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El Ejecutivo busca una salida a las tensiones crediticias
Dinero negro en el punto de mira
El Gobierno estudia propuestas que incluyen una posible regularización
Manel Pérez
Puede paralizarse la economía española por falta de recursos,
de dinero y créditos? Según el vicepresidente del Gobierno,
el Banco de España y los grandes bancos españoles, no. Según
algunos economistas, un sector del propio Gobierno y las organizaciones
empresariales, sí. Los primeros sostienen que basta acudir
a las sucursales bancarias y pedir un crédito; si las garantías
son las adecuadas, se obtendrá sin mayor problema. Eso sí,
con condiciones financieras más duras por las tensiones que
sufre el sistema internacional. Los segundos aseguran que
la banca ha cerrado drásticamente el grifo del crédito y que
es cada día más difícil mantener la actividad si se necesita
financiación bancaria.
En el Gobierno hay división de opiniones. Pedro Solbes, el
vicepresidente y ministro de Economía, defiende que ya se
ha hecho lo necesario y que la línea de acción y sus límites
los ha marcado el presidente José Luis Rodríguez Zapatero
en la presentación el pasado lunes de su informe económico.
Es decir, adelantos de IVA a las empresas, reforma del impuesto
de sociedades y una línea de financiación para pymes y viviendas
de protección oficial a través del ICO, el banco público.
Otros, desde el ex responsable de la Oficina Económica del
Presidente (OEP), David Taguas, ya habían propuesto la creación
de una agencia privada o consorcio con supervisión pública
para asegurar la colocación de las emisiones de deuda de bancos
y cajas de ahorros. Algunas propuestas discutidas en petit
comité en el seno del Ejecutivo llegan incluso a plantear
vías de regularización del dinero negro para que esos recursos
ocultos al fisco se transformen en depósitos a largo plazo
en el sistema financiero y puedan financiar la actividad económica.
Se trata de los famosos 111 millones de billetes de 500 euros
(55.000 millones) que aún están fuera de control. Algunas
fuentes atribuyen al ministro de Industria, Miguel Sebastián,
la mayor preocupación por el tema en el seno del Ejecutivo.
El diputado de CiU Josep Sánchez Llibre ha presentado esta
misma semana una interpelación parlamentaria a Solbes en la
que ha propuesto al Gobierno "inyectar liquidez en el sistema
financiero para reducir las tensiones existentes para la financiación
de la actividad económica y que no es una restricción limitada
al sector inmobiliario, sino que se extiende a la totalidad
de las actividades productivas". Según el diputado, "uno de
los problemas de la economía española es el cuello de botella
que padece nuestro sistema financiero motivado por las dificultades
que tiene nuestra economía para financiar la deuda financiera
externa que vence este año". Solbes contestó que se lo pensaría.
Sánchez Llibre asegura que su planteamiento obedece a las
demandas que le llegan desde el mundo empresarial.
El fondo del problema reside en la necesidad de financiación
exterior de la economía española. Durante los últimos años,
el ahorro interno ha sido insuficiente para financiar las
inversiones, por lo que se ha recurrido masivamente a la financiación
externa, a los créditos del sistema financiero internacional.
La deuda privada española por este concepto supera los 700.000
millones, a los que deben añadirse los intereses. De esa cifra,
se estima que unos 200.000 millones vencen este año 2008,
una tercera parte de los cuales correspondiente a la banca,
el resto al sector empresarial. Si se hubiese mantenido la
normalidad de los últimos años, una parte de esos vencimientos
de deuda se habría renovado automáticamente, con lo que la
banca seguiría disponiendo de recursos para financiar la concesión
de créditos y las empresas mantendrían sus inversiones y la
normalidad en sus balances. La crisis financiera internacional
ha trastocado esas pautas y la desconfianza mutua entre entidades
y países obliga a pensar que la mayoría deberán ser atendidos,
es decir pagados, y no renovados.
Para hacer frente a esa contingencia, bancos y cajas acumulan
dinero fresco para devolver los créditos cuando llegue su
vencimiento y por ello prestan menos dinero a unas empresas
que ofrecen menos seguridades que antes debido al cambio del
ciclo económico. Gran parte de la banca sólo tiene asegurada
su financiación con plazos de vencimiento cortísimos, de días,
y con costes muy altos. Este fenómeno explica la actual campaña
de captación de pasivo, depósitos, de las entidades y los
elevados rendimientos que ofrecen algunos depósitos.
Los empresarios piden emisiones de deuda pública
Fuentes cercanas al Gobierno señalan que "la situación actual
es de restricción crediticia sin duda, pero el gran problema
se producirá de aquí a pocos meses, cuando comiencen a apilarse
los vencimientos. Para evitar que eso provoque un bloqueo
hay que empezar a actuar ahora". Sólo un drástico y poco probable
cambio de escenario internacional, y el retorno a la fluidez
financiera del pasado, podría cambiar la perspectiva.
Algunos empresarios, especialmente grandes constructores,
también han propuesto emisiones de deuda pública, cada punto
sobre el PIB equivale a unos 10.000 millones de euros, aprovechando
el bajo nivel, poco más del 30%, que registra el Estado español.
La respuesta de Solbes hasta ahora ha sido que los mercados
penalizarían esa actitud poniendo en riesgo la calificación
de la deuda española y elevando el diferencial que ya se registra
respecto a la deuda de referencia, el bono alemán. Algunos
economistas consultados estiman que para que esa propuesta
fuera viable debería asumirse un incremento del peso de la
deuda sobre el PIB de al menos 5 puntos.
La propuesta de Agencia o Consorcio presentada por Taguas
al presidente del Gobierno poco antes de las pasadas elecciones
y de su cese en el cargo implicaba asociar a algunas de las
entidades líderes de la banca española (Santander, BBVA y
La Caixa fundamentalmente) y el banco público ICO. Entre todas
las entidades aportarían unos 1.500 o 2.000 millones de euros
con los que podrían acudir a los mercados internacionales
y emitir deuda de 50.000 o 60.000 millones. Con ella podrían
adquirir titulizaciones de bancos y cajas españolas. Según
sus promotores, las entidades líderes obtendrían beneficios
y facilitarían crédito a todo el sistema manteniendo al mismo
tiempo una alta calificación al tratarse de grandes entidades
y estar supervisadas por el Banco de España.
Más controvertida políticamente es la propuesta de regularización
fiscal para el dinero opaco que también se ha barajado en
el Gobierno. Las características serían similares a la aprobada
a finales de los 80 por el primer Gobierno socialista de Felipe
González, cuando Miguel Boyer desempeñaba las funciones de
Ministro de Economía. A cambio de colocar en depósitos bancarios
a largo plazo, cuatro años, y con bajo rendimiento, el dinero
no declarado al fisco quedaría legalizado al vencimiento.
La gestión bancaria de esos depósitos implicaría una notable
expansión del crédito. Obviamente, el principal obstáculo
para esta propuesta es la reacción social, especialmente de
quienes han cumplido con sus obligaciones fiscales.
De fondo, a la hora de buscar soluciones a la sequía de recursos
de la economía española, subyace el choque de dos posiciones.
Por un lado, quienes creen que buscar mecanismos de ayuda
impide la necesaria reestructuración de la economía, la reducción
de su deuda y la reconversión de los sectores que han protagonizado
el pasado boom. Por otro, quienes temen que la evaporación
de 200.000 millones de euros provoque una crisis económica
y social irresistible y, para evitarlo, debe hacerse casi
cualquier cosa.
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