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La ONU equipara Islamabad con Kabul y Mogadiscio
La inseguridad aumenta el clima de aislamiento
en el país
Á. ESPINOSA - Islamabad
Protesta de inversores ante la Bolsa de Islamabad-
AFP
La
caída de la Bolsa de Karachi tras el atentado del hotel Marriott
era previsible. Sin embargo, que la ONU haya puesto a Islamabad
en el mismo nivel de peligrosidad que Kabul o Mogadiscio ha
tocado en lo más profundo la sensibilidad de los paquistaníes.
La decisión, que se traduce en que los funcionarios no pueden
tener consigo a sus familias (algo que también ha decidido
el Gobierno británico para sus diplomáticos), apenas afecta
a un puñado de ellos, pero ha catalizado el creciente clima
de aislamiento entre los paquistaníes. Quienes pueden permitírselo
se plantean un plan B por si la situación empeora.
"Afortunadamente, los chicos están fuera", confía una residente
en Lahore, cuyos dos hijos estudian en el extranjero. Las
élites paquistaníes siempre han tenido un pie fuera del país
y dos pasaportes. Pero tras el atentado del Marriott, aquellos
que aún dudaban han encontrado el argumento final para comprar
un apartamento en Dubai o en Malaisia, y garantizarse así
un permiso de residencia que, si la situación se deteriora,
les evite mendigar los cada día más difíciles visados para
EE UU o la UE. No hay cifras oficiales y de momento tampoco
se trata de una huida en masa, sino más bien de preparar el
terreno por si acaso. Una prueba más de la desconfianza que
genera el país.
"Eso es cosa de los nuevos ricos; las élites tradicionales
nunca se irán", asegura indignado Nusrat Javeed, periodista
de la cadena privada Aaj. Javeed pone de ejemplo a Afsandyar
Wali, el líder del Partido Nacional Awami, cuyo domicilio
en Charsadda fue objeto de un ataque suicida el pasado jueves,
y van tres en menos de un año. "No se irá porque es un pastún
orgulloso de serlo y va a plantar cara", señala Javeed.
Tal vez, pero no todos los paquistaníes son tan valientes
o tan entregados. En realidad, la mayoría ni siquiera puede
plantearse el dilema. Una cuarta parte de sus 172 millones
de habitantes está por debajo de la línea de pobreza; es decir,
vive con menos de un euro al día. Pero incluso la mayoría
de quienes supera ese dato meramente estadístico sobrevive
con dificultad con unos sueldos que pocas veces alcanzan los
100 euros al mes y una inflación del 25%.
De ahí que Javeed se indigne con los nuevos ricos que se han
beneficiado del dinero fácil que ha llegado desde que Pervez
Musharraf se alió con EE UU tras el 11-S. "No saben qué hacer
con el dinero, ni cómo invertirlo, así que es mejor que se
vayan del país porque tampoco están trabajando en su beneficio",
afirma despectivo. El problema es que también se están yendo
los capitales extranjeros.
"Los inversores y los ejecutivos están abandonando el país
tan rápido como les es posible, los diplomáticos extranjeros
y el personal de la ONU están reduciendo su presencia, ciertos
países occidentales han suspendido sus servicios de visados,
alguna compañía aérea extranjera ha cancelado sus vuelos,
y los equipos deportivos se niegan a venir a jugar con nuestros
clubes. ¿No nos hemos convertido ya en un Estado paria?",
se pregunta un editorialista del diario Dawn.
Aún no, pero están haciendo méritos. El secuestro de dos ingenieros
chinos, un diplomático afgano y un ciudadano polaco en las
últimas semanas ha hecho sonar las alarmas entre la comunidad
internacional. "Eso es algo nuevo en Pakistán", comenta un
periodista. Más grave aún, el coche del polaco, cuyos tres
acompañantes paquistaníes fueron asesinados, fue interceptado
en Attock, apenas a medio centenar de kilómetros de Islamabad.
"Nuestro espacio se ha ido reduciendo poco a poco", resume
un profesional británico que está a punto de dejar Pakistán
después de cuatro años. "Éste ya no es un lugar para familias",
señala este hombre casado y con una hija. "Antes viajábamos
mucho y disfrutábamos del país, pero los dos últimos años
casi no hemos salido de Islamabad y ahora nos limitamos a
ir a casas de amigos".
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