AGENDA DE PRENSA - 26 de mayo de 2008
 
  LA VANGUARDIA


LA VENTANA INDISCRETA
Vender la vajilla para pagar la deuda

Manel Pérez

Hasta hace muy poco las consecuencias más dramáticas en España de la crisis financiera internacional se habían producido en las empresas inmobiliarias y constructoras, sobre todo por su elevada deuda bancaria, pese a que los afectados han preferido acusar a la banca de cambiar de posición antes de reconocer que la causa reside principalmente en una más que alegre gestión de los compromisos financieros.

Esto ya es conocido. Los primeros embates de la crisis financiera han obligado a la gran banca española a dirigir con precisión y un cierto rictus de dolor un complejo proceso que, para emplear los eufemísticos términos del sector, podemos calificar de reestructuración y renegociación de la deuda de los grandes conglomerados españoles del tocho. Los nombres están en la mente de todos, por lo que no hace falta volver a repetirlos.

Todos sabemos que se trata de una convención entre caballeros dictada por el interés de evitar males mayores y que implica que mejor para todos una deuda aplazada que una impagada.

Lo que ya es más nuevo es que esas dificultades de pago afecten a otros sectores. Y esto es lo que ha comenzado a pasar en las últimas semanas. Como ha dicho el presidente del Banco Popular, Ángel Ron, una combinación de avaricia y dinero fácil desató en los últimos años un frenesí de la deuda al que se han apuntado empresas de los más diversos sectores. Y a medida que las condiciones financieras se endurecen, es decir sube el coste de la deuda, y la economía real sufre las consecuencias del menor crecimiento, con las consiguientes caídas de la demanda, cada vez son más las empresas que se enfrentan a la cruda realidad de que sus planes de negocio no se cumplen y se desvanecen sus programas de repago de las cuantiosas deudas asumidas. La orgía de la deuda de estos últimos años no ha sido sólo patrimonio de los compradores de pisos con hipotecas o de glotones nuevos ricos del ladrillo.

En el festín han participado casi todos. Excepción son los que encaran la actual coyuntura sin niveles exagerados de deuda. Muchos van a tener que vender la vajilla de la abuela y las joyas de la familia para sobrevivir.

Las consecuencias de encontrarse en esa desagradable tesitura son bien obvias. La banca acreedora, que tan bien se adapta a los cambios de coyuntura, es la primera en detectar los problemas de sus deudores y exige planes realistas para asegurarse la devolución de la deuda. Mientras esperamos a que alguien invente alguna alternativa mágica, no existe otra opción que vender activos para cumplir los compromisos. El problema es que, siempre pasa lo mismo, ahora es el peor momento para vender, el mercado apuesta a la baja, y los precios de los activos descienden en consecuencia.

Además, la lista de vendedores crece cada día y cada vez tienen más prisa.

En resumen, quien esté atrapado en este círculo deberá vender muchos más activos de lo que en principio tenía previsto para saldar la misma cantidad de deuda. La consecuencia es que muchos de los grandes grupos españoles pueden acabar reducidos a un tamaño de broma, en comparación con lo que han llegado a ser, al final del proceso.

Este efecto dominó, que en parte es un reflejo del que está viviendo el conjunto de la economía, primero en el inmobiliario y la construcción, después en la demanda de créditos y siguiendo por el consumo, comienza a alcanzar al corazón de la actividad. Es por eso que muchos se plantean si Pedro Solbes tiene en la cabeza esta dinámica cuando reitera su idea de que España vive un rápido ajuste inmobiliario y nada más. Es cierto que hasta ahora las malas noticias empresariales se han circunscrito a ese sector. Pero no debería descartarse que a partir de ahora empiecen a estar protagonizadas por grandes conglomerados en otras áreas.