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EE UU alegó "apoyo logístico" para justificar
los vuelos a Guantánamo
Defensa detalla a la Audiencia Nacional 13 escalas
y 13 sobrevuelos de 2002 a 2007
MIGUEL GONZÁLEZ - Madrid
"Suministrar apoyo logístico" fue el motivo alegado por Estados
Unidos para justificar la mayor parte de los vuelos entre
las bases españolas de Torrejón de Ardoz (Madrid), Morón de
la Frontera (Sevilla) y Rota (Cádiz) y el campo de prisioneros
de Guantánamo (Cuba), donde más de 700 sospechosos de terrorismo
han sido retenidos indefinidamente sin acusación ni tutela
judicial tras el 11-S de 2001.
Así figura en la documentación complementaria que el Ministerio
de Defensa ha remitido al juez de la Audiencia Nacional Ismael
Moreno, que investiga el caso de los llamados vuelos de la
CIA. En la misma se reconoce que 13 vuelos con origen o destino
en Guantánamo obtuvieron permiso para hacer escala en España
(uno de ellos no se hizo, pese a estar autorizado) entre los
años 2002 y 2007, y otros 13 sobrevolaron el espacio aéreo
a través de la aeroruta que cruza el estrecho de Gibraltar.
En todos los casos se trató de aviones operados por la Fuerza
Aérea de EE UU y autorizados al amparo del convenio bilateral
vigente, por lo que Defensa considera que no se trata de vuelos
de la CIA, ya que la agencia de espionaje emplea aviones civiles
propiedad de empresas pantalla. Pero lo que investiga el juez
Moreno es si estos aviones militares se utilizaron también
para trasladar a personas que estaban ilegalmente detenidas.
España nunca inspeccionó los aparatos ni preguntó quién viajaba
a bordo, por lo que Defensa se limita a trasladar al juez
la información que le facilitó el Pentágono a través del Comité
Hispano-norteamericano. Según ésta, el propósito de dichos
vuelos fue "suministrar apoyo logístico" en cuatro de los
casos; realizar "un vuelo logístico de transporte de personal
de EE UU", o de "personal del Departamento de Defensa de EE
UU" o de "fuerza y material militar de los EE UU" en otros
cinco; y "apoyo a operaciones" en uno.
Sólo en dos vuelos se reconoce la presencia de un detenido
a bordo y en ambos casos éste no viajaría hacia Guantánamo,
sino que procedería de allí. En concreto, un C-17 trajo el
18 de julio de 2005 a Madrid al marroquí Lahcen Ikassrien,
reclamado por el juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón
por su presunta vinculación con el 11-M. Además, un C-20 aterrizó
el 30 de septiembre de 2005 en Palma de Mallorca tras haber
llevado a El Cairo (Egipto) a un preso sujeto a procedimiento
de extradición cuya identidad no facilita el informe de Defensa.
Este vuelo, del que hasta ahora no había noticia, resulta
curioso pues el aparato empleado, un C-20, es de las mismas
características (12 plazas, 7.800 kilómetros de autonomía)
y fabricante (Gulfstream) que los jets de la CIA. Y también
elige el mismo aeropuerto de escala (Palma de Mallorca), pese
a tratarse de un avión del Ejército del Aire.
No es el único aspecto llamativo de la información facilitada
al juez. Resulta chocante que se programen desde España (a
casi 7.000 kilómetros de distancia) vuelos de apoyo logístico
(es decir, para llevar armamento, munición o pertrechos de
cualquier tipo) a Guantánamo, que está a sólo a unos 800 kilómetros
de las bases de EE UU en Florida. O que se trasladen tropas
desde Manás, junto a Afganistán, a Cuba, lo que supuestamente
se hizo en dos ocasiones.
Tras estallar el escándalo, el Pentágono remitió un escrito
a Defensa en el que aseguraba que todos los aviones que hicieron
escala en bases españolas cumplieron lo previsto en el artículo
25.2 del convenio bilateral. Es decir, que no llevaban "pasajeros
ni carga que pudieran ser controvertidos para España".
En 2007, el Pentágono volvió a pedir permiso para que hicieran
escala en Rota dos aviones con destino a Guantánamo y Defensa
exigió que esas mismas garantías se ofrecieran por escrito
antes de dar la autorización.
Pese a todo, la ONG británica Reprieve sostiene que en el
segundo de los vuelos incluidos en el listado de Defensa,
el C-17 que hizo escala en Rota el 28 de octubre de 2002,
viajaban al menos dos menores de edad, Shams Ullah, afgano,
y Omar Khard, canadiense, que fueron capturados en Afganistán
y recluidos en Guantánamo. Cuando EL PAÍS planteó por vez
primera a un portavoz de la Embajada de EE UU en Madrid la
posibilidad de que estos vuelos hubieran sido utilizados para
el traslado de prisioneros, éste recordó que, desde el punto
de vista de Washington, dichas detenciones no eran ilegales
y que todos los países de la OTAN se comprometieron a ayudar
a EE UU en la lucha contra el terrorismo después de los atentados
del 11-S de 2001.
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