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CRISIS FINANCIERA / Pistas para no perderse
Las cifras de la crisis crediticia
Ahora que Obama propone un plan de rescate de un billón
de dólares, el autor ofrece una guía práctica sobre los descomunales
números que se manejan
MARCUS DU SAUTOY
La recesión global nos ha traído a colación un montón de cifras
tan enormes, con tal número de ceros, que cada vez se hace
más difícil situarlas dentro de algún tipo de perspectiva.
El Banco de Inglaterra ha anunciado recientemente que va a
inyectar en la economía británica dinero fresco por valor
de 150.000 millones de libras esterlinas, una suma inimaginable,
aunque inmediatamente después nos enteramos de que Barack
Obama propone tirar la casa por la ventana y destinar otro
billón de dólares más a rescatar las instituciones de Wall
Street que han perdido el norte. Bueno, tampoco es tanto dinero,
ahora que ha tenido que revisarse el montante de la deuda
pública de Gran Bretaña, un billón y medio de libras esterlinas,
a consecuencia de la clasificación de dos bancos comerciales,
el Lloyds y el Royal Bank of Scotland, como corporaciones
públicas.
Millones, billones, trillones... palabras que nos suenan conocidas
a la mayoría de nosotros, incluso aunque no seamos capaces
de precisar el número de ceros que contienen. En enero, Zimbaue
imprimió un billete de sus dólares con una cifra que contenía
11 ceros, pero sólo para tener que reducir aún más el valor
de su moneda un mes más tarde. Aun así, todavía no ha igualado
la emisión del Banco Nacional Húngaro en 1946, que lanzó el
billete con el valor facial más alto que se haya puesto jamás
en circulación, un billete de 100 trillones (20 ceros) de
peng.
Para entender un poco de lo que está ocurriendo (y de lo mal
que están realmente las cosas), es preciso hacerse una cierta
idea de la verdadera magnitud de estas cifras. He aquí, pues,
una breve guía, que va desde el cero hasta el número mayor
de todos.
Cero: El cero, un número relativamente reciente en la escena
matemática, no fue reconocido como tal número con derecho
propio hasta que los indios empezaron a investigar sus propiedades
en el siglo séptimo después de Cristo (los indios son asimismo
responsables de los otros nueve símbolos que utilizamos para
representar los números, o sistema arábigo tal y como lo conocemos
en España, aunque en otros países se denomina indo-arábigo).
El cero fue introducido en Europa por el matemático italiano
Fibonacci en el siglo XII, aunque las autoridades lo encontraron
tan sospechoso que el Gobierno de Florencia prohibió su utilización
en 1299.
El invento del número cero por los indios está directamente
relacionado con su fascinación por las grandes cifras. La
saga sánscrita Lalitavistara incluye un relato de Gautama
Buda, a quien en un determinado momento se le pide que diga
en voz alta todos los números hasta llegar al que contenga
421 ceros, una tarea que requiere una inmensa pérdida de tiempo.
10: El sistema de base 10 que utilizamos en la actualidad
es consecuencia directa del hecho de que tenemos diez dedos
(los Simpson, es de suponer, funcionan con base ocho). Hubo
otras culturas que no se rindieron a la fuerza de atracción
del 10; los antiguos babilonios sumaban de sesenta en sesenta
y todavía nos quedan vestigios de su sistema de numeración
en el mundo de nuestros días. El hecho de que haya sesenta
minutos en una hora y 360 grados en un círculo es una reliquia
de la preferencia de los babilonios por la base 60. El resultado
de añadir ceros al final de un número babilónico es, en consecuencia,
aún más apabullante que nuestra moderna notación decimal.
1.000.000 (un millón): Cuando de verdad empezamos a comprobar
las auténticas posibilidades del sistema arábigo es cuando
entramos en las grandes cifras. Los romanos tenían que ir
asignando nuevas letras cada vez que sus cifras iban aumentando
más y más (C para 100, D para 500, M para 1.000) porque no
tenían ceros para añadirlos al final. Para dar una idea de
lo grande que es un millón, basta decir que un millón de segundos
son algo más de once días y medio y que, si se colocara un
millón de monedas de una libra esterlina una detrás de otra,
alcanzaría una longitud de 22,5 kilómetros [un millón de monedas
de euro puestas una detrás de otra alcanzaría una longitud
de 24 kilómetros].
1.000.000.000 (mil millones, o un billón en el mundo anglosajón):
En el Reino Unido, esta cifra se denominaba, sencillamente,
mil millones, mientras que la denominación de un billón estaba
reservada a un millón de millones (un número seguido de 12
ceros). Sin embargo, las presiones para homogeneizar la numeración
británica con la de los Estados Unidos llevaron al primer
ministro de aquel entonces, Harold Wilson, a anunciar en 1974
que, siempre que el gobierno hablara de un billón, a partir
de esa fecha se estaría refiriendo a un número seguido de
nueve ceros.
Ahora bien, si a alguien hay que echar la culpa de la confusión
sobre los billones, es a los franceses. A lo largo de la historia,
han basculado entre diferentes definiciones, lo que ha causado
auténticos estragos en la denominación de las cifras. En 1480
propusieron que un billón tuviera 12 ceros, que fue la pauta
que adoptaron los británicos [y los españoles]. Posteriormente,
a mediados del siglo XVII, decidieron prescindir de tres ceros,
con lo que un billón se transformó en un número seguido de
nueve ceros. Los recién nacidos Estados Unidos hicieron suya
esta nueva definición. Mucho tiempo después, en 1948, los
franceses echaron marcha atrás y volvieron al antiguo sistema.
1.000.000.000.000 (un billón, o un trillón en el mundo anglosajón):
Para ayudar a Obama a poner en perspectiva la verdadera magnitud
de su plan de rescate, diremos que un billón de segundos le
retrotraerían 31.709 años, a los tiempos prehistóricos de
los cazadores recolectores.Si se pusieran en fila monedas
de una libra esterlina por valor del billón y medio de libras
que, según se ha informado, se volatilizaron de los mercados
globales en un solo 'viernes negro' [en la bolsa], se cubriría
la distancia de aquí a Marte.
1.000.000.000.000.000 (mil billones, o un cuatrillón en el
mundo anglosajón): Los matemáticos escriben este número como
10 elevado al 15; ese 15 en el superíndice indica cuántos
ceros van detrás de la unidad. Dado que ya hemos hecho desaparecer
mil billones de los mercados, éste es seguramente el siguiente
orden de magnitudes que pronto va a empezar a aparecer en
escena.
Los norteamericanos y los británicos denominan cuatrillón
a esta cifra, mientras que en parte de la Europa continental
se habla de billardo [como los mil millones en España son
un millardo en parte de Europa occidental]. El mercado mundial
de derivados tiene un valor nominal de aproximadamente la
mitad de un cuatrillón anglosajón de dólares [es decir, quinientos
billones], lo que equivale a diez veces el valor de la producción
mundial, razón por la cual el mercado de derivados está considerado
por algunos analistas una auténtica bomba de relojería. Pónganse
una tras otra monedas de libra equivalentes a esta cifra y
la hilera se saldrá fuera de los confines de nuestro sistema
solar.
10 elevado al 100 (el 100 como superíndice) (un 'googol'):
La palabra 'googol' en referencia a este número fue acuñada
en 1938 por un niño de nueve años, Milton Sirotta, a quien
su tío, matemático de profesión, le pidió que pensara un nombre
para un número compuesto por una unidad seguida de 100 ceros.
Si la idea de semejante número no resulta ya de por sí lo
suficientemente mareante, piénsese en que un 'googolplex'
es una cifra con un número 'googol' de ceros. Como seguramente
todo el mundo sabe, una variante del nombre de este número,
con un error ortográfico intencionado, es en la actualidad
la marca de un conocidísimo motor de búsqueda de 'internet'.
Fue también la respuesta a la pregunta del millón de libras
que el tramposo del comandante Charles Ingram dio en el programa
de televisión 'Who Wants To Be A Millionaire?' ['¿Quién quiere
ser millonario?'] en el Reino Unido.
316470269330...66697152511: Este es el número primo más grande
que se ha descubierto hasta la fecha (con la colaboración
de un potente ordenador). Cuenta casi con 13 millones de números
y se encontró en fecha tan reciente como agosto del año pasado.Imprimir
la cifra completa requeriría una sucesión de páginas del tamaño
de las de este periódico que se extenderían por una longitud
de unos 48 kilómetros y se tardarían más de dos meses en recitar
de viva voz cada uno de los números que la componen.Al descubridor
le ha reportado un premio de 100.000 dólares por haber hallado
el primer número que rompe la barrera de los 10 millones de
dígitos. El premio que se ofrece ahora es de 150.000 dólares
por encontrar un número primo con más de 100 millones de dígitos.
Gracias a Euclides, el matemático griego de la antigüedad,
sabemos que hay números primos con todos los dígitos que queramos
poner.
Tropecientos (zillón en el mundo anglosajón): Si se pregunta
a niños que digan un número grande de verdad, con frecuencia
muchos de ellos optarán por decir tropecientos. Este nombre
no corresponde al de ningún número en concreto, pero se ha
hecho un hueco en el lenguaje para expresar un número de una
magnitud enorme pero indefinida. El equivalente en inglés
sería 'zillion' [zillón], una palabra inventada por el escritor
norteamericano Damon Runyon, autor de la novela Guys and Dolls.
Infinito: Los niños más inteligentes, sin embargo, optarán
por responder 'inifinito' a la pregunta sobre el número más
grande que se puedan imaginar. Hasta finales del siglo XIX,
el concepto se refería a lo que resulta imposible de conocer
pero, para sorpresa general, en 1874 un matemático llamado
Georg Cantor puso de manifiesto que hay muchas clases de infinidad
y que algunas son 'más grandes' que otras. También demostró
que puede tener sentido la suma y multiplicación de cantidades
infinitas. Pagó un alto precio por sus investigaciones, sin
embargo, puesto que pasó una gran parte de su vida recluido
en un manicomio de Halle (Alemania).
Así pues, en el gran esquema del universo matemático, los
números que se han estado manejando durante las últimas semanas
son más bien cantidades menores. Por mal que vayan las cosas,
los matemáticos siempre estarán ahí al quite con un nombre
y una notación para salir al paso de la próxima arremetida
de malas cifras económicas.
Marcus du Sautoy es profesor de matemáticas de la Universidad
de Oxford.
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