AGENDA DE PRENSA - 6 de octubre de 2008
 
  LA VANGUARDIA

LA CARRERA HACIA LA CASA BLANCA
Presidentes recesivos

Juan M. Hernández Puértolas

Cuando George Bush padre abandonó la presidencia, en enero de 1993, la recuperación económica ya asomaba su sonrosada cabeza. Bush ha declarado en numerosas ocasiones que perdió las elecciones de 1992 ante Bill Clinton porque el presidente de la Reserva Federal, el sempiterno Alan Greenspan, no redujo los tipos de interés con la diligencia debida. Es posible que algo influyera ese hecho en su derrota, pero, con la ventaja de la perspectiva, parece evidente que la ruptura de su promesa de no subir los impuestos y, sobre todo, la candidatura del empresario Ross Perot (21% en Misuri, 13% en Georgia, 11% en Ohio, en los que ganó Clinton), fueron harto más decisivas. En todo caso, es muy posible que, a poco que la economía hubiera acompañado, Bush padre, al fin y al cabo héroe de la guerra del Golfo, hubiera obtenido la reelección.

Su hijo, en cambio, dejará a la aún primera potencia económica del mundo hecha un erial. Aunque en el segundo trimestre del año el producto interior bruto (PIB) norteamericano observó un crecimiento sorprendentemente robusto, el Fondo Monetario Internacional acaba de augurar para Estados Unidos una recesión "larga y profunda", a lo que hay que añadir un déficit público desbocado - aún antes del plan de rescate-, un endeudamiento pavoroso y un sistema financiero hecho trizas. No está mal para el primer presidente de la historia de Estados Unidos con un máster en Dirección de Empresas (MBA), nada menos que por Harvard, promoción del año 1975.

Obviamente, no toda la culpa es del inquilino de la Casa Blanca, pero tampoco es ilógico que, en tiempos de vacas flacas, allí y en cualquier país del mundo, el pueblo arremeta contra sus dirigentes y los partidos a los que pertenecen, con independencia de su signo. Un caso típico es el de Michigan, centro tradicional de la industria automovilística norteamericana. Con algo más de 10 millones de habitantes, ha perdido 275.000 puestos de trabajo en la industria desde el 2000, y la gente culpa tanto al Gobierno federal, republicano, como al Gobierno estatal, demócrata.

¿Contagiará la quiebra de Wall Street a la economía real de forma demoledora y duradera? No pasó en 1987, con ocasión del gran crac bursátil de octubre de aquel año - octubre, siempre octubre-, ni tampoco en el 2000, cuando estalló la burbuja tecnológica, pero ahora las cosas son distintas y es altamente probable que el primer ejercicio del nuevo presidente esté dominado por la recesión. Luego, a partir del 2010, quién sabe.

En todo caso, McCain lo tiene un poco mejor, porque, si es elegido presidente, deberá negociar forzosamente un plan de medidas económicas con un Congreso dominado por la oposición (nadie duda de que el Partido Demócrata saldrá victorioso de las legislativas que también se celebran el 4 de noviembre). En caso de victoria de Obama, en cambio, toda la responsabilidad será del partido del burrito.

La política es muy dura con los perdedores y casi nadie se acuerda de qué se hizo de John Kerry, que opta actualmente a su quinto mandato como senador por Massachusetts. Allí coincidirá con el candidato perdedor del próximo 4 de noviembre, al que, en un momento de confianza, no sería extraño que musitara: "Consuélate, John (o Barack). No somos presidentes, pero probablemente nos hemos librado de dirigir el país durante la peor recesión en la historia de Estados Unidos desde el crac del 29...".