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El nuevo escenario laboral-Celestino Corbacho, ministro
de Trabajo e Inmigración
"Estoy más cerca de los sindicatos que de
la CEOE y el Banco de España"
DOLORS ÁLVAREZ / JOSEP PLAYÀ - Barcelona
Lleva tres semanas en el cargo y dice que ha perdido tres
kilos. El nuevo ministro de Trabajo e Inmigración. Celestino
Corbacho, afronta una situación complicada en el escenario
laboral, con un desempleo en alza que afecta a la política
de inmigración.
Por primera vez, España se enfrenta a una situación de
paro elevado y mucha inmigración. ¿Cómo piensa afrontarlo?
No debe haber un tratamiento diferente en función de la condición
de la persona. Pero lo que sí que hay que matizar es el discurso.
En una estructura federal como la que tiene España, hay asuntos
que son responsabilidad del ministerio, pero hay otros que
corresponden a las administraciones autonómicas y locales.
El paro es responsabilidad de las tres administraciones y
entre todos tenemos que identificar y cooperar en las políticas
activas de empleo. Defiendo un diálogo tanto social como territorial.
La tasa de paro de los inmigrantes es ya muy alta, de casi
el 15%. ¿Significa que España ya no necesita más inmigrantes?
No haría una afirmación tan contundente, porque vivimos en
una economía muy compleja, con elementos incluso contradictorios.
Por ejemplo, aumenta el número de puestos de trabajo que se
pierden pero todavía aumenta más el número de personas que
se incorporan como cotizantes a la Seguridad Social. La desaceleración
afecta a un sector: la construcción, que a su vez es el que
incorporaba a más inmigrantes. Por tanto, el inmigrante que
pierde el empleo no es a causa de su condición de inmigrante
sino debido a que trabajaba en un sector que está en desaceleración.
¿Eso significa el fin de la contratación en origen?
No soy partidario de poner en crisis un modelo que es bueno.
La contratación en origen facilita el control de la legalidad,
da más garantías y permite que las empresas vayan a buscar
a la gente que realmente necesitan. Dicho esto, no tendría
demasiado sentido que con un mercado interior con paro se
fuese a buscar trabajadores fuera. La prioridad número uno
es que los empleos disponibles sean cubiertos por el mercado
interior y sólo cuando no sea posible se contrate en origen.
Tanto Zapatero como usted han planteado la posibilidad
de facilitar el retorno de inmigrantes a partir de la capitalización
del desempleo. Sin embargo, en los últimos años pocos extranjeros
han retornado a su país.
El retorno es una buena idea, pero no se han de crear falsas
expectativas. Sobre este punto lo que he encargado es profundizar
más en la idea de permanencia más que de coyuntura. Si nos
limitamos a dar un plus a la persona de aquí que esté en el
paro para que se vaya, puede que dentro de un año vuelva.
Si por el contrario nos guía una voluntad de permanencia y
si nuestras agregadurías laborales en las embajadas con convenios
bilaterales con los gobiernos de origen establecen programas
de retorno acompañados, entonces podemos conseguir que la
persona que retorna se convierta en un emprendedor que además
ayuda al desarrollo. Es cierto que estamos en una economía
de contradicciones y puede suceder que tengamos un excedente
de albañiles, que quizás otro país emergente necesita, pero
al mismo tiempo nos hacen falta cuidadores. Y unos y otros
no son intercambiables.
¿Con qué países se hablará de un retorno subvencionado?
No sería partidario de hacerlo universal. Por ejemplo, no
a países de la UE, incluidos Rumanía y Bulgaria, cuya moratoria
acaba dentro de seis meses. Dentro del espacio europeo ya
funciona el mercado. Habrá que empezar con una prueba piloto
y seleccionar algún país de Latinoamérica, como Ecuador o
Colombia, o de África, como Marruecos. Hay que priorizar aquellos
países que tengan un mayor número de trabajadores aquí y hacerlo
en colaboración con la Agencia de Cooperación al Desarrollo.
Hay que gobernar con luces largas. Y medidas como esta requieren
cambios legislativos, porque hasta ahora la capitalización
del paro sólo se permite a españoles y se hace en dos fases
y para negocios autónomos.
El Gobierno francés ha criticado con dureza la última regularización.
¿Fue un error?
No comparto esta crítica. España tenía un problema grave,
había
un número muy elevado de gente en situación irregular y se
necesitaba gente para ocupar puestos de trabajo. Era un contrasentido
ir a buscar gente fuera cuando aquí la había en situación
irregular. Fue fruto de unas circunstancias. Lo que sí puedo
decirle es que en estos momentos no hay idea de ninguna regularización.
¿Y qué pasará con la gente que no tiene papeles?
El único discurso que hace el Gobierno es que los inmigrantes
han de ser legales. Puede haber todos los inmigrantes que
se necesiten pero con contrato. Y cuando digo esto soy consciente
de la realidad. El problema existe aquí y en todos los países
europeos y no se podrá resolver en 48 horas. Pero nada de
papeles para todos.
Qué pasa con los menores que llegan por reagrupación familiar:
¿se les concede el permiso de residencia pero no el de trabajo?
La ley tiene una debilidad y una contradicción. Es generosa
para la reagrupación y en cambio tiene enormes contradicciones.
El hecho de que la reagrupación no vaya acompañada del permiso
de trabajo es malísimo. La primera intención del chico que
llega es trabajar para ayudar a su familia y se encuentra
con que no puede hacerlo, pero es que además no puede acudir
ni a cursos de formación ni a una escuela taller. Y acaban
en la calle. Esto se ha de revisar y en mi primera comparecencia
en el Congreso de Diputados identificaré a corto plazo los
instrumentos jurídicos y legales para hacerlo. Pero también
anticipo que no seré un ministro de muchas leyes. En España
hay una inflación de leyes y normas. Tengo vocación reformista,
sin grandes cambios legislativos que desorientan.
Como alcalde se mostró a favor de que los inmigrantes pudiesen
votar al menos en las municipales. Esto requiere también un
cambio legislativo.
El derecho de voto para los inmigrantes no es una prioridad
de la discusión política. Ha de formar parte de una cierta
reflexión que no puede desbordar el marco constitucional.
Hay que plantearse que en determinadas condiciones, por ejemplo,
gente que lleva viviendo aquí desde hace ocho o diez años
y con una clara vocación de permanencia pueda participar en
la elección de sus representantes municipales. Si a un 25%
de ciudadanos de una población no se le da la oportunidad
de votar, es lógico que se desentiendan de la realidad. Ese
derecho es una pieza importante de la integración. Pero esta
debe ser una reflexión que se haga en sede parlamentaria,
que la han de llevar los partidos y que se ha de hacer con
un consenso muy amplio.
Zapatero dijo en la campaña electoral que citaría de inmediato
a los agentes sociales, pero todavía no lo ha hecho.
Yo ya he tenido reuniones con Comisiones Obreras, UGT, la
CEOE y la Cepyme. El próximo miércoles está convocada una
reunión para presentarles la nueva estructura del ministerio
para que, a partir de ahí, empiecen a trabajar en mesas sectoriales.
Todo eso para concluir en una mesa al máximo nivel con el
Gobierno, la patronal y los sindicatos para llegar a un acuerdo,
cuyas bases podrían estar listas en verano. Es una de las
prioridades del presidente, y yo he podido constatar tanto
en la patronal como en los sindicatos buena predisposición.
Pero los sindicatos ya han dejado claro que no están dispuestos
a hablar de moderación en los salarios.
Me parece razonable la posición de los sindicatos. Si el Fondo
Monetario Internacional, la Unión Europea, el Banco de España
y el Ministerio de Economía pronostican un menor crecimiento
económico, pero no negativo, si el Estado tiene todavía superávit,
si la Seguridad Social está saneada, si el sistema de protección
del desempleo no está en crisis y si todo el mundo pronostica
una recuperación para mediados del año próximo, no puedo estar
de acuerdo con la receta de congelación salarial o disminución
del poder adquisitivo de los salarios. Incluso se contradiría
con el objetivo de desarrollo de la economía: si los asalariados
pierden poder adquisitivo, lo primero que se resentirá es
el consumo. Otra cosa es que por la propia dinámica del mercado
se acaben ajustando al igual que se han ajustado los precios
de la vivienda. En este aspecto estoy mucho más cerca de los
sindicatos que de la CEOE.
También pide moderación el Banco de España.
Bueno, pues también estoy más cerca de los sindicatos que
del Banco de España. Pedirle a una persona que gana 600 euros
que acepte congelar su salario no me parece bien. Es mejor
que las rentas más altas paguen un 1% más. Las clases más
desfavorecidas no deben pagar la coyuntura. Otra cosa es que
apliquemos políticas de apoyo a las empresas, como el adelanto
del retorno del IVA o avales del ICO.
¿Va a plantear una reforma laboral?
Hay que reformar bastantes cosas en el Ministerio de Trabajo.
Hoy en día las políticas activas de empleo están descentralizadas,
y el papel del ministerio debe ser más de visión global y
de concertación, en lugar de intervenir directamente en los
asuntos de empleo y paro como ha hecho históricamente. No
se hará en tres meses ni en dos años.
¿Se tocará la legislación sobre despido y contratación?
Hay suficiente flexibilidad en los sistemas de despido y de
contratación como para que no sean un problema y al mismo
tiempo aseguren una serie de garantías. Soy bastante liberal
y creo en el mercado, pero el mercado no es el depositario
de los derechos de la gente. El despido libre no forma parte
de nuestro sistema de bienestar social. No creo en el modelo
americano, porque he podido comprobar lo injusto que es.
La reforma del sistema de cálculo de las pensiones es otro
de los asuntos pendientes. ¿Se va a abordar?
La referencia es el pacto de Toledo. Cualquier reforma debe
estar en el espíritu de este pacto. Como ministro, no me atrevería
a hacer una propuesta unilateral.
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