrasando
el ajuste de costes y precios imprescindible para generar
competitividad.Por ello, el sistema de negociación colectiva
es fundamental que evite dicha práctica y que establezca incentivos
a la mejora de la eficiencia y competitividad empresarial.
En definitiva, creo que el aterrizaje brusco de la economía
española ya es una realidad difícilmente solucionable. Para
moderarlo tendríamos que haber tomado medidas hace más de
un año. Lo que sí es posible hacer hoy es intentar poner en
marcha un conjunto de reformas que preparen a la economía
española para recuperar tasas de crecimiento próximas a su
potencial lo antes posible una vez que el ajuste, que va a
ser duro, haya concluido. Ahora se cumplen 50 años del Plan
de Estabilización que permitió pasar a nuestro país del modelo
autárquico a la apertura exterior y del dirigismo a un mayor
peso del mercado. La principal lección de dicho Plan es que
cuando en la economía española se introducen dosis de libertad
siempre reacciona positivamente. Hoy nuestra situación es
completamente distinta a la de entonces aunque la lección
sigue siendo válida. Por tanto, el anuncio del Presidente
del gobierno de la aprobación de un paquete de medidas de
reforma es sin duda una buena noticia. Esperemos que en esta
ocasión sí lleguemos a tiempo y que su contenido aborde las
actuaciones que con urgencia requiere nuestra economía.
luisdeguindos@hotmail.com
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