AGENDA DE PRENSA - 23 de junio de 2008
 
  EL MUNDO


APUNTES ECONOMICOS
¿Qué hacer con la economía española?

Luis de Guindos

Ya casi nadie lo niega. La economía española se encuentra en un momento complejo, seguramente el más difícil desde la crisis de 1993. Los datos de desaceleración profunda son cada vez más claros y, muy probablemente, en el segundo trimestre el crecimiento respecto al primero estará muy cerca de cero, en el mejor de los casos. Resulta complicado encontrar una fase bajista del ciclo tan rápida e intensa como la que estamos viviendo actualmente.Sin embargo, esto no es lo más preocupante. Lo más preocupante es que a pesar de la intensidad y dureza del ajuste los desequilibrios de la economía española no sólo no se reducen, sino que incluso se amplían. Hemos visto como el déficit exterior excedía del 11% del PIB y a la inflación moverse hacia el 5%. Esto lo que en última instancia pone de manifiesto es que el ajuste está por realizar y que van a ser necesarias dosis de caída de demanda mucho más intensas que las actuales para reducir los desequilibrios.
Además, la subida del precio del petróleo agrava todos los problemas que ya tenía la economía española. Por un lado, genera un impacto inflacionista, y por otro amplía la brecha exterior. No obstante, lo más preocupante es que dicha alza a través del deterioro de la relación real de intercambio supone una transferencia de renta hacia los países exportadores que profundiza las tendencias depresivas en la economía, y nos empobrece, obligando a un ajuste más intenso del previsto. ¿Qué hacemos en estas circunstancias con la economía española?

Lo primero es no equivocarnos con el diagnóstico de la situación.Si pensamos que lo que nos está pasando actualmente es un mero bache coyuntural que va a durar tres o cuatro trimestres para rebotar a mediados del año que viene y volver a crecer a partir de entonces a cifras próximas a nuestro potencial -esto es, del 3%- entonces puede que estemos volviendo a errar con el diagnóstico de la situación. Porque los problemas actuales de la economía española puede que nos lleven tras un aterrizaje brusco, que suponga pasar de crecer a ritmos próximos al 4% a un entorno no muy lejano de la contracción, a una situación en la que estemos un período de tiempo dilatado con tasas de crecimiento muy moderadas y claramente por debajo del potencial. Se trataría de una situación similar a la que están padeciendo Portugal o Italia desde hace más de un lustro.

Este segundo escenario tiene implicaciones totalmente distintas para áreas tan relevantes como las finanzas públicas o para nuestro sector financiero, y exige medidas de política económica muy diferentes a las que se contemplan en el escenario de mero bache coyuntural. La lógica detrás del escenario de ajuste brusco y período dilatado de bajo crecimiento es que una vez corregido parte del desequilibrio exterior e incluso la sobrevaloración de los activos inmobiliarios, el rebote de la economía española debería provenir de un tirón de la exportación de bienes y servicios que en ausencia de devaluación parece hoy por hoy bastante improbable.Necesitaremos para ello de una desinflación competitiva al estilo alemán, que puede llegar a tomar, para ser significativa, varios años de crecimiento de precios y salarios por debajo de la media de nuestros socios a fin de facilitar una mejora sustancial de nuestra competitividad.

Por ello, si aceptamos que el segundo escenario es el más probable, el objetivo fundamental de la política económica debería ser dotar a la economía española de la suficiente flexibilidad para minimizar la duración del período de desinflación competitiva y los costes sociales del mismo. En este segundo escenario, la presión sobre las cuentas públicas va a ser muy notable. Con crecimientos bajos del PIB y aumentos del desempleo, los estabilizadores automáticos llevarán, incluso sin decisiones discrecionales de gasto, a un deterioro notable de los saldos presupuestarios, que ya podrían situarse de forma agregada en déficit en este mismo ejercicio. Por tanto, tendremos que ser especialmente cuidadosos en el control del gasto público corriente, especialmente si queremos llevar a cabo un programa más ambicioso de gasto en infraestructuras y una rebaja del impuesto de sociedades que resulta prioritaria en la recuperación de la competitividad de nuestra economía.

La presión sobre las cuentas públicas va a ser especialmente intensa en el caso de los ayuntamientos y de las comunidades autónomas, ya que sus ingresos son muy sensibles al sector inmobiliario, cuya caída está siendo muy profunda. Por ello, el contexto de la negociación del nuevo modelo de financiación autonómica no va ser favorable y resultará difícilmente compatible con las exigencias de los estatutos de autonomía aprobados en la anterior legislatura. Otro ámbito de tensión será sin duda la Seguridad Social ante el deterioro del mercado laboral, por lo que la renovación del Pacto de Toledo debería ser una prioridad para garantizar la viabilidad futura del sistema público de pensiones tras los años de bonanza que anestesiaron el necesario esfuerzo de reforma.

Sin embargo, si existe algo especialmente peligroso para la economía española en estos momentos es la traslación de las tensiones inflacionistas a salarios de forma pasiva vía las cláusulas de actualización de los convenios colectivos. En un contexto como el que vamos a vivir en el futuro próximo dicha práctica puede agravar notablemente el proceso de destrucción de empleo y de aumento del paro que se nos viene encima, retrasando el ajuste de costes y precios imprescindible para generar competitividad.Por ello, el sistema de negociación colectiva es fundamental que evite dicha práctica y que establezca incentivos a la mejora de la eficiencia y competitividad empresarial.

En definitiva, creo que el aterrizaje brusco de la economía española ya es una realidad difícilmente solucionable. Para moderarlo tendríamos que haber tomado medidas hace más de un año. Lo que sí es posible hacer hoy es intentar poner en marcha un conjunto de reformas que preparen a la economía española para recuperar tasas de crecimiento próximas a su potencial lo antes posible una vez que el ajuste, que va a ser duro, haya concluido. Ahora se cumplen 50 años del Plan de Estabilización que permitió pasar a nuestro país del modelo autárquico a la apertura exterior y del dirigismo a un mayor peso del mercado. La principal lección de dicho Plan es que cuando en la economía española se introducen dosis de libertad siempre reacciona positivamente. Hoy nuestra situación es completamente distinta a la de entonces aunque la lección sigue siendo válida. Por tanto, el anuncio del Presidente del gobierno de la aprobación de un paquete de medidas de reforma es sin duda una buena noticia. Esperemos que en esta ocasión sí lleguemos a tiempo y que su contenido aborde las actuaciones que con urgencia requiere nuestra economía.


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