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TENSIONES GEOPOLITICAS / Ambas petroleras renuncian a un proyecto
de 10.000 millones de dólares, pero confirman que seguirán
en el país / A cambio negocian entrar en otros yacimientos
de gas con menos costes
Shell y Repsol abandonan el mayor pozo de
gas de Irán por las presiones de EEUU
BALTASAR MONTAÑO-MADRID
Irán sigue en la lista de países del Eje del Mal diseñada
por Estados Unidos y esto pasa factura a las empresas con
intereses en este estado. Este es el caso de la española Repsol
YPF y la angloholandesa Shell, que desde hace algo más de
un año negociaban con el Gobierno de Mahmud Ahmadineyad la
firma de un acuerdo definitivo para realizar inversiones de
10.000 millones de dólares (6.666 millones de euros) en la
fase 13 del yacimiento de gas South Pars, en pleno Golfo Pérsico.
Pero las presiones que han recibido por parte de EEUU desde
que anunciaron el proyecto y el fuerte aumento de los costes
de las infraestructuras petroleras, han truncado la aventura.
Ambas compañías reconocieron que renuncian a la concesión
de la explotación de este yacimiento que prevé exploraciones
en el mar, en una zona fronteriza con Qatar, y está enmarcado
en el macroproyecto Persian LNG.
A cambio, los dos gigantes europeos han comenzado a negociar
un cambio de cromos con el Gobierno iraní, y muestran ahora
su interés por los yacimientos números 20 y 21, que se enmarcan
dentro del mismo plan, pero no estarán operativos hasta dentro
de 10 años.
Fuentes oficiales de Repsol YPF señalaron ayer que la compañía
no se plantea abandonar el país, pero que los altos costes
de las infraestructuras petroleras, por el efecto contagio
de la subida de los precios del crudo, ha provocado el cambio
de planes. Tras un año de negociaciones, se abre ahora un
nuevo proceso de relaciones con el Gobierno iraní.
Shell, por su parte, advirtió en Financial Times que "aún
no hemos tomado una decisión sobre si continuaremos en el
proyecto Persian LNG".
Tanto Repsol YPF como Shell contaban con sendos paquetes del
25% en el capital de un consorcio que lideraba la compañía
pública petrolera iraní, con un 50%. En enero de 2007 fueron
preadjudicatarias de la exploración del bloque 13, y desde
entonces negociaban el monto de las inversiones y la velocidad
de desarrollo del proyecto. Las presiones de EEUU sobre las
compañías, tanto estadounidenses como de otros países, que
invierten en Irán habían torpedeado el proyecto desde el principio.
Pero el Gobierno iraní dio un ultimátum a ambas compañías
hace ahora un mes y les conminó a que aceleraran el proyecto
y dieran luz verde a las inversiones. Aunque oficialmente
ninguna de las dos compañías reconoce las presiones del Gobierno
de Geroge W. Bush tras el impulso dado por Ahmadineyad a su
programa nuclear, los analistas del sector consultados por
este diario dan por hecho que la causa principal del abandono
del proyecto es ésta. Asimismo, vaticinan que tarde o temprano
ambas compañías saldrán del país, a no ser que un triunfo
de Barack Obama en las elecciones presidenciales de noviembre
provoque un giro radical en la política exterior de EEUU.
El plan de inversiones en Irán no forma parte de los 10 proyectos
más importantes de Antonio Brufau, presidente de Repsol YPF.
Pero sí que era una apuesta de futuro para Repsol como productor
y comercializador de gas hacia Europa, después de los reveses
sufridos por la compañía en Bolivia y Argelia, países que
han frenado los proyectos de gas del grupo español.
Bush fijó fuertes multas para quien invirtiera en el Eje
del Mal
Estados Unidos ha declarado la guerra económica a Irán desde
que su presidente, Mahmud Ahmadineyad, relanzara el programa
nuclear del país. Según la normativa actual del Gobierno de
George W. Bush, toda empresa estadounidense o extranjera que
invierta más de 20 millones de dólares (12 millones de euros)
en el sector energético iraní puede ser objeto de sanciones.
Es una ley que nunca ha sido puesta en vigor. Pero que deja
claro el tremendo poder de Washington a la hora de decidir
quién invierte en Irán y quién no. La actual Administración,
además, ha endurecido la persecución de las empresas estadounidenses
-y de los bancos europeos- que hacen negocios con Teherán,
en lo que ha supuesto una guerra económica no declarada a
la República Islámica. El fantasma de la ejecución de cualquiera
de las penalizaciones hace temblar a los ejecutivos de las
grandes compañías, y muy especialmente a las petroleras dado
el atractivo de Irán para este negocio.
Washington ha sido muy agresiva en el caso de Pars Sur. Nada
más anunciarse el proyecto, en enero de 2007, declaró que
lo examinaría en detalle para comprobar si viola alguna de
sus leyes contra Irán. De ahí que empresas como Repsol YPF
y Shell hayan ido posponiendo en el tiempo la toma de decisión
de inversión, paso final para comenzar los trabajos de exploración
de los yacimientos.
Estas demoras no sentó nada bien a Teherán, que el pasado
mes de abril, por boca de su ministro del Petróleo, Gholam
Hossein Nozari, advirtió a ambas compañías: "Es su última
oportunidad", dijo Nozari, mientras su número dos para inversión
extranjera, Hossein Noghrehkar Shirazi, declaró a Financial
Times que las dos empresas europeas se exponen a perder la
concesión en favor de "sus amigos suizos y austriacos". De
aquellas aguas vienen estos lodos.
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