| |
AGENDA DE PRENSA
- 6 de octubre de 2008 |
| |
|
LA
VANGUARDIA |
Aborto y políticas públicas
Josep Miró i Ardèvol
Lo que pretende el Gobierno de Rodríguez Zapatero con una nueva
legislación sobre el aborto es conceder una ley de punto final
al lobby de las empresas abortistas, provocando al tiempo una
polémica que nos distraiga de la recesión económica. Para quienes
como el doctor Morín están procesados, o pueden estarlo por
delitos de aborto y asociación ilegal, la nueva ley puede ser
una tabla de salvación. Pero este no sería un enfoque legítimo,
moral y eficaz, por una razón: el aborto es un daño. Nadie defiende
que sea un bien.
Lo es para el que ha de nacer porque se le impide el máximo
bien humano, la vida. Daño para la mujer, físico (por ejemplo,
las autoridades sanitarias francesas han alertado a las mujeres
que abortaron en las clínicas de Morín para que se hagan una
prueba del virus del sida), y especialmente para su salud psíquica.
Daño también para la sociedad; en su concepción moral sobre
la vida, evidentemente, pero además económico y social. Cada
aborto significa una pérdida de 440.000 euros en euros contantes
del 2002. Esta cifra corresponde a lo que habría aportado de
media el ser humano abortado durante su vida activa. Lo perdemos
en términos de riqueza del país, de ingresos del Estado y de
la Seguridad Social. La falta de control de las clínicas - las
de Morín estuvieron una década sin una sola inspección de la
Generalitat- ha creado una economía desregulada de empresas
abortistas que facilita el fraude masivo de ley y aumenta el
riesgo para la mujer.
Una nueva legislación debe poner fin, asimismo, al absurdo de
que las ayudas públicas estén dirigidas a abortar, y a diferencia
de Europa, no exista nada que incentive a la madre a tener el
hijo.
Y sobre todo, dado que el aborto es un daño, lo primero que
debe plantear una nueva legislación es cómo reducirlo, limitarlo
y desincentivarlo. Este es el fin de toda política ante los
fenómenos sociales dañinos: la aplicación de leyes restrictivas,
como con el tabaco y los accidentes de tráfico. Una ley permisiva
trivializa el daño, la restricción señala su gravedad y trascendencia.
También se aplican campañas informativas dirigidas a mostrar
el mal y sus consecuencias. Esta es la metodología de las políticas
públicas por extendido que esté el fenómeno. ¿Por qué el aborto
debería ser una excepción?
josepmiro@ e-cristians. net
|
|
|