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Mira quién habla
El grupo Prisa carga contra Taguas tras haber fichado a
una decena de políticos en retirada
Madrid
La semana pasada coincidieron dos traspasos entre el mundo
de la política y de la empresa privada. Eduardo Zaplana, el
que fuera portavoz del Grupo Parlamentario Popular, cerró
la puerta del Congreso para abrir la de Telefónica, donde
será el delegado para Europa. En las filas socialistas también
hubo una operación similar: David
Taguas, ex director de la Oficina Económica de Rodríguez Zapatero,
se marcha a presidir el lobby de las grandes empresas constructoras.
Práctica habitual
La fuga de talentos de la política a la empresa privada no
es un invento de hoy. Sorprende, no obstante, la reacción
del Grupo Prisa al nombramiento de Taguas como presidente
de la patronal de las grandes constructoras (Seopan). No en
vano, el grupo fundado por Jesús de Polanco ha sido uno de
los destinos favoritos de los políticos que querían dar el
salto a la empresa privada.
Pero esa práctica no fue óbice para que su buque insignia,
el diario El País, se lanzara en tromba contra Taguas por
aceptar la oferta de Seopan. Y lo hizo sin dilación: un día
después de su anuncio, el ex asesor de Rodríguez Zapatero
se erigió en protagonista del durísimo editorial publicado
por el rotativo de Prisa en su edición del 2 de mayo.
Bajo el elocuente título De público a privado, que bien podría
haber ilustrado el salto de cualquiera de la decena de ex
altos cargos públicos que acabaron desembarcando en el grupo
creado por el hoy fallecido Jesús de Polanco, El País mantenía
en su editorial que tiene "difícil defensa" que "un asesor
de la Moncloa pase a presidir un lobby empresarial". El diario
sostenía que el fichaje de Taguas admitía una doble interpretación:
"O bien que este consorcio [Seopan] le estaba pagando los
servicios prestados; o que le estaba comprando influencia
futura sobre quienes deciden".
Episodios concretos
Aprovechaba el diario este episodio para recordar que "la
democracia implica una confianza básica entre representantes
y representados, pero para alimentarla es necesaria una legislación
estricta contra la confusión entre los intereses públicos
y privados. Y aplicarla sin excepciones".
Pero las "excepciones" han existido, aunque el referido editorial
de El País presentaba el caso de Taguas sin citar precedentes
como el de Jorge Semprún, que fichó por Sogecable apenas un
año después de cesar como ministro de Cultura; o el de Rodolfo
Martín Villa, actual presidente de Sogecable, que recaló en
esa sociedad un año después de haber realizado la última encomienda
política del PP: actuar como comisionado para el accidente
del Prestige.
Desde la fundación de Prisa, al menos una decena de antiguos
altos cargos de diferentes Gobiernos han pasado a formar parte
del capital humano de alguna de las empresas del grupo. Por
ejemplo Miguel Gil, ex secretario general de la Oficina del
Portavoz del Gobierno de Felipe González.
El caso de Gil resulta paradigmático para ilustrar la doctrina
seguida por Prisa, la misma que ahora reprocha a Seopan: el
7 de mayo de 1996 cesó en su cargo para incorporarse al grupo
propiedad de Jesús de Polanco. Dos meses antes, cuando Gil
aún desempeñaba su cargo público, el Consejo de Ministros
había aprobado en su sesión del 1 de marzo un acuerdo que
daba luz verde a la concentración de empresas entre Telefónica
y Sogecable para la explotación de la televisión por cable.
Esa decisión contravenía sin tapujos el criterio del Tribunal
de Defensa de la Competencia. A diferencia de lo ocurrido
ahora, El País no invocó entonces la necesidad de endurecer
la Ley de Incompatibilidades.
La peripecia de Gil es similar a la de Enrique Balmaseda,
que en 1996 aterrizó en el Gabinete de Presidencia de Prisa
directamente procedente del Ministerio de Cultura.
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