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El racismo divide a la derecha italiana
Fini admite el riesgo de xenofobia, pero la
Liga Norte habla de episodios aislados
MIGUEL MORA - Roma
Cerca de 50.000 personas, inmigrantes y ciudadanos italianos,
han salido de la mano este fin de semana a la calle para protestar
contra la xenofobia y el racismo. En Caserta, Roma, Milán,
Parma y Ancona, convocados por pequeños partidos de la izquierda
extraparlamentaria, ha habido gente de todos los colores,
gritos contra la Camorra, apelaciones al Gobierno para que
frene el clima de intolerancia.
Pero la gran novedad de las últimas horas es que la escalada
xenófoba que vive el país empieza a preocupar, también, a
una parte de la derecha. Ha sido Gianfranco Fini, líder de
la posfascista Alianza Nacional y presidente de la Cámara
de Diputados, el primero entre las filas del Pueblo de la
Libertad en reconocer que los recientes ataques a inmigrantes
muestran que Italia vive "un peligro de racismo y xenofobia
que sería equivocado negar".
Según Fini, la política italiana debe tener la "guardia alta"
porque "el tema del racismo marcará nuestro empeño incluso
durante los próximos años". Fini ha lanzado la idea de crear
un Observatorio contra el Racismo en el Parlamento, pero ha
pedido que se miren "con toda cautela" casos como el de la
mujer somalí, casada con un italiano, que el viernes denunció
haber sido desnudada y humillada por varios policías en el
aeropuerto de Ciampino.
La prudencia de Fini contrasta con el estilo impetuoso de
la Liga Norte, sus compañeros de coalición en el Gobierno.
El ministro del Interior, Roberto Maroni, negó ayer que Italia
viva una emergencia racista, y consideró que los episodios
de las últimas semanas son sólo eso, episodios, pero no un
fenómeno generalizado que deba preocupar. "Hay episodios,
que deben ser castigados y lo serán, como hay montajes, por
ejemplo el caso de la mujer somalí, que serán castigados de
la misma forma", dijo Maroni, que anunció que demandará y
pedirá daños y perjuicios a la denunciante somalí. Según el
ministro, "la policía se limitó a aplicar la ley con rigor".
También ha entrado en el debate el presidente del Senado,
Renato Schifani, que en un curioso ejercicio ha acusado al
Partido Demócrata de envenenar el clima político, ha negado
que en Italia haya racismo -"no puede existir, no está en
nuestro ADN"-, y ha reconocido que "una parte maximalista"
del país ha reaccionado "de manera xenófoba" contra sucesos
como el homicidio de la señora Reggiani, que la policía atribuyó
a un rumano gitano. Schifani, en cualquier caso, apela a la
unidad para afrontar el asunto. "Contra la mafia la política
no se dividió; no debe hacerlo tampoco con el racismo".
Antes del cruce de opiniones, el sábado, el presidente, Giorgio
Napolitano, y el papa Benedicto XVI pidieron, durante su encuentro
celebrado en el Quirinal, que la solidaridad y el respeto
a la dignidad humana presidan la relación con los emigrantes.
La ONG EveryOne, mientras tanto, envió ayer a diversas autoridades
españolas y al Parlamento Europeo una petición de protección
humanitaria urgente para varias familias rumanas de etnia
gitana que residen en Pesaro. EveryOne afirma que las autoridades
italianas llevan meses persiguiendo y negando el acceso a
la sanidad y a una vivienda digna a esa pequeña comunidad
en la que varias personas padecen enfermedades graves.
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