AGENDA DE PRENSA - 19 de mayo de 2008
 
  EL MUNDO


TENSIONES GEOPOLITICAS / Ambas petroleras renuncian a un proyecto de 10.000 millones de dólares, pero confirman que seguirán en el país / A cambio negocian entrar en otros yacimientos de gas con menos costes
Shell y Repsol abandonan el mayor pozo de gas de Irán por las presiones de EEUU

BALTASAR MONTAÑO-MADRID

Irán sigue en la lista de países del Eje del Mal diseñada por Estados Unidos y esto pasa factura a las empresas con intereses en este estado. Este es el caso de la española Repsol YPF y la angloholandesa Shell, que desde hace algo más de un año negociaban con el Gobierno de Mahmud Ahmadineyad la firma de un acuerdo definitivo para realizar inversiones de 10.000 millones de dólares (6.666 millones de euros) en la fase 13 del yacimiento de gas South Pars, en pleno Golfo Pérsico.

Pero las presiones que han recibido por parte de EEUU desde que anunciaron el proyecto y el fuerte aumento de los costes de las infraestructuras petroleras, han truncado la aventura. Ambas compañías reconocieron que renuncian a la concesión de la explotación de este yacimiento que prevé exploraciones en el mar, en una zona fronteriza con Qatar, y está enmarcado en el macroproyecto Persian LNG.

A cambio, los dos gigantes europeos han comenzado a negociar un cambio de cromos con el Gobierno iraní, y muestran ahora su interés por los yacimientos números 20 y 21, que se enmarcan dentro del mismo plan, pero no estarán operativos hasta dentro de 10 años.

Fuentes oficiales de Repsol YPF señalaron ayer que la compañía no se plantea abandonar el país, pero que los altos costes de las infraestructuras petroleras, por el efecto contagio de la subida de los precios del crudo, ha provocado el cambio de planes. Tras un año de negociaciones, se abre ahora un nuevo proceso de relaciones con el Gobierno iraní.

Shell, por su parte, advirtió en Financial Times que "aún no hemos tomado una decisión sobre si continuaremos en el proyecto Persian LNG".

Tanto Repsol YPF como Shell contaban con sendos paquetes del 25% en el capital de un consorcio que lideraba la compañía pública petrolera iraní, con un 50%. En enero de 2007 fueron preadjudicatarias de la exploración del bloque 13, y desde entonces negociaban el monto de las inversiones y la velocidad de desarrollo del proyecto. Las presiones de EEUU sobre las compañías, tanto estadounidenses como de otros países, que invierten en Irán habían torpedeado el proyecto desde el principio.

Pero el Gobierno iraní dio un ultimátum a ambas compañías hace ahora un mes y les conminó a que aceleraran el proyecto y dieran luz verde a las inversiones. Aunque oficialmente ninguna de las dos compañías reconoce las presiones del Gobierno de Geroge W. Bush tras el impulso dado por Ahmadineyad a su programa nuclear, los analistas del sector consultados por este diario dan por hecho que la causa principal del abandono del proyecto es ésta. Asimismo, vaticinan que tarde o temprano ambas compañías saldrán del país, a no ser que un triunfo de Barack Obama en las elecciones presidenciales de noviembre provoque un giro radical en la política exterior de EEUU.

El plan de inversiones en Irán no forma parte de los 10 proyectos más importantes de Antonio Brufau, presidente de Repsol YPF. Pero sí que era una apuesta de futuro para Repsol como productor y comercializador de gas hacia Europa, después de los reveses sufridos por la compañía en Bolivia y Argelia, países que han frenado los proyectos de gas del grupo español.

Bush fijó fuertes multas para quien invirtiera en el Eje del Mal

Estados Unidos ha declarado la guerra económica a Irán desde que su presidente, Mahmud Ahmadineyad, relanzara el programa nuclear del país. Según la normativa actual del Gobierno de George W. Bush, toda empresa estadounidense o extranjera que invierta más de 20 millones de dólares (12 millones de euros) en el sector energético iraní puede ser objeto de sanciones.

Es una ley que nunca ha sido puesta en vigor. Pero que deja claro el tremendo poder de Washington a la hora de decidir quién invierte en Irán y quién no. La actual Administración, además, ha endurecido la persecución de las empresas estadounidenses -y de los bancos europeos- que hacen negocios con Teherán, en lo que ha supuesto una guerra económica no declarada a la República Islámica. El fantasma de la ejecución de cualquiera de las penalizaciones hace temblar a los ejecutivos de las grandes compañías, y muy especialmente a las petroleras dado el atractivo de Irán para este negocio.

Washington ha sido muy agresiva en el caso de Pars Sur. Nada más anunciarse el proyecto, en enero de 2007, declaró que lo examinaría en detalle para comprobar si viola alguna de sus leyes contra Irán. De ahí que empresas como Repsol YPF y Shell hayan ido posponiendo en el tiempo la toma de decisión de inversión, paso final para comenzar los trabajos de exploración de los yacimientos.

Estas demoras no sentó nada bien a Teherán, que el pasado mes de abril, por boca de su ministro del Petróleo, Gholam Hossein Nozari, advirtió a ambas compañías: "Es su última oportunidad", dijo Nozari, mientras su número dos para inversión extranjera, Hossein Noghrehkar Shirazi, declaró a Financial Times que las dos empresas europeas se exponen a perder la concesión en favor de "sus amigos suizos y austriacos". De aquellas aguas vienen estos lodos.