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AGENDA DE PRENSA
- 6 de octubre de 2008 |
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PÚBLICO
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No mires hacia abajo
Ignacio Escolar
La física de los dibujos animados tiene dos leyes sagradas:
el Correcaminos siempre gana y el Coyote es capaz de flotar
en el aire por tiempo indefinido, de anular la ley de la gravedad,
siempre y cuando no sea consciente de ello. El magnetismo terrestre
no vuelve a funcionar hasta que el pobre Coyote mira hacia abajo
y ve el precipicio. Mientras no tenga miedo, mientras viva en
la ignorancia de su comprometida situación, podrá seguir en
el aire como si nada. Lo mismo le pasa a la economía.
"Lo estúpido no fue prestar dinero a gente que no lo podía pagar
sino preguntar cuánto valían de verdad esas casas hipotecadas.
Si no llega a ser por esa estupidez, todo habría seguido en
marcha sin problemas", dice irónicamente un dúo de humoristas
británicos en un vídeo, que circula por Internet, donde se explica
de forma tan rigurosa como divertida la crisis de las subprime.
El mercado financiero flotaba en el aire, como el Coyote, como
el ladrillo de la burbuja inmobiliaria. La confianza, aunque
esté cimentada en la ignorancia, es una de las fuerzas más poderosas
de todas las que impulsan la economía.
Pero la confianza también es fundamental incluso cuando se tienen
los pies en el suelo. Ningún banco, ni siquiera el más boyante,
sobreviviría si todos los ahorradores perdiesen la fe y pretendiesen
sacar su dinero al mismo tiempo. Hace ya décadas que la banca
no guarda sus depósitos bajo llave en el sótano y el sistema
se basa en la estadística, en normativas legales más o menos
laxas según el país y, sobre todo, en la confianza. No se alarmen,
que si miran hacia abajo nos caemos, pero el Fondo de Garantía
de Depósitos del que tanto se habla en estos días suma en España
la increíble cantidad de 6.500 millones de euros: el 0,016%
de todo el dinero depositado en las cuentas corrientes españolas.
Por suerte, la estabilidad de la banca no depende sólo de este
fondo. También hay más de 30.000 millones en provisiones para
aguantar el chaparrón.
Confianza, pero también estadística aplicada. El Fondo de Garantía
de Depósitos no puede alcanzar el cien por cien de todas las
cuentas, pues, si los bancos no pudiesen tocar el dinero que
guardan, la economía se congelaría. Los 6.500 millones tampoco
llegan, ni de lejos, para cubrir los 20.000 euros por titular
de cada cuenta a los que obliga la ley en caso de que todos
los bancos se hundan al mismo tiempo, pero la estadística dicta
que eso no pasa. En caso de que un banco quiebre -uno, y no
todos a la vez-, el fondo sí basta para reflotarlo y así evitar
que los ahorradores pierdan su dinero. Eso es, por ejemplo,
lo que se hizo hace unos años con Banesto. En España, la estadística
es favorable: nunca en la historia moderna un ahorrador ha perdido
el dinero de su cuenta corriente por una bancarrota. Y no es
que no hayamos tenido ocasiones. Una de las crisis bancarias
más graves de la historia fue aquí, en España, a finales de
los 70, y ni siquiera entonces se volatilizó una sola peseta
de las cuentas corrientes. De aquel crash sí quedaron regulaciones
bancarias más exigentes que en el resto de Europa y también
un Banco de España con experiencia en pastorear a las cajas
y bancos más débiles con una política de fusiones que ha evitado
más sobresaltos.
En el Gobierno aseguran estar tranquilos: "Para lo que ha caído,
los bancos españoles están bastante bien". El lunes pasado,
el gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez,
se reunió con José Luis Rodríguez Zapatero y le garantizó que,
a día de hoy, la banca española no afronta ningún colapso a
la vista y aguanta bastante bien el terremoto internacional.
Tal vez, si la cosa empeora mucho más, alguna entidad bancaria
pueda sufrir. Pero el Gobierno tiene claro que, llegado ese
caso, saldría al rescate. Zapatero, que ya defendió públicamente
durante su visita a la ONU el polémico plan Bush, hace una distinción
entre dinero público para salvar una empresa, como la inmobiliaria
Martinsa, y dinero público para salvar un banco. Para el presidente
del Gobierno, salvar a un banco es otra cosa, pues lo que está
en juego son los ahorros de los ciudadanos.
Zapatero esta semana quiere recuperar la iniciativa económica
con tres reuniones extraordinarias en La Moncloa. Una, la ya
sabida con Rajoy. Otra, con los empresarios y los sindicatos
para hablar de empleo, aunque en el Gobierno creen que flexibilizar
aún más el despido no sirve de nada en la actual coyuntura.
Y una tercera reunión, tal vez la más importante de todas, con
los banqueros y presidentes de las principales cajas. El orden
no tiene por qué ser este, aunque las tres están previstas para
esta semana, cada una en un día distinto.
La posibilidad de esta cita con los banqueros llevaba tiempo
en estudio. El objetivo es que los bancos abran de nuevo el
grifo del crédito a las ahogadas empresas, especialmente a las
Pymes. La confianza no sólo es fundamental en los que ahorran,
también en los que prestan. Y la gran banca española, que tiene
músculo como para comprar gangas en otros países, puede ayudar
a que la crisis sea más llevadera si existe un gran pacto entre
todo el sector del que la banca también saldría beneficiada,
aunque aumentase la morosidad. Para que este acuerdo sea posible,
es muy importante el apoyo del PP, que controla la segunda mayor
caja, Caja Madrid, y tiene una gran influencia en el BBVA. Aunque
no pacten los presupuestos, Zapatero y Rajoy tienen temas de
sobra de los que hablar.
En Europa también es una cuestión de confianza. Y la cosa se
complica cuando los socios de la UE comienzan a competir entre
ellos por la confianza de los ahorradores. Es difícil mantener
la fe en el sistema bancario cuando los gobiernos no paran de
repetir lo bien que va todo al tiempo que se lían a codazos
para ver quién coge sitio en el bote salvavidas. La decisión
de Irlanda, que anunció esta semana su compromiso unilateral
de garantizar la totalidad de los depósitos de sus bancos, no
deja de ser, en el mejor de los casos, un brindis al sol bastante
arriesgado. El Gobierno irlandés no tiene tanto dinero: si esos
bancos quiebran, la siguiente bancarrota sería la del propio
Estado. La medida es también bastante cuestionable desde el
punto de vista moral, pues libera a los bancos de parte de su
responsabilidad, lo que les puede llevar a asumir mayores riesgos:
si la cosa va mal, pagan los contribuyentes. Es lo que tiene
el liberalismo asimétrico, el comunismo de empresa, donde las
pérdidas están nacionalizadas pero los beneficios siguen siendo
privados.
Mientras tanto, Sarkozy ha asaltado la escena. No sólo es ese
ego inversamente proporcional a su estatura, sino también un
intento de contrarrestar, con malabares, sus problemas de imagen
en una Francia que este viernes entró técnicamente en recesión.
Entre los gobiernos de los países de la UE ha sentado fatal
que desvelase parte de los planes europeos contra la crisis
cuando aún no estaban pactados y se estaban negociando. Avisar,
antes de que salga del horno, de que se está cocinando un fondo
europeo de 300.000 millones de euros para ayudar a los bancos
con problemas no es precisamente el mensaje más tranquilizador.
Si preparan más vendas, es que hay más heridos. Para mayor enfado,
la cacareada propuesta ni siquiera era suya, sino de Holanda,
un país con un gobierno bastante más discreto.
Mañana y pasado, en la cumbre del Ecofin -la reunión mensual
de los ministros de Economía europeos- se debatirá a fondo sobre
este tema. Si la desunión política habitual no lo impide, habrá
novedades, tal vez la aprobación con matices del plan que intentó
apropiarse Sarkozy. También se hablará de la supervisión de
los bancos, donde hay dos posturas. Francia quiere que esté
sólo en manos de los países de origen de cada uno de ellos.
Es decir, que al Santander lo controle sólo España y a BNP sólo
Francia. Mientras que la propuesta que respalda España es que
los controles estén en ambos lados, como sucede ahora, y se
agilicen los protocolos por el método más sencillo: unificándolos.
El Ecofin también intentará pactar un funcionamiento común para
los fondos de garantía de depósitos. En España, el dinero de
ese fondo, que aportan todos los bancos, se guarda y no se toca.
Pero en Holanda, por ejemplo, el dinero lo comprometen los demás
bancos: están obligados por ley, pero el fondo no está disponible
de verdad hasta que se necesita.
La semana girará otra vez alrededor de la economía, un mundo
donde la percepción de lo que sucede es tan trascendente como
los hechos en sí. Las reuniones en La Moncloa o en Luxemburgo
serán tan importantes por lo que se diga dentro como por lo
que expliquen fuera los que en ellas participen. La clave, en
cualquier caso, es no mirar hacia abajo.
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