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DESPEDIDAS CON PARACAÍDAS DE ORO
Muchos
altos ejecutivos cuentan en su contrato con una cláusula
de blindaje que les garantiza el cobro de una elevada indemnización
cuando abandonen la empresa. Incluso
cuando dejan pérdidas millonarias, accionistas atrapados por
unas acciones en caída libre y miles de despidos,pocos pierden
el derecho a un retiro dorado
Nuria Peláez
No importa si su gestión ha sido un éxito o si la compañía
se ha ido a pique: muchos altos directivos pactada en su contrato
una cláusula de blindaje o paracaídas dorado de forma que,
en caso de despido o renuncia, abandonen la empresa con una
suculenta indemnización bajo el brazo. En el 2006, el 80%
de las empresas del Ibex 35 tenían cláusulas de blindaje para
sus directivos, según datos de la Comisión Nacional del Mercado
de Valores (CNMV). El porcentaje desciende hasta el 43% entre
las compañías con una capitalización superior a los 1.000
millones de euros, y en las empresas con una capitalización
inferior el porcentaje apenas llegaba al 24%.
Generalmente los pactos de blindaje no condicionan a los resultados
de la compañía el derecho del directivo a cobrar la indemnización.
Esto ha permitido a altos ejecutivos como Stan O´Neal, de
Merryll Lynch, o Noël Forgeard, de Airbus, retirarse con sumas
de varios ceros mientras sus compañías registraban pérdidas
millonarias, sus acciones se desplomaban en bolsa arruinando
a sus accionistas y se emprendían planes de ajustes con miles
de despidos, directamente atribuibles a su mala gestión.
Sonia Cortés, socia del bufete Cuatrecasas, justifica la existencia
de estos pactos porque "los altos directivos están menos protegidos
frente al despido que los empleados con relación ordinaria".
Así, un empleado tiene derecho a una indemnización de 20 días
por año trabajado en caso de despido objetivo y de 45 días
si el despido es improcedente. En cambio, en caso de despido
improcedente el alto directivo sólo tendría derecho a una
compensación de 20 días donde únicamente se tendría en cuenta
su retribución monetaria. Si la empresa le da un preaviso
del despido, normalmente tres meses antes, la indemnización
sería de sólo siete días por año trabajado. Además, y a diferencia
de los empleados ordinarios, las indemnizaciones de estos
directivos están sometidas a impuestos. La situación es especialmente
compleja en el caso de los miembros del consejo de dirección,
ya que si su relación con la compañía es exclusivamente mercantil
pueden ser relevados sin indemnización, además de no tener
derecho a cobrar prestación por desempleo.
"Es lógico que estos profesionales quieran protegerse, porque
ellos también tienen hijos e hipotecas, como todo el mundo",
advierte Manuel Clavel, director en Barcelona de la firma
de cazatalentos Norman Broadbent. Clavel recuerda que es frecuente
que los contratos a altos ejecutivos incluyan una cláusula
según la cual, en caso de abandonar la empresa, deberán estar
uno o dos años sin trabajar en ninguna compañía de sector.
"El blindaje es también una forma de ayudarles a superar ese
periodo de espera", apunta. Clavel asegura además que en épocas
de incertidumbre económica las empresas se ven obligadas a
ofrecer un blindaje para captar a ejecutivos de prestigio:
"Antes los directivos se atrevían más a dar el salto hacia
una nueva empresa pero ahora se lo piensan más y quieren saber
qué pasará con ellos si después el proyecto no funciona".
Según Clavel, los contratos blindados, que suelen prever una
indemnización equivalente a dos o tres años de sueldo en caso
de despido, "no sólo han aumentado, sino que también se han
universalizado" y ya se ofrecen no sólo a presidentes o directores
generales, sino también a otros directivos de menor rango.
Pedro Riera, cazatalentos de Seeliger y Conde, sostiene en
cambio que los contratos blindados están cayendo en desuso
porque las empresas buscan directivos dispuestos a arriesgarse
sin necesidad de ofrecerles un colchón millonario. "Al contratar
a un alto ejecutivo la empresa también se arriesga a fracasar,
y es lógico que ambos compartan el riesgo - apunta-. Si el
directivo no confía en sí mismo lo suficiente para creer que
triunfará en la empresa, entonces es la propia compañía quien
prefiere que no se incorpore".
Riera asegura que "los propios profesionales saben que para
triunfar hay que arriesgar. Ahora sólo se plantean el blindaje
personas conservadoras que ya se han ganado una buena jubilación
y no están dispuestas a arriesgarla en el final de su carrera".
Reconoce, no obstante, que "siempre hay alguna excepción,
porque si quieres fichar al Ronaldinho de turno, un ejecutivo
de prestigio y contrastada experiencia, la empresa tendrá
que pagarle bien".
Belén Serra, directora de Bao & Partners en Barcelona, explica
que actualmente las empresas prefieren ofrecer al directivo
alternativas más flexibles y baratas que los blindajes, como
un bonus extraordinario por su incorporación o el compromiso
de que, si las cosas no funcionan, la empresa le comunicará
su intención de despedirle al menos tres o seis meses antes,
para que tenga tiempo de buscar una nueva compañía. "Las empresas
no quieren arriesgarse demasiado porque saben que ahora un
trabajo ya no es para toda la vida", explica.
En Estados Unidos, donde los escándalos por indemnizaciones
millonarias salpican la prensa con mayor frecuencia que en
Europa, la opinión de los expertos no es unánime. Así, Jessie
Fried y Lucian Bebchuk, profesores de la Universidad de Harvard,
se muestran muy críticos con los paracaídas dorados en su
libro Pay without performance:"Se trata de una fórmula más
para esconder la remuneración excesiva de los ejecutivos y
disfrazar cómo la forma de indemnizarlos se desvía de lo que
mejor serviría a los intereses de los accionistas", lamentan
en la obra. En cambio, un estudio de la Kellogg School of
Management justifica la existencia de cláusulas de blindaje
por el riesgo que asumen los altos ejecutivos al incorporarse
a un nuevo proyecto y asumir las condiciones de confidencialidad
de la compañía.
En Europa, en cambio, los paracaídas dorados escandalizan
periódicamente a la opinión pública. En Francia los 8,5 millones
de euros que recibió el ex presidente de Airbus, Noël Forgeard,
al dejar el grupo cuando trascendió que había vendido acciones
antes de informar del retraso de su nuevo avión desembocó
en una reforma legal de la fiscalidad de las indemnizaciones.
En España, la CNMV aprobó en el 2006 el denominado código
Conthe de buen gobierno para las empresas cotizadas, entre
cuyas recomendaciones se incluía la de comunicar a la junta
de accionistas las políticas retributivas de los altos directivos.
Sin embargo, sólo un 26% lo cumple, según el Observatorio
de Responsabilidad Social Corporativa. "Son acuerdos privados
donde la confidencialidad es fundamental y no tienen por qué
hacerse públicos los detalles", defiende Manuel Clavel. Orencio
Vázquez, coordinador del Observatorio de Responsabilidad Social
Corporativa, denuncia en cambio que estas cláusulas siempre
deberían ser aprobadas por la junta. "Actualmente para un
accionista es muy difícil saber cuántas personas de la compañía
cuentan con un blindaje, cómo se ha fijado y si cuenta con
algún tipo de límite", denuncia Vázquez.
En España, las indemnizaciones más elevadas, las del ex copresidente
del SCH, José María Amusátegui, y el ex vicepresidente, Ángel
Corcóstegui, recibieron el respaldo de los tribunales. La
denuncia partió de Rafael Pérez Escobar, ex consejero de Banesto
y pequeño accionista del banco, que denunció al presidente
del Santander, Emilio Botín, y a los dos directivo por considerar
que sus indemnizaciones eran "apropiación indebida" del patrimonio
de la entidad. La Audiencia Nacional los absolvió al considerar
que las indemnizaciones habían sido aprobadas por la junta
de accionistas.
A menudo las empresas deciden pagar las indemnizaciones pactadas
con sus directivos para evitar pleitos por incumplimiento
de contrato. Pero estos no siempre reciben el apoyo de los
tribunales. Este fue el caso, en 1991, del máximo responsable
del banco Salomon Brothers, John Gutfreund. Ante la profunda
crisis a la que había arrastrado a la entidad, el consejo
se negó a concederle la indemnización que había pactado en
su contrato. Gutfreund denunció a la empresa, pero los tribunales
no se apiadaron de él. Entre los que lideraron el sector duro
figuraba el financiero estadounidense Warren Buffet, que le
sustituyó como presidente del banco, y que poco después se
convirtió en el hombre más rico de mundo.
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