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La crisis se come el superávit del Estado
previsto para este año
Los ingresos de las arcas públicas caen por
primera vez desde 1993
L. ABELLÁN - Madrid
El Gobierno se despide este año de uno de los logros económicos
más exhibidos en la pasada legislatura. La Administración
central cerrará el ejercicio sin el superávit que ha atesorado
desde 2005. Los menores ingresos fiscales que se están produciendo
este año debido a la desaceleración económica y a medidas
excepcionales como la devolución de 400 euros a los contribuyentes
de IRPF acabarán con el excedente de las arcas públicas. "Esperamos
cerrar aproximadamente en equilibrio", avanzó ayer el secretario
de Estado de Hacienda, Carlos Ocaña.
El departamento que dirige Pedro Solbes reconoce así, por
primera vez, que la despensa llena a la que aludió el ministro
para defender su gestión y desacreditar al PP puede volver
a quedar vacía como consecuencia del deterioro económico.
Pese a la pérdida del excedente en la Administración central,
el Ejecutivo confía en que el conjunto de las administraciones
públicas (con Seguridad Social, comunidades autónomas y ayuntamientos)
sí alcance el superávit. Probablemente será más leve que el
inicialmente previsto (1,2% del producto interior bruto) porque
el Estado no aportará su parte (se estimaba en cuatro décimas).
Además, es previsible que las comunidades y los ayuntamientos,
para los que se preveía equilibrio, incurran en déficit. El
único elemento que puede salvar las cuentas es la Seguridad
Social, que sigue creciendo aunque con menos fuerza.
De momento, la Administración central aún conserva un saldo
positivo de 8.907 millones de euros, equivalentes al 0,8%
del PIB. Ese dato hasta abril supone recortar a más de la
mitad el contabilizado hace un año, pero aún no ha tocado
suelo. La cifra empeorará conforme avance el ejercicio y el
Estado tenga que hacer frente a más pagos con menos ingresos.
"Este dato no es un buen predictor del cierre del año", advirtió
Ocaña en la presentación de las cuentas.
El elemento más preocupante radica en la evolución de los
ingresos del Estado. Los impuestos que pagan ciudadanos y
empresas han caído por primera vez en 15 años. El descenso
es del 5,2% respecto a los primeros cuatro meses del año anterior,
pero se puede aventurar un horizonte más brumoso si se observa
lo ocurrido en abril. Sólo en ese mes, la recaudación se desplomó
un 20,5% interanual. "Probablemente haya que remontarse a
1993 para encontrar una caída en los ingresos", explicó el
responsable de Hacienda.
En aquel ejercicio, el Estado ingresó un 2,25% menos que el
precedente, pero la economía estaba en recesión. Ahora la
pérdida de ingresos se produce pese a que la economía aún
crece el 2,7%, aunque amenaza con frenar más en seco.
El IVA es el principal responsable de la caída de los ingresos.
Este impuesto, un buen termómetro de la salud de la economía,
retrocede a tasas de dos dígitos, tanto si se toman los cuatro
primeros meses del año (10,2%) como en abril (19,7%). Las
pequeñas y medianas empresas son las primeras víctimas de
la desaceleración económica, pues la menor recaudación de
IVA obedece a este segmento, que conforma el 90% del tejido
productivo en España. Dentro de las pequeñas empresas, las
de la construcción registran los peores resultados, con caídas
superiores al 16%. El declive del ladrillo parece haberse
acentuado en las firmas con menor facturación, mientras las
grandes aún registran un modesto crecimiento del 2% en sus
pagos de IVA.
Además de la crisis de la construcción, el precio del petróleo
también está lastrando la marcha de las empresas y, por tanto,
las cantidades que aportan a las arcas públicas. El encarecimiento
del crudo, argumenta Hacienda, incrementa los costes de las
compañías y emborrona sus cuentas. Igualmente el petróleo,
a 130 dólares el barril de brent, incide en lo que Hacienda
recauda por el impuesto de hidrocarburos. Los precios prohibitivos
de las gasolinas retraen al consumidor, por lo que este tributo
ha caído un 3,1%.
Hay una señal todavía más alarmante de la marcha de las empresas,
aunque el Ejecutivo insiste en que es pronto para sacar conclusiones.
El impuesto de sociedades -el que abonan las compañías por
sus beneficios- cae un 59,5% hasta abril tras haber crecido
a tasas de dos dígitos en los años de bonanza económica.
El Gobierno lo explica por una cuestión de calendario. La
complejidad de la normativa contable para empresas que ha
entrado en vigor este año impulsó a Hacienda a ampliar hasta
los primeros días de mayo el plazo para presentar el primer
pago del impuesto de sociedades. Así, parte de los ingresos
que el año pasado estaban listos en abril se han trasladado
este año a mayo, lo que perjudica las cuentas de 2008. Ocaña
estima que, sin esa novedad, las arcas contarían con unos
5.000 millones de euros más. Aun así, el dato es negativo,
pues supondría el estancamiento del impuesto de sociedades
-uno de los más dinámicos en estos últimos años- respecto
a 2007.
Del alud de datos negativos se salva el impuesto más voluminoso.
El IRPF ha crecido un 9,2%, lo que evidencia que el empleo
aún no acusa, al menos de forma significativa, la crisis.
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