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Las constructoras españolas extreman la
selección de inversiones por la crisis
Las mayores constructoras y concesionarias españolas
de infraestructuras han activado su propio plan de choque
contra la crisis financiera al rebajar notablemente su agresividad
en los concursos internacionales. México es el último escenario
de la creciente cautela entre estas empresas a la hora de
invertir.
Javier F. Magariño - Madrid
Cinco referencias españolas en la construcción de autopistas
manifestaron interés meses atrás por las obras de una ruta
costera de 104 kilómetros entre las localidades mexicanas
de Puerto Escondido y Huatulco, en el Estado de Oaxaca. Compraron
las bases de la licitación, que promueve el Ministerio de
Transportes y Comunicación, y ninguna de ellas ha acabado
presentándose el pasado 30 de septiembre, que es cuando venció
el plazo para realizar ofertas. Son OHL, Acciona, FCC, Isolux
y Azvi, que han dejado al grupo de ofertantes huérfano de
presencia española.
'Las empresas nos hemos hecho mucho más selectivas a la hora
de acudir a proyectos de construcción y concesión que requieran
financiación privada', explican desde una de las compañías
citadas. 'Esto es lo que se llama en el argot financiero flight
to quality vuelo a la calidad', añade otra fuente del sector.
En el caso de esta autopista mexicana, el esfuerzo económico
debía ascender a unos 4.000 millones de pesos (258 millones
de euros) y el interés inicial de 29 competidores se vio reducido
a seis ofertas en firme.
El plan mexicano, en el aire
El de la autopista de Oaxaca no es el único caso de un proceso
de adjudicaciones tocado por la crisis. Distintas fuentes
aseguran que peligra en México el programa Farac III, con
la modernización y concesión de más de 300 kilómetros de carreteras
por 30 años y la construcción de 80 nuevos kilómetros, incluido
en el plan de mejora de infraestructuras del país norteamericano.
La previsión del Gobierno de Felipe Calderón es recibir las
pujas antes del 30 de marzo y elegir al ganador en abril de
2009, pero esa fecha puede aplazarse meses por culpa, según
se apunta desde el sector, de la escasez de capital en los
mercados.
La prensa mexicana ha informado sobre la decisión de ACS de
no participar ni en el citado Farac III ni en el plan anterior.
En fase más avanzada, Farac II incluye 400 kilómetros de obra
que precisan 700 millones de inversión y que se suman a otros
370 kilómetros de carreteras por remodelar. Un paquete por
el que Ferrovial, OHL, FCC y la propia ACS declararon interés
en julio.
En la construcción y posterior concesión de infraestructuras
ha ganado peso la opción de que la Administración entregue
un activo a cambio de una cantidad en función del negocio
esperado durante la vida de la concesión o de que sea la empresa
la que sufrague las obras. Las constructoras suelen acudir
con el respaldo de una o varias entidades financieras. Mientras
ellas aportan entre el 20% y el 30% del capital, el resto
se paga con deuda y es el propio activo el que responde de
los créditos. El problema actual es que el precio del dinero
es bastante más alto que hace un año y que los bancos han
reducido sus partidas para respaldar proyectos de financiación
privada o mixta en infraestructuras.
'A los bancos les sigue atrayendo las autopistas porque se
sienten muy cerca de la generación de caja, si bien es cierto
que ahora se presta el dinero con mucha menos alegría', reconoce
una voz autorizada del entorno financiero.
Los Gobiernos también congelan sus propuestas
A un juego defensivo entre los gigantes que han competido
durante los últimos años por las concesiones de infraestructuras,
se suma el parón en la apertura de procesos de privatización
por parte de los gobiernos. Conclusión: si las constructoras
no quieren engrosar su ya abultada deuda indiscriminadamente,
las Administraciones tampoco están por la labor de vender
a cualquier precio.
El plan de infraestructuras de Turquía, del que debían conocerse
detalles en junio; la privatización del gestor aeroportuario
luso ANA; los planes de carreteras en México; la puesta en
venta del aeropuerto de Praga... Son proyectos que se enfrían
en la nevera a la espera de mejores condiciones de mercado
y a pesar de que sus impulsores tratan de mantenerlos vivos,
como en el caso del aeródromo de Praga, filtrando valoraciones
económicas de tarde en tarde.
A estos ejemplos se suman otros dos que afectan a la española
Abertis. El primero y más reciente es la privatización de
la autopista Pennsylvania Turnpike, proceso en el que se ha
retirado una oferta por 12.801 millones de dólares formulada
en consorcio con Citigroup y La Caixa. El segundo se refiere
a la venta de 18.500 torres de telefonía móvil a cargo de
las operadoras italianas 3G y Wind. Ambas han aparcado su
plan de desinversión a la vista de que las entidades interesadas,
del ámbito de las telecomunicaciones, estaban dispuestas a
abandonar una subasta valorada en unos 2.000 millones.
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