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Ética y estética
JOAQUÍN ESTEFANÍA
¿Hubiera fichado el lobby de las grandes constructoras a David
Taguas, ex director de la Oficina Económica del Presidente
(OEP), por su capacidad técnica, en el caso de que el PP hubiera
ganado las elecciones? Sólo contestando afirmativamente a
este contrafáctico tiene sentido proseguir el debate sobre
la ética, la estética y las incompatibilidades de altos cargos
que se ha abierto a raíz de este caso, hecho público a la
puerta de un gigantesco puente, como si las continuas festividades
fuesen a amortiguar la publicidad de tal decisión. Cuando
el sentido común se confronta con la política o la ley es
que algo no funciona bien.
Taguas podría pasar de funcionario visitado a 'brujo visitador'
Si se corrobora su nombramiento como presidente de Seopan
-para lo que se necesita el dictamen definitivo sobre su compatibilidad,
que emitirá el Ministerio de Administraciones Públicas- Taguas
podría volver a entrar en La Moncloa (de donde salió hace
apenas unas semanas) para sentarse en la misma mesa del mismo
despacho que tenía antes como director de la OEP, pero desde
el otro lado; por ejemplo, esta vez no tendría que escuchar
las demandas de los constructores para ampliar los avales
del Instituto de Crédito Oficial a las empresas que construyen
vivienda libre, como seguramente le pidieron antaño cuando
él era el titular de la oficina (a lo que se opuso el vicepresidente
económico del Gobierno, Pedro Solbes), sino verbalizarlas
él mismo y convencer a su interlocutor de la Administración
de que son necesarias. De funcionario visitado a brujo visitador.
De torero a toro. Sin solución de continuidad.
La Ley de Incompatibilidades de Altos Cargos incluye que los
miembros del Gobierno (Taguas tenía rango de secretario de
Estado) no puedan realizar en dos años actividades privadas
relacionadas con expedientes sobre los que hayan dictado resolución
en el ejercicio del cargo. Seguro que Taguas no lo ha hecho,
ya que su capacidad era otra, pero la actividad de la OEP
ha tenido mucho que ver con el sector de la construcción y
la solución a algunos de sus problemas. La oficina tenía una
estructura de 27 economistas, que servían como "órgano de
apoyo encargado de asistir al presidente de Gobierno en asuntos
económicos"; entre sus funciones están las de "conocer los
programas de los departamentos ministeriales para facilitar
su labor" e "informar de los asuntos económicos que se someten
a las Comisiones Delegadas del Gobierno y a la Comisión General
de secretarios de Estado y subsecretarios"; y su director
participaba, de cuerpo presente, en la Comisión Delegada del
Gobierno para Asuntos Económicos.
El lobby que ha fichado a Taguas llevaba más de siete meses
sin presidente, desde que falleció Enrique de Aldama, quizá
esperando a que se despejase el panorama político, saber el
resultado de las elecciones del 9 de marzo y conocer los nombres
del nuevo Gobierno. El presidente de Seopan ha sido hasta
ahora un personaje del sector y no ha tenido funciones ejecutivas,
sino de interlocución e influencia. Forman parte de Seopan
las 33 empresas constructoras más importantes del sector,
entre ellas las seis grandes: ACC, FCC, Acciona, Ferrovial,
OHL y Sacyr Vallehermoso, que fabrican más del 7% del PIB
de España y dan trabajo a 420.000 personas. En los últimos
tiempos, alrededor de la mitad de la facturación de esas empresas
procede de actividades diferentes a la construcción, como
son la energía, las concesiones de infraestructuras, las finanzas
y los servicios. Se han transmutado en grandes conglomerados,
por lo que su necesidad de interlocución ha de ser más amplia
que el Ministerio de Fomento y abarca al conjunto de la Administración.
Resolver con eficacia las pasarelas directas entre el poder
político y el poder económico es un asunto de la calidad de
la democracia de un país. Si la ley de incompatibilidades
no es capaz de combatir las zonas grises que se establecen,
corresponde actualizarla. La sospecha generada de que con
el nombramiento de Taguas, el lobby constructor paga los servicios
prestados o compra influencia futura, no es sana para la democracia.
Ni para Taguas, un buen economista con derecho a volver a
trabajar en el sector privado, ni para sus interesados contratadores,
ni para los hipotéticos receptores de sus influencias en el
sector público.
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