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La banca británica sangra por los depósitos
Escribe Roberto Casado (Londres)
Los ahorradores de Reino Unido buscan refugio a su dinero
y lo encuentran en entidades españolas, irlandesas, la banca
pública... y los supermercados.
La crisis financiera internacional, que ya ha exigido el rescate
de seis entidades británicas, puede tener otro impacto muy
duro para las instituciones de Reino Unido que siguen en pie:
la pérdida de confianza por parte de sus clientes.
En las últimas semanas, miles de ahorradores han sacado el
dinero de sus bancos tradicionales, ante las dudas sobre su
solvencia, en busca de lugares más seguros. Entre los beneficiados
están los bancos irlandeses, después de que el Gobierno de
Dublín haya garantizado todos sus depósitos; el grupo español
Santander, que ha comprado las cuentas corrientes del nacionalizado
Bradford & Bingley; Northern Rock, por su carácter de banco
público; e incluso Tesco, una cadena de supermercados que
se ha lanzado al negocio financiero.
El mantenimiento de esa tendencia sería un drama para los
bancos británicos que siguen en manos privadas, ya que los
depósitos son el maná que les mantiene con vida (junto a las
inyecciones de liquidez del Banco de Inglaterra), al tener
cerradas otras vías de financiación por la crisis de los mercados.
Al cierre de junio de 2008, las entidades de Reino Unido tenían
depósitos por valor de 1,261 billones de libras, con los que
sostienen buena parte de una cartera de préstamos de 1,527
billones de libras. Lloyds TSB, si completa la compra del
atribulado HBOS, sumará el 20% de esos depósitos, por delante
del 10,6% de Royal Bank of Scotland y el 10% de Santander
(tras integrar Alliance & Leicester y Bradford & Bingley).
Lista de víctimas
La pérdida de ahorradores podría provocar que otras entidades
sigan el camino de Northern Rock, Bradford & Bingley, HBOS,
Alliance & Leicester y las pequeñas mutuas de Cheshire y Derbyshire,
que han sido rescatadas en el último año al empezar a perder
depósitos tras quedarse sin posibilidad de financiarse con
inyecciones de capital o emisiones de deuda.
Para evitar nuevas víctimas, el regulador financiero británico
(FSA) intentó cortar la sangría la semana pasada al anunciar
una ampliación de la garantía de los depósitos de 35.000 a
50.000 libras (64.000 euros). Pero el principal problema reside
en la posibilidad de que las empresas y grandes inversores,
con voluminosas cuentas a las que no cubre esa protección,
muevan su dinero (que supone el 40% del total de depósitos).
Entonces, incluso grandes grupos como Royal Bank of Scotland
y Barclays tendrían problemas. El coste para protegerse por
una quiebra de estas entidades se ha triplicado en el mercado
de derivados desde principios de año.
Capital Economics, una consultora con sede en Londres, cree
que no es descartable que el Gobierno de Reino Unido tenga
que poner en marcha un programa de compra de deuda bancaria,
similar al plan estadounidense, para rescatar al sector. Paul
Dales, analista de esa firma, indica que "el sistema financiero
británico está bloqueado", aunque cree que por ahora pueden
bastar las inyecciones de liquidez del Banco de Inglaterra
para mantener vivos a los bancos.
Los problemas de los bancos británicos han dado espacio a
sus rivales para crecer. Entre los principales beneficiarios
está Santander, que tras las compras de Alliance & Leicester
y una parte de Bradford & Bingley ha duplicado el volumen
de depósitos que tenía su filial, Abbey National. Implícitamente,
el Gobierno británico ha dado un voto de confianza a la seguridad
de Santander al traspasarle los depósitos y las sucursales
del nacionalizado Bradford & Bingley por 600 millones de libras.
Pero no todo está hecho. El grupo español ha lanzado una campaña
de publicidad para convencer a los clientes de Bradford de
la seguridad que ofrece el paraguas de la entidad que preside
Emilio Botín. "Tras las turbulencias en los mercados financieros
de las últimas semanas, deben tener confianza en que los ahorros
en Bradford & Bingley están en un banco de confianza", asegura
Antonio Horta-Osorio, consejero delegado de Abbey National,
en una carta enviada a los propietarios de los depósitos adquiridos.
En otro frente, los bancos irlandeses han aprovechado la garantía
de su Gobierno (que se aplica a las sucursales en el extranjero)
para ganar cuota de mercado en Reino Unido. El Gobierno británico
ha protestado ante la actuación de Dublín y pide que las filiales
de los bancos de Reino Unido en Irlanda tengan la misma protección.
Mientras, la Asociación de Banca Británica ha acusado a sus
rivales irlandeses de competencia desleal.
No más clientes
Otro giro sorprendente ha sido el de Northern Rock. El banco,
nacionalizado tras un colapso en el que los clientes corrieron
a sacar sus depósitos, ha decidido cerrar sus puertas a nuevos
clientes. La fuerte demanda hacía peligrar el compromiso de
Northern Rock de no superar una cuota del 1,5% de los depósitos
del país, impuesta por la Comisión Europea para aprobar el
rescate del banco.
Y entre el marasmo, surge un nuevo competidor. Tesco, la mayor
cadena de supermercados, anunció la semana pasada su intención
de lanzarse a fondo al negocio financiero con la apertura
de cuentas corrientes y la concesión de hipotecas. Tesco pagó
950 millones de libras a Royal Bank of Scotland en julio para
comprar el 50% de una sociedad que ofrece algunos productos
(sobre todo tarjetas de crédito y seguros) a los clientes
de los supermercados. Con las manos libres y el 100% de esa
filial, Tesco va a jugar a fondo la carta bancaria, al entender
que su marca puede dar más confianza que la de algunos bancos.
Y como señala un analista, los supermercados tienen lo que
les falta ahora a los bancos: liquidez a raudales.
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