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El ocaso del ´dealer´ español
Los directivos nacionales de la banca extranjera inician
una diáspora en Madrid y Barcelona
La belleza rotunda de la antigua Bolsa Mercantil de Chicago,
levantada en 1894 por el arquitecto Louis Sullivan,debería
incapacitar a esta imponente sede como epicentro de la catástrofe.
Y, sin embargo, es el origen de todos los males, porque los
activos transgénicos, que han intoxicado el sistema, tienen
su germen en los derivados del Chicago Board. Puede decirse
que la ingeniería financiera, nacida bajo capiteles barrocos
y arcos neorrománicos, ha estado sombreada por las dos escuelas
de Chicago: la de los arquitectos-ingenieros, comoRichardson,Adler
o Le Baron Jenney,autores del entorno urbano de la cabecera
de Illinois, y la de los monetaristas liberales, Milton Friedman
o Georges Stigler,que fueron sus mentores intelectuales.
Chicago ha sido una espoleta para la bomba de Wall Street
y su onda expansiva se ha llevado por delante a Goldman Sachs,
Lehman Brothers, Merrill Lynch o Bear Stearns, entidades,
todas ellas, de pasado granítico.
En España, el tsunami de los bancos de inversión ha alcanzado
a sus filiales gestionadas por profesionales de prestigio,
como el ex secretario de Estado de Economía, Luis de Guindos,que
hasta hace poco era el presidente de Lehman en la Península,
una firma exitosa que alcanzó un beneficio de 170 millones
de dólares en el año 2007.
Mientras este banco pasa a manos de Price Waterhouse Coopers
en tanto que administrador judicial de la firma, Guindos y
su equipo se han refugiado en Nomura Securities. Otros se
quedan por el camino y alimentan el mercado del outplacement,en
beneficio de los cazatalentos; y otros se ahorran el susto,
como Juan Gandarias y Javier Urruti,porque vendieron Morgan
Stanley a La Caixa, en diciembre del 2007, meses antes de
la debacle. El desplome de Lehman tiene también su cuota catalana,
ya que entre sus asesores se encuentra Manuel Garí,vástago
de una estirpe de financieros e industriales en la que destacaron
su padre Garí de Arana, consejero regional del Central-Hispano
en la época de Alfonso Escámez y su abuelo José (Pepe)Garí
(antiguo presidente de la desaparecida Banca Arnús Garí),
exponente de la endogamia barcelonesa en la generación del
medio siglo.
De la elegante sede española de Lehman, en la plaza de la
Lealtad de Madrid a pocos metros del Ritz y frente al edificio
de la bolsa, ha salido una pequeña diáspora a la que se van
sumando ejecutivos de algunos despachos del paseo de Gràcia
de Barcelona, donde se acomodan sin demasiadas alharacas las
estilosas periferias de la inversión española, vinculadas
a los fondos soberanos y a las llamadas operaciones long bridge.
Con los Fortis, Sumitomo, Barclays o Société Générale, nuestro
elegante Mein Street compagina su función comercial con un
centro financiero de bolsillo,en el que la calidad le ha ganado
siempre la partida a la cantidad.
En esta crisis, a los directivos americanos les preocupa básicamente
salvar su sillón y, cuando finalmente pierden el puesto, abren
a tiempo su paracaídas dorado (altas indemnizaciones). A medida
que avanzan los días, el estallido financiero deja al descubierto
prácticas que recuerdan tristemente las épocas de los bonos
basura de Boesky y Milken;en los últimos años, la espuma de
los activos tóxicos se manifestaba en la terminología lúdica
de los brókers más temerarios, que abundan en el uso de expresiones
en clave como los "caballos blancos" (compradores incautos);
las "píldoras venenosas" (titulizaciones poco fiables pero
bien calificadas por las agencias de rating);las defensas
"pacman" (contraoferta al depredador); el "peloteo del concepto"
(tratos con otros bancos de inversión); los "trucos con el
sombrero" (ofertas a la baja) y sobre todo el escandaloso
"jomrón", extraído de la terminología del béisbol, que en
plena burbuja señalaba la colocación exitosa de un paquete
de nula fiabilidad.
Ahora, la eterna bonanza se ha esfumado. Pero no hace tanto
tiempo que en las familias españolas de tradición empresarial
se celebraba, con orgullo y sin ruido, el fichaje de alguno
de sus miembros por los bancos anglosajones con pedigrí.
Los dir e c t i v o s domésticos de los b a n c o s afectados
pagan un happening en el que no han tenido arte ni parte.
Nadie dudará de su solvencia profesional ni de su honradez,
pero lo cierto es que afrontan un desierto de arenas movedizas
marcado por la desconfianza de los inversores.
Ejecutivos como Juan Carlos Garay,que dejó hace un tiempo
la presidencia de la entidad en manos de Antonio Rodríguez
Pina, es uno de los veteranos de la banca internacional instalada
en España y ha dejado tras de sí una innegable estela de rigor
profesional después de casi 20 años en el cargo. Garay y Ramiro
Mato, el presidente del BNP Paribas, superarían con nota el
listón de la ética calvinista, que aportó Max Weber al análisis
del sistema. En otras entidades, como el Citibank gestionado
durante años por la batuta de Alberto Núñez Salaberri, los
cambios organizativos no pueden esconder el clima de incertidumbre,
aunque es cierto que responden a un criterio de prudencia.
En el banco americano, que ha fagocitado a Wachovia con el
respaldo de los organismos reguladores, Sergio de Horna ha
sido ratificado como presidente en España y ha dejado su anterior
puesto ejecutivo, de Citi Country Officer, en manos de Manuel
Falcó.Por su parte, Diego Miranda pasa a ocuparse de las operaciones
de capital riesgo y su antecesor, José Néstola, abandona la
entidad.
Fortis, que se ha salvado de la quiebra gracias a la intervención
coordinada de los gobiernos de Holanda, Bélgica y Luxemburgo
y a la desinversión de ABN Amcor (adquirida hace apenas un
año), mandató a Robert van Kerkhoff en el cargo de director
de operaciones, mientras que Jaime Rumeu de Armas desempeña
la responsabilidad de banca de empresas.
Mala señal cuando la certidumbre de unos se convierte en la
especulación de otros. "Nadie pudo predecir qué nuevos métodos
de creación de crédito se iban inventando y qué nuevas formas
de liquidez se descubrían", escribe Georges Soros en su reciente
libro El nuevo paradigma de los mercados financieros.
En el reflujo de la etapa expansiva se escondía la restricción
actual del crédito, la otra cara de la moneda. Pero, aunque
no hay dinero
para todos, sí lo hay para algunos privilegiados dispuestos
a imponer su jerarquía, especialmente ahora, cuando el peso
de la deuda contraída por las grandes compañías en los años
de vacas gordas empieza a provocar una ola de desinversiones.
En España, Sacyr vende Itínere, Valoriza y el 20% de Repsol;
ACS se desprende de Urbaser, Dragados y Clece, mientras que
Ebro Puleva anuncia la venta de Azucarera, por citar sólo
algunas de las operaciones en curso, que podrían totalizar
entre 15.000 y 20.000 millones de euros.
En medio de este aluvión, ACS ha encargado sus ventas a Mediobanca,
la firma financiera de matriz italiana presidida por Borja
Prado Eulate, un hombre de confianza de Florentino Pérez y
de la familia Entrecanales (Acciona). Prado Eulate, hijo del
financiero y diplomático Manuel de Prado y Colón de Carvajal
(condenado por la Audiencia Nacional en el caso KIO), es consejero
de Telecinco y de Endesa y desempeñó también la vicepresidencia
del Lazard, cuyo primer ejecutivo es Pedro Pasquín,otro clásico
en la esgrima de la inversión y las emisiones de papel. Lazard
es banco de patrimonios que fichó al ex vicepresidente del
Gobierno y director del FMI, Rodrigo Rato.
Borja Prado,a quien se reconoce como miembro del círculo de
amistades del príncipe Felipe de Borbón, pertenece al patronato
de la Fundación Real Madrid y, además de sus actividades en
el campo financiero, despunta en sectores tan singulares como
el naviero y las ganaderías taurinas (Torrealta). Entró como
independiente en el consejo de Endesa de la mano de Fernando
Ornellas,consejero delegado del Grupo Berg´e y partenaire
de Isofon, una sociedad que concentra el core business de
Acciona en el negocio de las energías renovables.
Borja Prado fue el dealer de la lacerante penetración del
binomio Enel-Acciona en el bastión del negocio eléctrico español
(Endesa). Su relación con José Manuel Entrecanales viene de
lejos, igual que la amistad de ambos con Jaime Castellanos
(presidente no ejecutivo de Lazard, ex editor de Recoletos
y colocador del grupo editorial). Estos cruces de afectividad
y negocio, en los que Prado ocupa el centro equidistante,
se han ido cociendo a fuego lento en los greens del club Puerta
de Hierro de Madrid o en los veraneos de Sotogrande; además,
a estas redes hiperactivas, Prado añade sus inmejorables conexiones
con el mundo de
Neguri, un caldo de cultivo especialmente generoso con las
operaciones sistémicas a las que propenden los gentilicios
vascos del hierro y las finanzas (los Ybarra,
Zubiría, Ampuero, Aguirre,
Alonso-Allende, Urrutia, Echevarría o Bergareche).
Entre septiembre del 2007 y octubre del 2008 se ha ido fraguando
lo que los expertos llaman hoy la "tormenta perfecta", fruto
de una conjunción de factores entre los que destacan la globalización
el exceso de liquidez y la sofisticación de los activos financieros.
A criterio de algunos analistas, el mejor ejemplo de esta
sofisticación han sido las operaciones de "mejora del riesgo"
realizadas por agencias especializadas en incrementar las
calificaciones de deudas sindicadas o de apalancamientos de
gran magnitud. Su negocio consistía en subir nominalmente
el interés de deudas inicialmente poco apetecibles. Cuando
un banco de negocios no conseguía colocar entre sus clientes
cesiones o participaciones de un crédito, aparecían agencias
como NBIA, especializada en mejorar riesgos de administraciones
públicas y de Gobiernos de todo el mundo.
Los bancos americanos conocen muy bien estas prácticas, ventajosas
sobre el papel pero casi siempre opacas y en el filo de la
heterodoxia. Los ejecutivos españoles de Morgan Stanley, que
han trabajado durante años en el equipo del prestigioso Luis
Isasi,(con antecedentes familiares en el sector azucarero
y presencia en los foros civiles de la capital), hablan de
la ley del péndulo para definir la perplejidad de cualquier
experto ante un cliente que quiere mejorar su riesgo.
En España, los bancos de inversión abanderados por la marca
Wall Street cuentan con un sesgo ideológico pepero y proyectan
involuntariamente un estatus de frágil linaje. Goldman Sachs
España, por ejemplo, está marcado por la línea de su primer
ejecutivo, Juan del Rivero,mientras que la banca suiza VS,
esta siendo pilotada por Francisco Sánchez Asiaín,hijo del
catedrático de Política Económica José Ángel Sánchez Asiaín,
que fue presidente del antiguo Banco de Bilbao hasta el momento
de su fusión con el Vizcaya de Pedro de Toledo.Aquella histórica
fusión, producida entre 1988 y 1989 y conocida como los "cien
días que estremecieron Euskadi", estuvo marcada por el overbooking
en las altas instancias del banco resultante y asimismo por
el anacrónico carácter levantisco de la política vasca.
Hoy, sobre el escenario después de la batalla, los bancos
quebrados saben que el sistema se reinventa en cada crisis.
Las causas, sin embargo, se mantienen sumergidas durante años,
como si la expiación de los codiciosos fuese una cuestión
de tiempo. Todos coinciden en los diagnósticos de la historia.
La turbulencia de 1929 provino de la liquidación de las cuentas
a la vista; y, el hundimiento del Dow Jones en octubre de
1987, un alud de ventas invadió la informática. Pero, esta
vez, nadie contaba con la proliferación de sintéticos: la
desconfianza ha mellado el corazón del sistema.
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