AGENDA DE PRENSA - 30 de junio de 2008
 
  LA VANGUARDIA


LA CRÓNICA
Los nacionalistas pasan a la ofensiva y amenazan con tumbar los presupuestos

Zapatero se enfrenta a la peor de las crisis políticas en pleno frenazo económico

Jordi Barbeta - Barcelona

En plena crisis económica, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, se enfrenta a la peor de las crisis de hoy, ni un solo grupo parlamentario está dispuesto a apoyar el proyecto de presupuestos para el año próximo, pero lo que es más grave: los partidos nacionalistas que han venido complementando la mayoría de gobierno - sobre todo, PNV, BNG y CiU- han decidido coordinar sus estrategias de oposición en el Congreso para tumbar el proyecto gubernamental presupuestario si los socialistas no atienden sus demandas.

La devolución por parte de la Cámara del proyecto de presupuestos del Gobierno provocaría una crisis política que sólo tiene como precedente similar, la prórroga presupuestaria de 1995, que estuvo acompañada de una convocatoria de unas elecciones anticipadas y que culminó con la derrota de Felipe González frente a José María Aznar en 1996. En la Moncloa y en Ferraz existe la convicción de que el verdadero órdago nacionalista no va a ser la consulta soberanista de Ibarretxe, sino los presupuestos.

Es la incertidumbre política más inoportuna que pueda presentarse en una situación de crisis económica y viene determinada por la pugna política entre el PSOE y los partidos nacionalistas que, siendo como eran hasta ahora aliados, de repente, se han convertido en adversarios declarados.

Los socialistas han pasado de intercambiarse favores con los nacionalistas a desalojar a CiU del poder en Catalunya, y a disputárselo abiertamente al PNV en Euskadi, tras el rechazo de la consulta propuesta por el lehendakari Ibarretxe. En Galicia, el BNG observa alarmado cómo la coalición de gobierno con el PSdG está provocando un trasvase de votos nacionalistas hacia los socialistas sólo comparable a la sangría que sufre Esquerra Republicana con el tripartito catalán.

A finales de mayo, delegaciones de CiU y PNV, encabezadas al máximo nivel por Artur Mas e Íñigo Urkullu, se reunieron en Sabinetxea, la sede nacional del PNV, para coordinar estrategias. El PNV considera que el PSE está "copiando" la estrategia del PSC en Catalunya para desalojarle, por lo que difícilmente van a pactar nada con los socialistas antes de las elecciones vascas que ya se prevén para febrero.

Previamente, en una reunión de Galeuscat, con participación del BNG, fueron los nacionalistas gallegos los más dispuestos a "aprovechar que tenemos la sartén por el mango" en referencia a la llave de la mayoría en el Congreso de los Diputados.

En cualquier caso, partiendo de la base de que la aprobación de los presupuestos es cuestión de vida o muerte para cualquier gobierno y que el presidente Zapatero ha acumulado considerables deudas con CiU, PNV y BNG, los tres partidos nacionalistas consideran que "donde las dan las toman" y que ha llegado el momento de que "sea Zapatero quien pase por el aro".

En ambas reuniones la posición de CiU ha sido la misma: "Sólo un acuerdo de financiación autonómica que incorpore el salto cualitativo previsto en el Estatut nos situaría en un escenario de negociación presupuestaria". Hasta ahora, los cálculos de CiU cifran en más de 5.000 millones de euros el salto que incorpora el Estatut. La reforma del sistema de financiación autonómica se ha convertido en la principal pesadilla del Gobierno, hasta el punto de convertirse en tabú para no excitar el frente meridional. Casi está prohibido hablar del tema antes del congreso del PSOE y por esa razón y no por cuestiones técnicas aplazó la publicación de las balanzas fiscales hasta la semana siguiente del cónclave socialista. El motivo es el veto andaluz a la bilateralidad con Catalunya prevista en el Estatut.

Los socialistas andaluces, coaligados con prácticamente todos los demás, menos los baleares, ya impusieron la multilateralidad como norma en el programa del PSOE, y defenderán con ardor guerrero sus tesis en el congreso de la semana que viene. En cambio, la estrategia de la cúpula de Ferraz es evitar el asunto para que Zapatero salga del Congreso por la puerta grande, reforzado y con las manos libres para hacer luego lo que más le convenga.

No en vano, antes del 9 de agosto el Gobierno tendrá que pronunciarse respecto al cumplimiento del Estatut y no podrá permitirse el lujo de desairar no sólo a CiU, sino tampoco al PSC que - no hay que olvidarlo- tiene 25 diputados. Nadie prevé la rebelión de los socialistas catalanes, pero todo el mundo tiene muy presente que "un nuevo trágala de Zapatero" tendría consecuencias. Y lo más complicado de todo es que, como ocurrió con el Estatut, para asegurarse el apoyo de CiU a los presupuestos del Estado, el protagonismo de un buen acuerdo de financiación, en el caso de que se produjera, tendría que ser para
los nacionalistas, con 15 diputados menos. La preocupación gubernamental por su situación de minoría sin aliados estables es tal que la presión sobre CiU es tremenda, incluida la "tentación" de incorporar ministros nacionalistas al Gobierno central. No se ha planteado formalmente, pero sí se ha comentado en reuniones informales presididas por una voluntad recíproca de colaboración que choca con la existencia del tripartito en Catalunya. "Somos un partido de oposición - dicen los nacionalistas de CiU al PSOE- por una decisión socialista y no os quepa ninguna duda de que vamos a ejercer como tal porque así lo habéis querido".

Descartados, pues, los partidos nacionalistas moderados, al Gobierno le faltan siete diputados para la mayoría absoluta. De entrada, también le falla Coalición Canaria, que está gobernando en el archipiélago ahora con el PP. Tampoco parece muy dispuesta a participar en la geometría variable la diputada del grupo mixto, Rosa Díez. Existe, como siempre, la tentación de comprar por enésima vez los votos de Izquierda Unida-Iniciativa per Catalunya, que son dos, aunque esta vez saldrán algo más caros. Los cinco restantes están en manos de los socios de gobierno de los socialistas en Galicia y en Catalunya, el BNG y Esquerra Republicana.

Los socialistas ven factible recuperar la relación con el BNG si se presta a contribuir a ello el presidente de la Xunta, Emilio Pérez Touriño. En tal caso, volverían a ser decisivos los tres diputados de Esquerra Republicana. No sería un buen escenario para el PSOE, pero, interpretando la ley de Murphy, aún podría ser peor.